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Opinión | GOLPE FRANCO

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

No me toques otra vez, que me llamo Messi

Messi felicita a Ferran Torres.

Messi felicita a Ferran Torres. / JUAN MABROMATA / AFP

Empezaron queriéndose. Cuando Messi iba a salir a la cancha se encontró con su historia, el Barcelona, abrazó a algunos de los futbolistas que simbolizan ahora a la selección española, y revalidó lo que lleva diciendo estos días: que ama al Barça. No es cualquier cosa al empezar un partido de fútbol, en Nueva York y, por tanto, fuera del mundo, donde jugar al fútbol ahora ya es otra cosa de lo que fue este país de rugby.

Ese aire de respeto que influyó en los primeros minutos del partido se reprodujeron otra vez con Messi. Oyarzabal tuvo la ocurrencia de ponerlo en vilo ante la portería argentina. La manera como lo miró el más importante de los futbolistas del mundo fue como las miradas de Messi: no me toques otra vez, que me llamo Messi.

La primera parte fue española, porque Argentina se quedó a medias cada vez que Messi rompió el camino del peligro. Y no fueron tantas, hasta que en la prórroga se dedicó a enseñar a jugar a los que lo pronto lo heredarán.

Argentina es más que un club, naturalmente, igual que España es un club en el que también están varios futbolistas del Barcelona. En el caso argentino era obvio que había un futbolista solo, y luego algunos más. Puede decirse, sin llegar a la hipérbole, que los dos equipos tenían sendos representantes del espíritu de Messi. Uno ya está dicho muchas veces, Messi, y el otro es Lamine Yamal. Cuando esté entró en la cancha habría millones de personas que ya vieron cómo Messi acunaba a ese niño cuando él era del Barça y Lamine estaba a punto de nacer.

Fue Messi el que lo acunó, y ahora el muchacho que acaba de cumplir los 19 años es el que aspira, otra vez, a ser ungido por aquel muchacho que llegó a ser mejor que Cruiff y que Kubala…

El partido fue una verdadera agonía en la que dos equipos de la misma estirpe y de igual idioma se encontraren en áreas distintas. Los argentinos, sabían que delante tenían a un equipo que ya se las sabe todas, pero que ellos saben más de lo que se puede conseguir haciendo de su capa un sayo. Lo siguieron, durante todo el partido, hasta el último suspiro.

La segunda parte fue igual que la primera. Excepto que en esta última Argentina jugó con un jugador renovado, que fue Messi, y con un jugador de menos, del que no se puede decir nada sino que fue, desde el principio, el que hizo que el fútbol fuera peor que cuando entró Messi en el calendario.

Fue un partido difícil de calificar sobre todo si se tiene en cuenta que será seguramente el preludio de la despedida del futbolista que ayer se despidió del campo con la nostalgia de un muchacho. Messi fue un héroe siempre; está vez también, y tuvo además la oportunidad de decirle adiós a un equipo que también es un espejo del Barcelona, el equipo que ama.

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