La jornada de reposo de la ronda francesa
Rafael Díaz, la única persona que lleva 50 años fotografiando al Tour
El jueves, a los 85 años, viaja con su hijo Ignacio desde Barcelona a los Alpes, a una carrera que visitó por primera vez en 1974. Es la cita inagotable y llena de pasión de todos los meses de julio desde los tiempos de Eddy Merckx.
El Tour entra en la tercera semana de competición.

Rafael Díaz, el año pasado, fotografiado por su hijo en el Tour. / IGNACIO DÍAZ

Rafael Díaz y su hijo Ignacio ya tienen las maletas listas y la reserva de apartamento en Alpe d’Huez impresa por si algún gendarme se pone el jueves tontorrón. Cierran la subida a eso de las 10 de la noche (el viernes se afronta el primer paso por la cumbre) y siempre hay que ir bien preparado por si acaso.
Experiencia tiene de sobras para enfrentarse a todos los obstáculos de la Grande Boucle pues lleva viniendo al Tour desde 1974, con alguna ausencia por razones familiares o profesionales antes de jubilarse. En 1978 comenzó a fotografiar a los campeones. Es el fotógrafo aficionado más veterano de la carrera. A los 85 años viaja esta semana a los Alpes con la sensación, entre la emoción y los nervios, de que igual es la última vez. Seguro que se trata de un error porque, aunque las piernas cada vez se ponen más pesadas, el año que viene volverá y estará con su cámara por la ruta de la carrera.

Induráin, captado por la cámara de Rafael Díaz, el 24 de julio de 1992, en la contrarreloj entre Tours y Blois. / RAFAEL DÍAZ
Cuenta que tiene un archivo, entre papel, diapositivas y discos duros de más de 25.000 instantáneas del Tour, ha ganado premios como fotógrafo aficionado y pasó sin traumas de la cámara analógica a la digital. “Antes era más trabajo del fotógrafo en acertar el plano que del informático que busca el ingenio y hasta es capaz de poner una bici donde no la hay”, explica por teléfono desde su casa en Sant Andreu de Llavaneres. Ignacio, el hijo, se siente orgulloso del padre. Ambos comparten una pasión al ciclismo, que va mucho más lejos de la ronda francesa.
"Del Tour te enamoras"
“Del Tour te enamoras, porque te apasiona, te cautiva. No sólo es ver pasar a los ciclistas, sino estar con los otros aficionados, hablar y entablar amistad con ellos, empujar al ciclista que lo necesita y disfrutar, si te sitúas en los dos últimos kilómetros de la subida final da casi para una hora de espectáculo entre que pasa el primero y llega el último”.
Se fue al Tour de 1974 con un par de amigos. Nació en Oviedo, pero se pasó muchos años en San Sebastián, antes de establecerse en Barcelona, siempre como director de oficina del Banco Herrero, adquirido hace unos años por el Sabadell. Rafael se jubiló en 2002 y siguió viajando al Tour, con más tranquilidad. Hace tres años se quedó viudo; toda una vida, todo recuerdos, más allá de los propios de la ronda francesa.

Pedro Delgado sigue a Steven Rooks, en la curva cuatro de Alpe d'Huez (Tour de 1988). / RAFAEL DÍAZ
Por su cámara han desfilado Hinault, Zoetemelk, Fignon, Lemond, Roche, Delgado, Induráin, Riis, Pantani (Armstrong, también), Pereiro, Contador, Sastre, Schleck, Evans, Wiggins, Froome, Nibali, Thomas, Bernal, Vingegaard y ahora Pogacar. La cámara de Rafael Díaz los ha captado a todos.
“Recuerdo una vez, en los tiempos de Fignon, que un cura vestido con sotana se colocó delante nuestro. Como iba un poco alegre bendecía a todos los corredores que pasaban. Hasta que tropezó y se estampó por un terraplén, aunque sin consecuencias graves. En otra ocasión, en la Joux Plaine, un gendarme aceptó el Pastis que le ofrecían unos aficionados franceses. También bebió más de la cuenta. Tuvo que venir una furgoneta policial, desarmarlo, llevárselo y sustituirlo por otro agente”. Ríe Rafael mientras recuerda las anécdotas.
El ingenio
Padre e hijo se las han ingeniado para burlar los férreos controles de la carrera, sobre todo en las bajadas de los puertos. Una vez descendieron más o menos tranquilos gracias a unas credenciales de la Volta, que pasaron por las del Tour y en otra con una fotografía impresa de Perico que tomaron los gendarmes como un pase de la ronda francesa.
Rafael se ganó el reconocimiento de expertos fotógrafos, ya retirados, que cubrieron muchas ediciones del Tour como Graham Watson o Desiderio Mondelo, que siempre compartió moto con Jon Barandica. Ocurrió durante la mejor época del Tour que recuerda: las cinco victorias consecutivas de Miguel Induráin, que no se perdió. “Las contrarrelojes siempre eran una bendición porque te permitía fotografiar a Miguel con más tranquilidad al pasar delante de ti sin tanto agobio”.

Miguel Induráin subiendo el Izoard en el Tour de la Comunidad Europea de 1986, que ganó / RAFAEL DÍAZ
También ha viajado al Giro. “Estuve en los tres que corrió Induráin”. Ganó dos y perdió uno y hasta lo vio triunfar en directo en el Tour del Porvenir de 1986, que se denominó de la Comunidad Europea porque empezó en Portugal, pasó por España y Francia y acabó en Turín.
Ha seguido la Volta y la Vuelta, aunque a él siempre le ha entusiasmado más el ciclismo con sabor francés. “En Francia se vive el ciclismo y sobre todo el Tour de una manera diferente”. Antes de aficionarse a la cámara vio pasar ante sus ojos a Merckx, a Ocaña, a Thévenet, a Van Impe… son nombres sagrados en la historia de oro de la Grande Boucle, la que se ha paseado ante Rafael que se ha ganado con todo el derecho el honor de ser el gran fotógrafo aficionado de la carrera. Ahora toca disfrutar de la cámara y los corredores en Orcières, en homenaje a Luis Ocaña -recuerda el episodio de 1971- y de toda la magia de Alpe d’Huez.
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