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Mundial 2026

Argentina y la fiesta por el fútbol que no quiere terminar

La exaltación de Messi y Maradona, los cantos contra los ingleses y por las islas Malvinas, la política y el deporte, confluyeron en una noche de festejos que no han terminado

Marea albiceleste colma calles de Argentina tras vencer a Inglaterra y pasar a la final

Marea albiceleste colma calles de Argentina tras vencer a Inglaterra y pasar a la final

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Abel Gilbert

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Buenos Aires
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La historia nunca se repite de la misma manera, pero es lo que millones argentinos quisieran ver una vez más con sus ojos todavía húmedos de tanto llorar los goles ante Inglaterra. Cuatro décadas atrás, la selección dejaba atrás a su gran rival europeo con dos goles de Maradona. El miércoles, en Atlanta, pero en una semifinal, el fantasma de Diego se encarnó en Messi para que habilitara a Lautaro Martínez y el "equipo de todos" pasara a la final contra España.

La historia no se repite pero en Buenos Aires o cualquier ciudad argentina se inundaron las calles con la certeza de que esa regla tiene una excepción celeste y blanca. Maradona y Messi constituyen a estas alturas una misma entidad. Uno "juega" desde el cielo, y el otro, en la tierra, el mismo espíritu santo. Mancomunados para hacer realidad el sueño de "la cuarta" copa.

Aficionados argentinos celebran el triunfo frente a Inglaterra en Buenos Aires.

Aficionados argentinos celebran el triunfo frente a Inglaterra en Buenos Aires. / Europa Press

Se sufre aunque no ya como reclama el tango sino para hacer más intensa la alegría que viene después. Todavía se habla de lo que sucedió el miércoles en Atlanta. "Este partido marcará no solo a una generación, sino a todos", dijo el diario La Nación. "Hay que vivirlo para sentirlo. Porque esta selección volvió a demostrar que tiene algo distinto". El desborde emocional, melodramático, carnavalesco, siempre ilustra al desprevenido: "no quieras entenderlo".

Siempre el fútbol

La patria es el fútbol. Una casaca importada de China sutura lo que nada une en este país por esas horas en que los antagonismos se disuelven y las multitudes se adueñan de las calles. En un país donde durante la última década se perdieron un millón de puestos de trabajo, la mitad bajo el Gobierno de ultraderecha de Javier Milei, en esta Argentina de jarana interminable en la que el 29% de las personas se encuentra en el paro y donde 6 de cada 10 personas no llegan a fin de mes y se endeudan, la misma ciudad donde antes del partido la policía reprimió a los pensionistas, el fútbol, siempre el fútbol, permite esos instantes de felicidad, orgullo y humor. Los memes volvieron a ser una tribuna virtual. En uno de ellos, la Mona Jiménez, un ídolo de la "bailanta", género musical plebeyo, le asesta un golpe en el rostro a Mick Jagger.

Festejos argentinos en las redes

Festejos argentinos en las redes / X

La marea humana del miércoles fue un presagio de lo que puede llegar a ocurrir el domingo si verdaderamente la historia se repite. Un enorme operativo de seguridad rodeó los festejos. El Gobierno de ultraderecha temió un desborde de connotaciones políticas. El propio Milei quedó expuesto a la crítica después de que un par de jugadores del combinado sostuvo un cartel con el reclamo histórico de la soberanía de las islas Malvinas, en poder de Gran Bretaña desde 1833 y objeto de una guerra en el otoño austral de 1982.

Milei, confeso admirador de Margaret Thatcher, meses atrás admitía el derecho de los habitantes del archipiélago a la "autodeterminación". Pero llegó el partido y pidió que el deporte y la disputa diplomática no se mezclen. No pudo impedirlo. En las gradas del estadio y en todas las ciudades se recordó que "el que no salta es un inglés" y no se puede "olvidar" a los "pibes de Malvinas", los más de 600 soldados que murieron en aquel conflicto lanzado por una dictadura militar acostumbrada a torturar y asesinar jóvenes.

"Las cosas que pasan en la cancha con los jugadores no son parte de la diplomacia. En el peor de los casos Argentina recibirá una sanción económica de 30.000 dólares", dijo Milei sobre la posibilidad de una sanción de la FIFA frente al arrebato "malvinense" de los jugadores. El anarco capitalista está enfrentado con su vicepresidenta, Victoria Villarruel, hija de un exrepresor que a su vez combatió en las islas y que llamó a los ingleses "piratas usurpadores" antes del partido.

Incomodidad oficial

"Ciertos errores son inadmisibles y podrían tener consecuencias muy negativas", reprochó Milei. A su vez, ya ofreció la sede del Ejecutivo para que los jugadores festejen con los argentinos una eventual consagración mundialista. "Está garantizado que no habrá ninguna figura política ni persona vinculada a la política que empañe o intente apropiarse de un logro de los jugadores".

Apenas se conoció el resultado, el ministro de Exteriores, Pablo Quirno, se convirtió en el primer refutador de Milei en lo que respecta al modo en que se entrelaza la pasión deportiva y lo político: emitió un comunicado de repudio frente al ingreso de un buque inglés en aguas argentinas.

Los medios de prensa, entretanto, no solo exaltan por estas horas la "garra" y el "corazón" del equipo. También se permiten contradecir al Gobierno. "¿Hicieron mal los jugadores argentinos (en exhibir el cartel)? Definitivamente no y la opinión de la FIFA carece de relevancia, sean cuales sean las medidas que disponga", señaló el portal Letra P.

Los jugadores de Argentina, con la pancarta 'Las Malvinas son Argentinas'

Los jugadores de Argentina, con la pancarta 'Las Malvinas son Argentinas'. / EFE

"Los mundiales de fútbol se presentan como metáforas de guerra". La FIFA "se descafeína cuando le conviene, pero juega a fondo en la excitación de los sentimientos nacionalistas con el despliegue de himnos y banderas. No por nada el fútbol es un negocio casi tan lucrativo como la guerra. La FIFA es una organización siempre rayana con el escándalo, que sabe de exdirigentes presos por corrupción y colusiones impropias con Gobiernos de diverso pelaje –incluso la última dictadura argentina–, y mete o retira la política según su conveniencia del momento".

La euforia nacionalista tiene sus límites y en un punto se revela como mascarada. El oficialismo se prepara para aprobar en el Senado el proyecto de "Inviolabilidad de la Propiedad Privada" que habilita la venta sin límites de las tierras nacionales a los extranjeros. También ingleses.

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