Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Carrascazos

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Publicista

Ni una, ni grande, ni...

Luis de la Fuente abraza a Lamine tras la victoria contra Bélgica.

Luis de la Fuente abraza a Lamine tras la victoria contra Bélgica. / AFP7 vía Europa Press

Hay un momento mágico cada vez que juega España. No ocurre durante el himno, ni con el primer gol, ni siquiera cuando se certifica la victoria. El verdadero espectáculo empieza a medianoche, cuando se encienden los focos de esas tertulias de periodismo patrio: "O… cómo fingir que deseas una victoria que te está destrozando por dentro". "Todos vamos con España", proclaman con la solemnidad de quien acaba de descubrir la paz mundial. Y acto seguido, cada éxito de la selección les cae encima como una hipoteca. Porque el problema no es España. El problema es que la selección se parece demasiado al Barça y a nuestra tierra. Si el balón lo comanda un catalán, si la jugada nace en la Masia o el ritmo lo marcan futbolistas con ADN culé, la alegría se convierte en una incómoda contractura facial. Sonríen, sí, pero con la misma naturalidad que un exnovio en la despedida de soltero del colega que finalmente se ligó al amor de tu vida…

Después llegan los análisis. Que si el sorteo. Que si el rival, que si hubo suerte. Que si Lamine Yamal no es Lamine Yamal... Nunca una victoria resulta suficientemente convincente cuando los protagonistas huelen a blaugrana. Soportarían mejor una derrota española con once madridistas que un triunfo construido desde Les Corts. Y luego no quieren mezclar política con deporte. Predican neutralidad con una bandera escondida bajo la chaqueta y una calculadora emocional que resta méritos según el código postal del futbolista.

Lo más divertido no es que intenten engañarnos. Lo realmente cómico es que crean que lo consiguen. Porque la hipocresía podrá maquillarse delante de un micrófono, pero jamás supera la repetición a cámara lenta. Quizá ese sea el verdadero diagnóstico de este país: algunos no disfrutan cuando gana España; disfrutan únicamente cuando no gana el Barça, aunque para lograrlo tengan que sacrificar a su propia selección. Y luego se preguntan por qué seguimos confundiendo deporte y nación. Ay, amigos chusqueros… vuestro problema no os lo arreglará ni el VAR.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS