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El Tourmalet

El Tour y los gemidos de la superestrella del cine

Tourmalet por Sergi López Egea

Tourmalet por Sergi López Egea / REDACCIÓN

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Gavarnie (enviado especial)
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Seguimos quitando el envoltorio de los bombones de la caja del Tour. Una noche, siempre cosas del azar, puede llevarte el destino a compartir muros en la misma vieja casa en la que Bernardette Soubirous pernoctó en Tarbes mientras el obispo del momento, mitad del siglo XIX, decidía si las apariciones de la Virgen que había visto en la vecina Lourdes eran reales. En los sueños posteriores, sin embargo, no salían ni santas ni bicicletas.

Con el paso del tiempo la casa que dio asilo momentáneo a Bernardette se ha convertido en una ‘chambre d’hôtes’ que es como se han llamado toda la vida en Francia a los ‘bed and breakfast’ popularizados por los británicos.

Pillas una habitación, con cierto misterio de saber que por allí pasó la mujer que inspiró la religiosidad de la cercana Lourdes, hoy una villa turística espiritual, al estilo de la Fátima portuguesa, por donde circuló la Vuelta hace un par de años. Te acuestas y al día siguiente tienes preparado el típico desayuno francés: un trozo de baguete, mantequilla dulce, mermelada, un cruasán, zumo, fruta y una bebida caliente si también te apetece, aunque el calor ya apriete de buena mañana.

Una noche poco santa

En otras ocasiones, la habitación que te toca en el sorteo pertinente no es tan santa, ni ha estado dedicada a la oración precisamente, sino más bien a todo lo contrario. En una ocasión, el mismo destino que te acerca a Bernardette te conduce en los Alpes a una pista forestal, donde en cada curva te indican que vas por la buena ruta, a un albergue de montaña, muy mono, levantado en lo alto de una colina, a un paso de un telesilla para que los clientes invernales puedan salir del pequeño edificio con los esquíes en los pies y deslizarse enseguida por las pistas, aunque conservando la suficiente fuerza para llegar a la noche con ganas de descansar poco.

En los albergues o ‘chambres d’hôtes’ los anfitriones tratan siempre de ser personas agradables que hasta pueden sentarse a tu lado en la mesa, invitar a una copa de vino y contar la historia de la habitación con la que has sido agraciado. El establecimiento, más o menos nuevo, se presenta como una especie de cabaña con muros de madera donde se escucha todo lo que ocurre en la habitación de al lado, aunque la tuya, cuenta el dueño, estuvo ocupada una noche por una famosa superestrella española -el nombre lo vamos a obviar-, aunque el propietario lo cite y lo recuerde perfectamente. Porque no se le olvidan los gemidos de placer que alertaron a todos los clientes. Cada cama, en cada hotel, tiene su propia historia y algunas, ciertamente, serían para no dormir.

En el suelo

Lance Armstrong, cuando era Armstrong, disputaba los Tours acompañado por su novia de por aquel entonces, la cantante Sheryl Crown. Dormían juntos, ahora no hay limitación alguna en la carrera. Antiguamente estaba terminantemente prohibido; ni mostrando el libro de familia se podía compartir habitación con la pareja, aunque astros del pasado, como Jacques Anquetil o Luis Ocaña se saltaban la norma sin preocupación alguna, aunque los auxiliares tomaban precauciones, por si acaso.

Amstrong y Crown dormían en el suelo. El masajista del tejano sacaba el colchón del camastro. Ella nunca olvidaba la guitarra, la espera mientras se disputaba la etapa siempre se hacía eterna.

Los días de descanso (el próximo lunes y el siguiente) son jornadas de encuentros íntimos, las tardes en el hotel saben perfectamente los ciclistas que comparten habitaciones que hay que ir unos minutos al autocar o visitar a otros compañeros del equipo. Ahí no cuentan los galones, todos son iguales, si requieren unos instantes de intimidad con la pareja.

Un médico con apellido de coche

Una vez, en otro hotel, la dueña abría dos habitaciones a los periodistas, una enfrente de la otra. “En esta -hablaba mientras señalaba una de ellas- es donde siempre se instalaba el médico de Armstrong que tiene apellido de coche”. Se refería a Michele Ferrari, hoy suspendido a perpetuidad por administrar sustancias prohibidas a los deportistas a los que trataba. Tenía su consultorio en la ciudad italiana de Ferrara.

Así que una noche en el Tour puedes encontrarte un antecedente vinculado con la espiritualidad, otro con el sexo y finalmente con el dopaje que tanto daño hizo hace unos pocos años a este deporte.

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