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El apunte

Videntes y currantes, por Carme Barceló

Rodri celebra el Mundial conquistado con España.

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Carme Barceló

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Jubilados Aramís Fuster y Rappel (con mención especial al fallecido Octavio Aceves por su aportación a la causa), la videncia ha quedado en manos y patas de aprendices y animales diversos. Esto ya no es lo que era y la bola de cristal ha dejado paso a una realidad tozuda en la que encomendarse a la suerte y a los astros ha pasado a mejor vida. Lo pensaba sumando kilómetros en un tren de alta/media velocidad escuchando una conversación sobre la suerte y la cábala. “A eso se agarra el que no curra”, aseveraba un veterano del que después supe que era un pescador jubilado de Barbate que viajaba a Tarragona para reunirse con sus nietos. Les llevaba dos camisetas de La Roja como reconocimiento a sus buenas notas y les reconocía el estudio, la dedicación y el esfuerzo, “porque ya sabes que al niño le cuesta, pero le ayudan en casa y también los amigos”. Ese es el concepto: el trabajo que supone llegar sin ser un elegido y el apoyarte -y que te apoye- el colectivo cuando te cuesta alcanzar el objetivo, por modesto que sea.

La selección de Luis de la Fuente, absolutamente merecedora de su segunda estrella mundial, ha proyectado varias cosas que merecen ser tenidas en cuenta. De entrada, le ha dado la razón al ‘vidente’ Pep Guardiola sobre el papel de Rodri en esta competición. Aseguró que íbamos a ver su mejor versión en este Mundial y así ha sido. Fino de cuerpo y astuto de mente, el centrocampista fue de menos a más firmando una actuación individual de las que hacen historia. En paralelo corrían los que se agarraban a su suerte, llamada Messi, y dejaban ver las costuras de sus carencias. A sus 39 años, el mejor jugador de la historia del fútbol volvía a ser el asa de los suyos, el que se quema las pestañas salvando algún trozo de carne del asado y el que va a resolver cuando los suyos no dan para más. Ante la selección española no le alcanzó.

Cuando ya se habla de merecimientos sobre el ganador de otro negocio, el del Balón de Oro, a Leo le dan cancha por aquello de ese último baile que merece ser reivindicado. No estoy de acuerdo. Él no es un jubilado que decidió arriesgar abrazándose a los suyos. Él es un futbolista extraordinario que dio valor a un torneo de currantes.

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