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Andà p'alla, bobo

Trump, Milei, Infantino, ‘D10S’, Pinheiro, Jara, Julián Álvarez, todos con la Argentina campeona

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

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Las sospechas empiezan a confirmarse: el Mundial de EEUU, México y Canadá pasará a la historia, gane quien gane (ya es un Argentina contra Europa: España, Francia e Inglaterra), como el Mundial de las chapuzas, la Copa del Mundo donde Donald Trump y Gianni Infantino, unidos por un premio Nobel de la Paz falso y el meganegocio del fútbol, hicieron lo que quisieron.

Los dos últimos partidos de cuartos de final del campeonato que ha contribuido, que está contribuyendo, a que muchos pierdan la fe en el fútbol y desaparezca la escasa credibilidad que ya tenía, a nivel directivo, fueron la prueba de que los despachos, las autoridades, los que mandan, son ya más importantes que los futbolistas, que el fútbol. Es el mundo al revés, las limusinas contras las botas.

El gol del triunfo de Inglaterra ante Noruega, obra del madridista Bellingham, estuvo precedido por una acción que debió de servir para anular el tanto: el balón, en su vuelo, tropezó con uno de los cables de la ‘spidercam’. Los noruegos han puesto el grito en el cielo, pero la FIFA ha dicho que el chip del cuero dice que no tocó el cable. Paz y gloria. Sigan, sigan.

Aregentina's forward #09 Julian Alvarez celebrates scoring his team's second goal during the 2026 World Cup football tournament quarter-final match between Argentina and Switzerland at the Kansas City Stadium in Kansas City on July 11, 2026. (Photo by Odd ANDERSEN / AFP)

Julián Álvarez celebra su tremendo gol contra Suiza. / ODD ANDERSEN / AFP

E, inmediatamente después, ya entrada la madrugada en España, Argentina, la campeona, que lleva varios partidos (todos) sufriendo contra Cabo Verde, Egipto y Suiza, sí, sí, como todo el mundo sabe tres grandes potencias del fútbol, volvió a recibir la ayuda arbitral, o de Trump, o de Milei, Infantino, o de la FIFA, o del árbitro portugués Pineiro, o del ‘hombre VAR’, el chileno Jara, y, de pronto, todos, todos, expulsaron al suizo Embolo, por fingir una entrada de Paredes.

Embolo, a la calle

Fue todo, repito, como este Mundial ya muy poco creíble, aunque acabe ganándolo España, muy esperpéntico: Pinheiro muestra amarilla a Paredes, Jara le pide, desde el VAR, que revise la jugada y, de pronto, acaba expulsado a Embolo con una segunda amarilla por simular. ¡En cuartos de final de una Copa del Mundo! ¿En serio se puede expulsar a alguien así, con 1-1 en el marcador, de un partido decisivo del Mundial?

“Este Mundial está amañado en beneficio de Argentina”, clamó Zico, una de las estrella de Egipcio. “Yo no pienso ver más Mundial, se me fueron las ganas. Quizá querían mantener al campeón y a Leo Messi en la competición. Tengo esa sospecha, sí”, gritó Hassan, el seleccionador egipcio.

La peor Argentina en tiempo, incluso el Leo Messi más caminante que nunca, volvió a vivir, a sobrevivir, a ganar con el corazón, con pundonor, con coraje más que con fútbol. Y, por descontado, con la ayuda arbitral, de la FIFA y de todos los poderes.

La Argentina campeona de Leo Messi sigue en el Mundial a base de pundonor, suerte y ayuditas arbitrales. La Copa del Mundo ya se ha convertido en un Argentina contra Europa: España, Francia e Inglaterra.

Esta campeona necesita ayuda de todos los frentes para sobrevivir en esta Copa del Mundo y la recibe de la mano de esa nueva asociación derechista que integran Trump y Milei, otro de los aliados del presidente estadounidense contra las fuerzas del mal. Y si a eso añadimos un Infantino que está encantado de conocerse y que le importa más el negocio, el poder, que el fútbol y su credibilidad, el resultado es una Copa del Mundo donde vale todo.

Y, cuando digo todo, es, incluso, que Messi se dirija al árbitro portugués del Argentina-Suiza y le diga a la cara “no me faltes al respeto; a mí, hablame bien” o que el diario argentino deportivo ‘Olé’ se lleve las manos a la cabeza y escriba “increíble amarilla por simulación a Embolo, que derivó en expulsión”. Así es el Mundial que Trump e Infantino convirtieron (aún queda, aún queda) en un teatro poco fiable, donde el fútbol, pese a mantener la pasión de millones de aficionados, empieza a ser lo de menos.

Eso sí, la madrugada futbolística nos permitió comprobar, saber, cerciorarnos, de que, de vez en cuando, solo de vez en cuando, el ‘niño de los 100 millones de euros’ que pretende el Barça y que el Atlético jura y perjura que no le traspasará, se saca fabulosos, únicos, tremendos, goles ‘a lo Messi’, ‘a lo Lamine Yamal’ y mete el balón en la escuadra para mantener vivo el sueño imposible, créanme, imposible, de que la Argentina de Trump, Milei e Infantino repita título.

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