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Opinión | GOLPE FRANCO

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

Simplemente Merino

LA CRÓNICA DEL ESPAÑA 2- BÉLGICA 1: La pizarra de De la Fuente mete a España en semifinales

Mikel Merino celebra con sus compañeros el gol contra Bélgica.

Mikel Merino celebra con sus compañeros el gol contra Bélgica. / AFP7 vía Europa Press

En la historia de España, es decir, en la historia del fútbol que juega el equipo español, habrá de ahora en adelante un perfil que ya no tendrán parangón: el aire liberado de un futbolista que antes era una posibilidad y que se ha convertido, en dos jugadas, en el más eficaz de los visitantes atrevidos en el viaje al área contraria.

Que España (es decir, el equipo español) lo tenga en sus filas es un éxito del entrenador, sin duda, pues es notorio que ha confiado en él cuando Portugal se hizo grande y estuvo a punto de echar por los suelos la bondad del fútbol español. Y ahora, ante un equipo tan potente como el que define Courtois, fue capaz de especular de nuevo con la suerte.

Y la suerte se ha revuelto otra vez a favor del destino de Merino (¡¡¡Merino!!!) para abrirle al entrenador la idea posible de tener siempre (¡siempre!) a este muchacho dispuesto a decirle al mundo que con cinco minutos ya le basta para acercarse al aire de las leyendas.

Las lágrimas de Courtois

Por medio hubo un hecho difícil para la historia del fútbol, la caída del portero más serio del campeonato (y del fútbol), Courtois. Siempre fue el portero de todos nosotros, sea de donde fuera el cancerbero que más se ha parecido a Casillas cuando éste era de los mejores.

La caída (que lo fue, literalmente) del gran portero actualmente madridista hizo un hueco tan grande, tan impresionante, que el propio futbolista salió llorando del campo. Y ver llorar a un futbolista de esta categoría es como regresar al tiempo en que te echaban del colegio.

Thibaut Courtois, llorando tras retirarse por lesión.

Thibaut Courtois, llorando tras retirarse por lesión. / DPA vía Europa Press

Su dolor es un dolor español, no solo el dolor que ahora ha destronado del campeonato al más grave de los porteros del fútbol mundial. Elegante, simbólico, sereno y, ahora mismo, dolorido como el niño que perdió una última oportunidad para la historia.

Ahora resulta simbólico, a favor del equipo español, que se lesionara el gran portero del Madrid, el que ha salvado a este equipo de las malas rachas y el que ahora parecía hecho para devolverle al equipo de Bélgica el camino que éste buscaba. Primero cayó Courtois, y en seguida hubo otro caído, Kevin De Bruyne, de modo se hizo España con el control del área que había sido tan potente y que ahora es el emblema de una hazaña cuyo nombre propio vuelve a ser el muchacho que llegó el último. Siempre estará ahí, cinco minutos antes del final del partido, como un símbolo, el imponente muchacho que se llama Merino. Simplemente Merino.

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