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La ronda francesa

Pogacar despedaza el Tour en el Tourmalet

El fenómeno esloveno logra la mayor proeza de su carrera deportiva en la Grande Boucle con un ataque demoledor a 42,5 kilómetros de la meta y somete a Jonas Vingegaard y al resto de rivales, entre ellos Juan Ayuso.

Clasificaciones.

Pogacar despedaza el Tour en el Tourmalet

DPA vía Europa Press / vídeo: Reuters

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Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Gavarnie (enviado especial)
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Sólo Emmanuel Macron entró a rueda de Tadej Pogacar. Pero el presidente de la República Francesa iba en coche, al lado de Christian Prudhomme, director del Tour, quien creía que con el Tourmalet a la sexta etapa las grandes figuras se lo pensarían dos veces antes de atacar con 15 días más de competición en el horizonte.

Vibró la meta de Gavarnie, monte que debutaba en la carrera, porque todo el mundo vivió en directo una gesta para recordar, el día más grande, si aún era posible, de Pogacar en el Tour. Sólo guardaron silencio las decenas de miembros de la seguridad presidencial, pinganillo en la oreja, colocados estratégicamente en la llegada. El resto chillaba, el resto había visto a Pogacar despedazar, hacer añicos, bombardear, destrozar y triturar a la Grande Boucle.

Nunca había pasado en primera posición por el Tourmalet y nunca había ganado una etapa del Tour con un ataque en solitario a 42 kilómetros de meta -en el anterior (2021) se fugó a 33 kilómetros del Grand Bornard-. Tampoco había batido el récord de ascensión al monte de los montes que poseía Jonas Vingegaard, siempre segundo, en la etapa, en la general y ahora como hombre más veloz en el Tourmalet. Dos minutos menos tardó Pogacar en subir por la vertiente de La Mongie a como lo hizo Miguel Induráin en 1995, en su mejor faceta en el monumento pirenaico.

Hasta tuvo humor de hacerse ‘selfies’ en la meta; de sonreír, para demostrar que para él todo es muy sencillo, el ciclista que convierte el Tourmalet en un jardín, el que lanza a Isaac del Toro, situado en el podio provisional, cuando quedan cinco kilómetros de subida. Se va primero con su compañero mexicano y luego solo. Vingegaard trata de seguirlo y Paul Seixas, 19 años de genio, tampoco se arruga, aunque aún le falten experiencia y kilómetros para acercarse a Pogacar; tiempo al tiempo.

Tan sublime estuvo Pogacar, que aparte de ganar la etapa y vestirse de amarillo, consiguió el liderato de la montaña y hasta el premio de la combatividad. No dejó ni las cáscaras de las pipas de girasol. Subió al Tourmalet y luego por la ligera autopista que llevaba a Gavarnie empujado por miles de espectadores, a los que no les molestaba animarlo a pesar de situarse en las cunetas con carteles alusivos a un número y no un licor, el 51, el que llevaba Eddy Merckx en 1969 cuando ganó el primero de sus cinco Tours, y el que luce Seixas en el debut de la ronda francesa.

Pogacar, en plena ofensiva por el Tourmalet.

Pogacar, en plena ofensiva por el Tourmalet. / ASO

Vingegaard se le acercó un poco al pasar por La Mongie, la estación que empuja al Tourmalet hacia el esquí. Pero fue sólo un espejismo. Rodó siempre perdiendo segundos para cruzar la meta a 2.38 minutos de Pogacar, pero pedaleó con pundonor, sin dejarse coger para aunar esfuerzos en la ofensiva imposible contra el esloveno de la que participaban también Remco Evenepoel y Juan Ayuso, quinto de la general y que se cayó al inicio del Aspin.

Paraíso esloveno

El Tour vuelve a ser el paraíso de Pogacar, con Vingegaard siempre segundo como los últimos dos años y luego hasta cinco corredores en la pelea por situarse tercero. En esta plaza no hay nada decidido. Quedan muchos días, pero el Tour 2026 ya empieza a oler a Pogacar, el que se levantó nervioso a las 7 de la mañana en su hotel de Pau. “O ganamos, o explotamos”, así se lo comentó a los compañeros. Así afrontó la etapa, para disfrutar yendo solo, mientras le llegaban a la cabeza “imágenes muy bonitas”, recuerdos del Tourmalet antes de que pusiera su firma en el monte más ciclista del mundo.

En las grandes etapas de montaña los héroes cruzan la meta en solitario, levantan los brazos, escuchan el alarido del público y disfrutan sintiéndose fuertes, únicos, maravillosos, como bello es este deporte que volvió a llenar el Tourmalet de almas ciclistas que alentaron la ofensiva de Pogacar. “Creo que ha sido una de las cinco victorias más bellas de mi carrera deportiva”. Por lo menos, la mejor hazaña conseguida en el Tour, sabedor que había hecho algo solemne, diferente en su triunfo 23 en la ronda francesa; 123 de su carrera deportiva y este viernes, camino de Burdeos, el 56 día vestido de amarillo. ¡Chapeau, Pogi!

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