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Opinión | Golpe franco

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

Lamine pone la piedra

Lamine Yamal, perseguido por dos rivales franceses.

Lamine Yamal, perseguido por dos rivales franceses. / ARIC BECKER / AFP

Primera Parte.

El gol que vale una historia, o por lo menos la historia de este partido. Lamine estuvo atento, y su gesto bastó para saber que todo empezaba a favor. Sentí que el equipo ya estaba ganando. Oyarzabal fue tan seguro que parecía que ya podían sentarse a esperar a que el equipo le dijera que no al impresionante equipo francés. España jugaba en español, los franceses venían de la hermosa sensación de que eran tanto como la potencia de la Marsellesa. Mbapé parecía el futbolista de todas las líneas, igual que Olmo, que es más que un medio volante. Es curioso: Oyarzabal marcó el penalti, y luego se llevó su sonrisa por el campo, como si esperara otra oportunidad. Se le vio celebrar su gol con Unai, y dio gusto sentir que los futbolistas siguen siendo como niños. Dembelé no quiso saber nada de sus antiguos compañeros azulgrana cuando, llegado el momento de decir adiós a la primera parte, quisieron explicarle que ellos también lo querían. De las cosas que me gustaron cuando el partido aún no decía nada fue la aparición en la grada del gran actorJavier Bardem, esta vez acompañado de su hijo. Al padre se le vio preocupado. El partido era todavía una incógnita que tiraba para Francia. Luego ya se sabe qué pasó. ¿Y qué pasaría después?

Segunda parte.

Desde que los franceses perdieron el tino me fijé en el niño que lloraba. Al final del partido volvió a aparecer su rostro lleno de llanto. Su padre lo recogía como si estuviera sacándolo de la desgracia. España fue ganando sobre todo cuando el segundo gol convirtió al equipo en una especie de talismán que ahora espera, quizá, a los futbolistas argentinos, con Messi al frente. Mbappé rompió las formas. Xavi Hernández, de los grandes vencedores de cuando Del Bosque ganó el Mundial africano, miraba incrédulo. Xavi habló con sus compañeros de aquella gesta, como si les dijera: “¿No estaremos soñando?”. Entró Pedri y sentí que entraba toda Canarias esperando a que él le ganara a los franceses. Dembélé como si no estuviera, y esta vez, en la segunda parte, pareció como si el partido durara tres horas. Cucurella decía: “¡Vamos, ostias!”. Y yo sentí que la furia estaba ganándole definitivamente a los franceses. Del Bosque está en la historia. El hombre de ahora es De la Fuente. La Fuente que mana y corre.

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