Andà p'allá, bobo
Yo quiero mi anillo

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Yo quiero un anillo de esos. Yo quiero un anillo ‘a lo NBA’ de campeón del mundo de fútbol, que es el único título, el único, que vale en el mundo del deporte. Yo quiero un anillo de esos, me importa poco, nada, que cueste 130.000 euros, voy a pedir prestado, voy a hablar con El Periódico, que me adelanten lo que sea, al interés que quieran, pero yo quiero pasearme por el mundo, durante los próximos cuatros años, mostrándole a la gente, con mi anillo, que soy campeón del mundo de fútbol, que es lo más importante de las cosas menos importantes que existen.
Esto, que lo sepan, no era un Ilia Topuria-Connor McGregor, no, no. Esto no iba de ser los más valientes, los que tenían más corazón, más coraje, los que jugaban a nada y ganaban por su pundonor, esto no era tener al mejor del mundo y ‘D10S’ proveerá.
No, no, señoras y señores, amigos, colegas, compatriotas, compañeros, esto va de fútbol y los que tenían más fútbol eran, son y serán los españoles, los nuestros (perdón, los míos). Esto iba de esto. Iba de 22 a 2, que son las ocasiones que se produjeron en un partido, que jamás, jamás, debió llegar a la prórroga, que es lo único a lo que jugaban los campeones del mundo.

Ferran Torres le grita su gol a Nico Williams, en New Jersey. / CHARLY TRIBALLEAU / AFP
Y el primero que sabía de qué iba la final, el primero que sabía cómo se iba a jugar esta final, el primero que sabía quién iba a dominar en esta final, el primero que intuyó quién iba a ganar esta final, fue el que más sabe de fútbol, ese niño, ya adulto, nacido en Rosario y criado en Barcelona, que se llama Leo Messi.
Si usted leyó el mensaje que la ‘Pulga’ escribió en su Instagram, antes de esta final, lo entenderá todo. “Lo más lindo de todos estos años nunca fueron los títulos, sino todo el camino. Compartir el día a día con este grupo, competir juntos, levantarnos en los momentos difíciles y disfrutar cada paso. Pase lo que pase en la final, este grupo ya escribió una historia que nunca vamos a olvidar y que nadie podrá borrar”.
Es o no el anuncio de una derrota, el presagio de saber que España, además de ser campeona de Europa, la mejor, era la favorita y cuando Messi empieza a despedirse 24 horas antes de la final, es porque él, que (casi) inventó este juego, sabía que el partido, la final, la copa iba a ser para España.
Solo hubo una campeona (de Europa) que quiso ser campeona del mundo. Solo hubo un equipo que quiso jugar a fútbol. El fútbol, al final, fue justo, muy justo, con España. El papel de Argentina, Leo Messi incluido, fue lamentable, pobrísimo, buscando la tanda de penaltis desde el minuto 1.
Martín Caparrós, que es ‘D10S’ escribiendo, relató el otro día en ‘El País’ que “España es un país que, aunque algunos desaforados se empeñen en negarlo, funciona y seguirá funcionando: una copa de fútbol sería una ratificación, la guinda de la torta. Argentina es un país en problemas: la pobreza y la condena de la solidaridad, el egoísmo, son síntomas visibles; más grave todavía, más profunda, es esta sensación de ir a ninguna parte bajo el mando de un descerebrado. La evidencia de haber perdido es tan intensa; el fútbol nos da, da tanto en tanto, esa breve ilusión de estar ganando. Y, sobre todo, ese ensueño común: se diría que es lo único que hacemos todos juntos”.
Argentina no estaba en Estados Unidos para jugar a fútbol, estaba para consolar a todo un pueblo, para mantenerlo esperanzado, ilusionado, con algo. Esa era su fuerza. Porque, cuando quiso o necesitó jugar a fútbol, no pudo, no tuvo con qué. La final que protagonizó el campeón del mundo (Leo Messi incluido, ¡ya ni les cuento ese Julián Álvarez de tropecientos millones de euros!) fue lamentable, bueno, no fue.

España ya es bicampeona del mundo, a lo bestia, con fútbol infinito. / FRANCK FIFE / AFP
La albiceleste saltó al campo pensando en el minuto 120. Pensando en llegar empatados (a cero, por supuesto), al último minuto de la prórroga y jugarse la renovación del título desde el punto de penalti.
Eso no solo fue lamentable, fue paupérrimo. Indigno de todo un campeón, liderado por el mejor futbolista de todos los tiempos. Sin embargo, España, que sí fue una selección, que sí fue un equipo, que sí jugó con 15, 16 o 17 futbolistas, que sí ama el balón y quiere jugar dominando, tocándola, haciendo disfrutar a su afición, es, en estos momentos, la selección más digna que ha tenido jamás el fútbol.
Por algo lleva 38 partidos sin perder. Y éste, el último, el más grande, el definitivo, jamás lo perdió. Incluso se lo ganó al árbitro.
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