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El Tourmalet

Aplausos a la fe del Caja Rural

Tourmalet por Sergi López Egea

Tourmalet por Sergi López Egea / REDACCIÓN

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Clermont-Ferrand (enviado especial)
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Los chicos del Caja Rural se esfuerzas como los demás, buscan una escapada milagrosa, que difícilmente llega, y cuando atraviesan la meta del Tour, la que sea, se sienten tan cansados como el resto de los contrincantes. El coche de equipo ve la carrera en la distancia, situado en las posiciones más atrasadas con vehículos rivales delante que le impiden divisar la cola del pelotón, pero como pelean cada día por destacar aún tienen escuadras rivaes muy por detrás de ellos en la clasificación por equipos.

Es la lucha constante, por sobrevivir, por contentar al patrocinador, por sentirse felices, y no por ganar el Tour, que eso es casi cosa de uno, sino para salir en televisión, en ese minuto de gloria tantas veces expuesto por Pedro Delgado en sus retransmisiones.

La afición local

En la salida o en la meta reúnen muchos menos aficionados que los que se aglutinan alrededor del autobús del UAE, el conjunto de Pogacar, y como no tienen franceses en sus filas (va sin indirecta), ciclistas locales que puedan abrir el alma de la afición local, los lugareños apenas se fijan en ellos. Es una batalla por subsistir, como estar en la trinchera y procurar que ninguna bala perdida te vuele la cabeza.

Pero sí, están en el Tour, son el conjunto navarro y junto al Movistar los dos únicos representantes del ciclismo español. Han cumplido un sueño, el de un equipo que como ahora vestía de verdiblanco en los años 80 cuando Marino Lejarreta, principalmente, era la referencia de un bloque batallador que hasta ganaba etapas con el excorredor vizcaíno, aunque jamás me gusta utilizar el término ex, porque los ciclistas lo son toda la vida, para seguir yendo en bici cuando se retiran profesionalmente o explicar viejas batallas de los Pirineos o los Alpes si se reúnen con amigos, en una cena, mientras están en un bar, o hasta en la plaza del pueblo. Nunca se pierde el oficio. Nunca lo ha perdido Marino incluso cuando dejó de ser director deportivo.

Triunfos carísimos

Las victorias de etapa en el Tour están tan caras como el caviar o el vino de autor. Poca vida otorgan Pogacar y los suyos al resto de participantes, pero hay algunos a los que les cuesta más que a otros. Si fugarse ya es difícil porque sí, mucho más llegar a la meta y levantar los brazos como ganador. Y, encima, como le ocurrió al rival Pablo Castrillo el domingo pasado, integrante del Movistar, ataca y se te une en la escapada nada menos que Mathieu van der Poel para que te des cuenta de que frente a un fenómeno como el neerlandés -por cierto, acaba de comunicar su futura paternidad- no hay nada que hacer. Entonces o te desesperas o decides disfrutar de la experiencia de compartir bicicleta y carretera con uno de los mejores ciclistas del mundo que, por supuesto, se apunta el triunfo del día.

El Caja Rural merece un monumento por no acobardarse a la hora de disputar el Tour, un premio especial a la combatividad y que los directores les digan a todos los ciclistas la famosa frase de “salid y divertíos”. La dirección del Tour no puede reprocharles nada y tampoco arrepentirse por haberlos invitado. Desde la primera etapa en línea, de Tarragona a Barcelona, intentan participar de las fugas, a la vez que se acuerdan de su compañero herido, Jaume Guardeño, que iba seguro al Tour y que sigue con una recuperación muy complicada tras el accidente que sufrió en marzo nada más acabar la Volta. Si un día, antes de llegar a París, el Tour es justo con el Caja Rural le dedicarán la victoria a su compañero y todos se sentirán felices y dichosos por la hazaña conseguida.

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