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Andà p'allá, bobo

Que pase el siguiente, por favor

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

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……pero qué dice usted, señor, qué dice usted, ¿usted ha visto jugar a Francia? ¿la ha visto jugar?, cómo puede decir que España es superior y va a ganar. ¿Cómo puede decirlo?

Ya veo que no se ha fijado en ese porterazo llamado Maignan, ¡menuda planta! Y ese Koundé, lateral impresionante del Barça, que usted conoce bien y duda de él (por eso dudo, porque lo conozco y he visto la temporada que ha hecho). Y cómo puede decir que a ese impresionante Upamecano le ha visto perder partidos él solito con el Bayern de Munich, si es un central de categoría. Y por qué, por qué, minusvalora a Digne, un tremendo lateral, que Luis Enrique acaba de fichar (por 10 millones, sí, precio de megaestrella, ya ve) para su campeonísimo PSG.

Parece mentira que usted haya visto jugar a Francia en este Mundial, donde ha ganado (había, perdón) todos los partidos. Ese estilizado Rabiot, recto, alto, ‘a lo Zidane’, cabeza erguida, mirada al fondo. Ya ni le cuento el despliegue físico, portentoso, ¿verdad?, de Tchouameni, que usted también conoce bien (si, de perderlo todo con el Real Madrid en los dos últimos años, sí). Y, por descontado, quién se atreve a dudar de Olise, por el que suspira medio mundo (y al que ese medio mundo vio fracasar anoche en el que debía ser su gran bautismo).

Ya ni le cuento amigo que dudo de Francia (perdón, yo no dudé de Francia, yo escribí que España era mejor y que íbamos a pasar, cosa que no se atrevió a escribir nadie más) si repasamos esos tres cuchillos portentosos (sí, llegué a leer que ustedes tenía arriba tres Lamine Yamal, sí, sí, lo leí) que Francia posee en el ataque.

Spain's defender #12 Pedro Porro celebrates winning the 2026 World Cup football tournament semi-final match between France and Spain at the Dallas Stadium in Arlington on July 14, 2026. (Photo by MAURO PIMENTEL / AFP)

Pedro Porro celebra su golazo ante Francia. / MAURO PIMENTEL / AFP

Mbappé, qué le voy a contar de Mbappé que usted no sepa (pues que mete muchos goles, pero gana pocos títulos). ¿Y del Balón de Oro? ¿Qué tiene que decir de ese estilete llamado Dembélé? ¿Qué tengo que decir?, pues le diré que el futbolista que llega como Balón de Oro a un Mundial, jamás ha ganado la Copa del Mundo. ¿Le sirve? Y quedaba Barcola, el jugador milagroso de Luis Enrique. Eso, de Luis Enrique, no de Francia.

En serio, España, Luis de la Fuente, Unai Simón, Porro, Cubarsi, Laporte, Cucurella, Rodri, Fabian, Lamine Yamal, Olmo, Baena, Oyarzabal, Llorente, Pedri, Merino, Nico, Ferran y todos los demás son mucho más que ese racimo de finitos y favoritos franceses, al que más de medio mundo daba por finalistas, perdón, por campeones.

España llevaba 36 partidos sin perder y medio mundo creía que había llegado su momento (de perder). Había salido 36 veces rojo y, vaya, volvió a salir rojo. Y, mira, el momento (nefasto) le llegó a Francia, que ya había caído en los dos últimos duelos ante España. Vaya.

España no solo jugó, desplegó y protagonizó un partido estelar, apoteósico, sino que consiguió anular y desquiciar a la poderosa Francia. En ningún momento, nunca, jamás, España vio peligrar su portentoso triunfo.

Muchos creían que España era inferior y, en el campo, durante 97 minutos, el baño fue de película, de cine, de documental, de repetición en bucle, de VAR, de moviola, de Escuela de Entrenadores, de Universidad, de Facultad del Deporte, de sesión nocturna en La Masia, en Valdebebas (pobres, no había ni un madridista), de viaje a lo conocido, la segunda estrella.

Podríamos describir ¿verdad? con mayor lujo de detalle y virtudes lo que son, cómo son y cómo juegan los nuestros (bueno, los míos), como se adueñan del balón, cómo marcan el ‘tempo’ del partido, cómo saben cuándo ralentizar el juego, cuándo entretener al rival, despistarlo y, sobre todo, como hicieron anoche con esa selección pletórica, desquiciarla. Cuándo acelerar, cuándo imprimir verticalidad al ‘tiki-taka’ cruyffista, cuando buscar la superioridad y cuando hacer daño.

Todos sabemos que el fútbol muy a menudo, demasiado a menudo, premia al peor, al que menos fútbol despliega. Anoche, era de justicia que España se llevase el partido de calle, como así fue: protagonizaron, todos, todos, una exhibición, casi insultante para una selección como Francia, que, casi, casi, fue a Estados Unidos a recoger la copa Jules Rimet.

France's forward #10 Kylian Mbappe reacts to a missed chance during the 2026 World Cup football tournament semi-final match between France and Spain at the Dallas Stadium in Arlington on July 14, 2026.  (Photo by FRANCK FIFE / AFP)

El madridista Kylian Mbappé lamenta la eliminación de Francia. / FRANCK FIFE / AFP

Pero se encontró a una España ‘in crescendo’ que, como ya ocurrió en Sudafrica-2010, en la semifinal contra Alemania, con aquel golazo de Puyol, jugó su mejor partido en la semifinal, con pinta, el de anoche, con mucha pinta, de repetirlo, el domingo, en la final, da igual quien esté delante.

Yo sabía que podía pasar esto. Quería que ocurriese. No tanto porque intuía que esta poderosa Francia no había sido maniatada como lo iba a ser por España, ni porque sospechara que tenía una mala defensa (el penalti de Digne es de patio de colegio, de párvulo), sino porque pensaba que si el centro del campo español, nuestro auténtico tesoro, era lo que todos suponíamos que sería, Olise solo no podría nutrir de balones a sus ‘Lamines Yamales’.

Creí en la victoria y en el pase porque yo, sin saber de fútbol como todos los que dudaron, no encontré (y lo escribí) ni un solo indicio ni motivo, para decir, para sospechar, que España no iba a jugar como jugó: de maravilla. Porque esa maravilla hace tiempo que dura. No es la primera vez que la vemos jugar así (de impresionante). De momento, 37 partidos. Que pase el siguientee, por favor.

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