La ronda francesa
Un esprint endiablado y elegante resuelve el Tour en Burdeos
El belga Tim Merlier triunfa a orillas del Garona en una etapa tranquila en la que Tadej Pogacar lució el jersey amarillo después de la exhibición en el Tourmalet.
Las clasificaciones de la séptima etapa.

Tim Merlier se impone en Burdeos. / ASO / CHARLY LÓPEZ

Cuando todavía no se habían apagado los ecos por la gran victoria de Tadej Pogacar, siempre en amarillo, llegó por fin un esprint con cara y ojos, de los de verdad, de los de antes, de los endiablados, de los que se pelean hasta el metro final, de los que hay que apretar al límite y olvidarse de tocar el freno. Un esprint de verdad, casi de leyenda, cuando la primera semana del Tour circulaba al compás de los velocistas. Ganó el belga Tim Merlier, hombre rápido como pocos.
En Burdeos están acostumbrados a ver el Tour, 83 veces con la de este viernes ha llegado la carrera a orillas del río Garona, el que nace en el Val d’Aran. No les importa que los 34 grados, con el sol medio escondido, casi sea un refresco para la carrera después de los calores vividos, entre emociones y alta temperatura en los Pirineos.
Sinónimo de esprint
Burdeos es sinónimo de esprint, como los Campos Elíseos hasta que se colocó la colina de Montmartre para dar otro aire a la etapa final y que los vencedores se olvidaran de brindar con champán antes de tiempo. Sería inimaginable otro tipo de llegada a la capital de la Nueva Aquitania; calles peatonales, terrazas curiosas, historia en muchos edificios y cuna del vino que lleva el nombre de la ciudad.

El pelotón, en plena acción. / ASO / CHARLY LÓPEZ
Vecinos que llenan hasta tres filas junto a las vallas y que no son diferentes a otros al pedir como locos regalos, gorras amarillas que se reparten como caramelos un par de horas antes de que aparezcan los corredores. En el pelotón, no hay que perder espacio porque en cuanto superen el pequeño túnel que hay a dos kilómetros de la línea de meta se lanzarán como posesos a un esprint salvaje, donde gana Merlier que suma el cuarto triunfo en el Tour por otros cuatro que ha logrado en el Giro.
Merlier gana casi sin oposición, otro belga que domina los esprints como su compatriota Jasper Philipsen que sólo pudo ser quinto, pese a ser favorito y contar con el apoyo de Mathieu van der Poel, que parece desaparecido en el combate de este Tour, demasiada dureza inicial para que el nieto de Raymond Poulidor se luzca en la Grande Boucle.

Pogacar saluda a Merlier, detrás del podio de Burdeos, antes de colocarse el jersey amarillo. / ASO / CHARLY LÓPEZ
Muchos ciclistas tienen antecedentes familiares vinculados a este deporte. Merlier, por ejemplo, comparte su vida con la exciclista Cameron Vandenbroucke. Su padre, Frank, fue estrella del ciclismo a finales del siglo pasado e inicios de este, pero con una vida turbulenta que acabó en un hotel de Senegal en 2009; los triunfos lo acompañaron al mismo nivel que algún escándalo por dopaje, problemas matrimoniales, alcohol y drogas. Sólo vivió 34 años.
En el esprint de Burdeos también participa el corredor colombiano Fernando Gaviria que es el jefe de filas del Caja Rural, que retorna al Tour después de los años en los que brillaba Marino Lejarreta como líder de la escuadra navarra. Gaviria se coloca cerca de las vallas que protegen la meta por la derecha y hasta hay un momento en el que parece que va a ganar. Monumental alegría para el conjunto español. Le fallan las fuerzas en el momento decisivo, queda encerrado y sólo consigue cruzar la línea de llegada en 14ª posición. Hay que intentarlo, aunque no salga el resultado esperado.
El Caja Rural lleva enviando todos los días a corredores al frente del combate por la etapa, lejos de las trincheras del pelotón. Se escapan sabiendo que las posibilidades de éxito son nulas, pero gozan de minutos televisivos, publicidad gratuita para la entidad bancaria, que quede certificado que están en el Tour. Camino de Burdeos le toca el turno al checo Jakub Otruda, que se escapa con el francés Baptiste Veistroffer, que fue el primer corredor que atacó en este Tour. Lanzó un demarraje al instante en el que se bajó la bandera que certificaba que comenzaba la segunda etapa, la que enlazó Tarragona con Barcelona.

Pogacar, a punto de tomar la salida en la séptima etapa del Tour. / ASO / CHARLY LÓPEZ
Para un equipo invitado triunfar en el Tour se traduce en ganar una etapa, labor que se considera tan complicada como ascender el Tourmalet a rueda de Pogacar. El viernes por la mañana, camino de Burdeos, se descendía en coche por Gavarnie, la ruta de montaña que remontó el astro esloveno en primera posición y en solitario después de atacar en el Tourmalet. Pelotones de cicloturistas imitaban al jersey amarillo, subía un montón de bicicletas. Eso sí, por mucho que lo intentaban los voluntariosos ciclistas populares, era imposible realizar el ascenso a la velocidad del líder del Tour.
El Tour comunica este sábado a Périgueux con Bergerac, las mismas ciudades, salida y meta, que impulsaron a Miguel Induráin en una de las mejores contrarrelojes que realizó en el Tour. Le sacó dos minutos a Tony Rominger y dobló a Lance Armstrong en 1994. Se ganó el apodo de ‘Tirano de Bergerac’.
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