El Tourmalet
En las autopistas francesas no se defeca ni orina en el prado

Tourmalet por Sergi López Egea / REDACCIÓN

Las concesionarias de autopistas españolas a la hora de imponer peajes nunca se olvidaron de cobrar por el uso y de cuidar la carretera, lo que no es discutible, pero sí de colocar aseos en las zonas de descanso que no están ubicadas junto a las gasolineras y sus pequeños supermercados, carísimos normalmente y mucho más que en Francia.
Cuando sigues el Tour y te pasas un montón de horas conduciendo, a veces como si fueses un profesional del volante, no te queda otro remedio que de vez en cuando detenerte en un área de descanso y, la verdad, no hay muchas diferencias entre las que disponen de bar, sirven alimentos y aprovechas para llenar el depósito y las que no.
Ningún automovilista, vaya de vacaciones, transporte mercancías o siga el Tour, tendrá que vaciar líquidos o sustancias sólidas en medio del prado, dejando todo hecho un cisco, con la consiguiente mala imagen de heces con papel higiénico al lado. Además, está prohibido, algo lógico y normal cuando dispones de servicios, que se limpian adecuadamente, al igual que mesas para reponer fuerzas y hasta una zona de juegos, sencilla eso sí, algún columpio y poca cosa más, pero suficiente para que los niños se relajen después de estar unas horas encerrados en el coche.
Defectos y virtudes
Francia, como todos los países, tiene defectos, pero también virtudes y hay cosas que deberían aprender los vecinos del sur. O al menos, las concesionarias que durante muchos años llevaron el control de las autopistas o siguen con ellas. Se supone que para no gastarse más dinero de la cuenta en hacer más amena la travesía no quisieron colocar váteres públicos y que la gente orinase y defecase entre árboles, si lo hay, hierba, si crece, o simplemente maleza, que tampoco se esforzaban mucho por cortarla.
Sigue siendo un drama -seguir el ciclismo te permite hacer una fotografía de las autopistas a un lado y otro de la frontera- hacer las necesidades allí donde no hay gasolinera y servicios adjuntos. Con la liberación de algunas autopistas, la AP 7 a su paso por Catalunya, por citar un ejemplo, o la AP 2 que atraviesa los Monegros, las áreas están llenas de camiones en reposo con lo que es imposible, en ocasiones, encontrar un lugar tranquilo lejos de miradas indiscretas.
Las deficiencias
Estaría bien corregir estas deficiencias. Creo que ya lo había comentado en otras ocasiones, lo mismo que considerar que las áreas donde se ofrece comida y bebida no son restaurantes con tres estrellas en la Guía Michelín. Nadie va a una autopista a comer o a comprar víveres por gusto. No he encontrado a nadie que haya quedado con la familia para comer y pasárselo bien en un área de servicio. Camino de Les Angles, tercera etapa del Tour, fue necesario parar en el área que está pasada el túnel del Cadí. Y, la verdad, que cobren 2,29 euros por una botella de medio litro de agua no es algo para sentirse orgulloso, cuando sale más cara que la propia medida en combustible.
En las áreas de servicio francesa la gasolina o el gasóleo son más caros que en las ciudades pero, en cambio, en las tiendas ofrecen menús -bocadillo, bebida y pastelito- por un precio acorde al lugar donde los vendes; es decir, que no se trata de un restaurante de lujo a los que acudir apropiadamente vestido para la ocasión, mientras van creciendo los puestos de recarga para vehículos eléctricos.
Enmendar estas deficiencias no vendría mal, más allá de una mirada crítica ofrecida de buena fe desde la ruta del Tour.
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