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Opinión | Apunte

Jordi Puntí

Jordi Puntí

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.

El tomate cuántico

Lamine Yamal, futbolista de España.

Lamine Yamal, futbolista de España. / AFP7 vía Europa Press

El martes me metí en la cabeza de Mariano Rajoy para ver el España-Francia. Es toda una experiencia, eso de infiltrarse en otra mente para ver fútbol, algo parecido a lo que deben sentir famosos como Brad Pitt, Jay-Z o Thimotée Chalamet, a quienes enfocan las cámaras en el Mundial pero no te sabrían explicar qué es el fuera de juego.

Al principio, en tanto que M. Rajoy, me costaba entender que la Roja fuese de color blanco, hasta que vi a Cucurella luchando como un jabato contra los raperos de Francia, y Rodri dirigiendo el tráfico, con su pantalón más arriba de la cintura –como yo mismo cuando me baño en Sanxenxo–, y reconocí cuáles eran los míos. Pero las ganas de animar con toda la españolidad se deshincharon en el minuto 22, cuando Lamine Yamal provocó el penalti que llevó al primer gol. Yo ya sabía que los catalanes hacen cosas, ¿pero estos catalanes también?

En el descanso la migraña rajoyesca me hizo cambiar la mirada, como quien cambia de canal. Sin el filtro nacionalista español, la pasión ciega se retiró y dejó paso el análisis crítico. Ahora podía entender que la selección juega un fútbol de orquesta, donde los solistas lucen en el conjunto, como cuando Olmo se sacó una asistencia de su chistera y Porro marcó el 2-0.

En mi cabeza, siendo yo mismo, me distraje pensando: ¿qué fruta hay de color rojo? Si alguien bautizó a la Holanda de Cruyff como la Naranja Mecánica, esta España podría ser el Tomate Cuántico, o la Sandía Orgánica. Porque las bases de su juego –salida de balón desde atrás, pausa, un mediocentro que manda, pausa, extremos abiertos– es una evolución de ese fútbol total que tiene medio siglo y aterrizó en Barcelona. No es casualidad que Laporte y Rodri se hicieran mayores y sabios en el Manchester City de Pep Guardiola, o que Cucurella, Cubarsí, Olmo y Lamine Yamal lo mamasen en el Barça. En 2010 en Sudáfrica la tradición ya era la misma, y entonces alguien se inventó lo del tiki-taka. Ahora, mientras esperamos la final contra la Argentina de Messi –un partido que en clave azulgrana será una montaña rusa de emociones–, alguien ya está buscando cómo disimular nuevamente esta herencia.

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