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La ronda francesa

Pogacar tritura otra vez al Tour

El jersey amarillo logra en el Macizo Central una tercera victoria de etapa tras otro ataque sin respuesta el día que Paul Seixas se comporta como un veterano y Juan Ayuso se viste con el jersey blanco.

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El Tourmalet: cuando al Tour le saltan los plomos.

El ciclista esloveno Tadej Pogacar, del equipo UAE Team Emirates - XRG, celebra tras ganar la décima etapa de la 113ª edición del Tour de Francia, de 166,6 km entre Aurillac y Le Lioran, en el Macizo Central

El ciclista esloveno Tadej Pogacar, del equipo UAE Team Emirates - XRG, celebra tras ganar la décima etapa de la 113ª edición del Tour de Francia, de 166,6 km entre Aurillac y Le Lioran, en el Macizo Central / YOAN VALAT/AFP

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Murat (enviado especial)
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Todos se arrugan en algún momento. ¿Todos? Los que no se llaman Tadej Pogacar, el que saca la trituradora, la misma que utilizó en el Tourmalet. Y si no hubo diferencias mayores fue porque las cuestas del Macizo Central son cortas y los descensos peligrosos. “¡No arriesgues!”, le chillaban al jersey amarillo cuando se jugaba el bigote en la bajada al puerto de Pertus. Más líder si cabe, ya lleva tres victorias de etapa y este jueves superará a Miguel Induráin en días como líder del Tour. Poco más hay que añadir sobre este fenómeno esloveno.

No permite fugas, como la del español Javier Romo o la del ecuatoriano Richard Carapaz. Él pone a tirar a los suyos y casi no le importa que su amigo Isaac del Toro se comience a quedar sin batería, como el móvil que indica con color rojo que hay que buscar un cargador con rapidez.

Tadej Pogacar celebra la victoria en la meta de Le Lioran.

Tadej Pogacar celebra la victoria en la meta de Le Lioran. / ASO / THOMAS MAHEUX

Pogacar es un campeón y resulta inútil iniciar cualquier debate sobre si abusa, si no da libertad, si ata al Tour o si lo abuchean injustamente. Su obligación es ganar, que para ello le pagan una millonada. Y los demás, los que se arrugan, mucho hacen con tener más moral que el Alcoyano para perseguirlo, aunque sepan que la captura es misión imposible.

Le piden moderación

Un 14 de julio de 2026, fiesta nacional, se recordará como la fecha de una nueva exhibición de Pogacar. Él es el que demarra sabiendo que nadie puede seguirlo cuando quedan 16 kilómetros para la meta de Le Lioran, allí donde Jonas Vingegaard le birló la etapa al esprint hace dos años. Al pobre Carapaz, campeón olímpico y del Giro por más señas, lo devora en menos de 600 metros. Le quita 40 segundos como si uno fuera encima de un utilitario y el otro subido a un fórmula uno.

En el descenso al último puerto, Fon de Cère, le piden moderación desde el coche del UAE. Va como un poseso y no merece la pena darse un porrazo cuando tiene a todos los contrincantes a más de tres minutos en la general con todavía 11 etapas en el guion del Tour.

Un aficionado muestra una bandera francesa, en homenaje al 14 de Julio.

Un aficionado muestra una bandera francesa, en homenaje al 14 de Julio. / ASO / THOMAS MAHEUX

Todos, menos él, muestran flaqueza de una manera u otra. Si quería tener a Del Toro a su lado en el podio de París, la imagen comienza a ser borrosa. Mientras ataca Pogacar, el ciclista mexicano se descuelga del grupo perseguidor, lo que en meta se traduce en 1,31 minutos perdidos con su líder y la entrega del jersey blanco, como mejor joven del Tour, a Juan Ayuso, que ya es cuarto de la general.

Suda Vingegaard

Vingegaard también suda y muestra una fragilidad, aunque sea mínima, que nunca había enseñado en el Tour. Si Pogacar era el primero de la clase, el danés soltaba al resto y llegaba en segunda posición. En el Macizo Central cede 12 segundos sobre el grupo perseguidor donde Remco Evenepoel y Paul Seixas cruzan en segundo y tercer lugar la meta de Le Lioran.

Pero es que Evenepoel también sufre subiendo Font de Cère. Son pocos segundos los que cede a los perseguidores de Pogacar pero suficiente para que no reine el optimismo cuando los Alpes presenten carreteras más complicadas. Y, aun así, se conciencia en la meta, saca fuerzas imposibles, esprinta y es el primero del grupo que entra a la estela de Pogacar.

El pelotón, a toda pastilla por el Macizo Central.

El pelotón, a toda pastilla por el Macizo Central. / ASO / CHARLY LÓPEZ

Ayuso también entrega dos segundos extras, siempre acompañado de un danés, Mattias Skjelmose, que asciende a su lado, tal como hizo en el Tourmalet. Y luego está Paul Seixas, 19 años, capítulo aparte, un regalo para los paisanos en el día de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Tampoco puede con Pogacar, pero esa no es su guerra. El combate del joven lionés es demostrar que es un genio que crece para entusiasmar más allá de las fronteras francesas y para demostrar que habrá un día en que todos al levantar la vista verán a un ciclista capacitado para ganar el Tour y lo que se proponga. “Puedo estar feliz porque es un logro estar donde estoy (es quinto de la general) después de pasar por el Tourmalet y el Macizo Central”. Si falla en los Alpes, que le quiten lo bailado.

Abucheos

Alguien abuchea a Pogacar cuando rueda en solitario, siempre hay quien querría ver otro resultado, más igualdad, todos juntos o que no siempre atacase el mismo, porque es el mejor. “Escuché los abucheos, pero todavía me dieron más coraje. Quería honrar al jersey amarillo en el día de la Bastilla”. Así tampoco le harán torcer la cara.

Él es feliz. El resto, a mirarlo. Uno gana y los otros tratan de no perder mucho, como Ayuso, 23 años, no hay que olvidarlo, que sabe que el podio no es imposible ni la lucha por el jersey blanco con Seixas queriendo probarse la prenda y Del Toro, tocado, pero no hundido. “Podía haber sido peor”, reconoce Vingegaard. Pogacar se hace otra vez ‘selfies’, hasta con Ayuso, para dejar claro que cualquier rencilla del pasado ha quedado en el olvido.

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