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Andá p'allá, bobo

Si Julián Álvarez cuesta 150 millones, ¿cuánto vale Messi?

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

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A Donald Trump siempre le quedará su amigo Javier Milei. La Argentina de Lionel Scaloni, al que sus jugadores llaman ya ‘La Llorona’ por lo mucho que se emociona ante las gestas que protagonizan sus chicos, sigue adelante en este Mundial por algo que solo creen tener ellos o, al menos, en una medida estratosférica: corazón, pasión, lucha, amor a una camiseta, todo un pueblo detrás.

Argentina, muchos de cuyos ciudadanos no llegan a final de mes, sí tiene dinero para viajar a Estados Unidos y volverse loca con las proezas de sus muchachos. Tú ves jugar a Argentina y piensas que no puede perder. Pero perderá. Cuando tú juegas como Argentina, tienes muchos números de caer, sobre todo si, de momento, no te has enfrentado a ningún grande.

Miren, podía haberle caído la (entonces) temible Colombia, máxima rivalidad, y Suiza la envió a casa en la tanda de penaltis. Y, ahora, la albiceleste tiene, de nuevo, otro equipo, más que asequible, para meterse en semifinales, incluso para alguien que solo juega con el corazón. No es extraño que los egipcios piensen que todo está demasiado amañado para que la Argentina de Milei y Trump repita título.

En un partido regular, Leo Messi falló un penalti, estrelló una falta en un poste, metió un golazo, dio la asistencia de otro y lideró, jugando a lo Lamine Yamal, de extremo, la remontada de todo un país. Así es Argentina, que todavía no se ha enfrentado a ninguna gran selección.

Pero no seamos tan ingenuos, si tú no tuvieses a Leo Messi no ganarías partidos y, por descontado, no remontarías, en 12 minutos, un 0-2 adverso. Ni de la risa. Ni teniendo toneladas de pundonor, como tienen ellos. Lo que hace que la albiceleste siga milagrosamente viva es que Messi, con 39 años recién cumplidos, sigue siendo Maradona cada día. Eso es lo que mantiene vivo, en Argentina y en el Mundial, al país de Milei.

Cuando tú acabas siendo manteado por los tuyos cuando solo te has metido en cuartos de final de un Mundial siendo campeón; cuando tú provocas las lágrimas de todo un país habiendo remontado a la inocente selección de Egipto; cuando a ti te hacen volar por los aires tus compañeros, es que tú, Leo Messi, lo eres todo en este fútbol.

Para todos, menos para Joan Laporta, que no supo ver en ti, en lo que tú eres, representas, ganas, provocas, generas y luces, y te despidió. Eso sí, ahora persigue con 100 millones de euros (o más) a tu imitación, a tu clon (en malo), a tu suplente en la albiceleste.

Los jugadores de Argentina aúpan a Lionel Messi al final del partido de octavos entre Argentina y Egipto (3-2).

Los jugadores de Argentina aúpan a Lionel Messi tras la remontada ante Egipto. / ODD ANDERSEN / AFP

La realidad es que Argentina sobrevive a todo gracias a Messi. Y eso lo sabe Milei, Scaloni y todos los futbolistas de Argentina, pues el escalón que hay entre laPulga’ y el resto de muchachos que le rodean es tan brutal como el que hay entre Leo y el resto del mundo. Porque les quiero recordar que, en un partido muy, muy, regular de Messi, falló un penalti, estrelló una falta en el poste, metió un gol, dio la asistencia de otro y volvió a liderar a todo un país. Y todo eso, cuando decidió convertirse en Lamine Yamal, jugando de extremo derecho.

“Yo, cuando veo a este grupo hacer lo que hace, no puedo por menos que emocionarme y ponerme a llorar, lo siento”, contó el ‘mallorquín’ Scaloni tras la milagrosa remontada de sus muchachos. “Para vivir estos momentos es para lo que me hice entrenador”. Para vivir estos momentos, sí, pero también para tener a Messi en tu equipo que, como reconocía hasta el mismísimo Pep Guardiola, es el que gana los partidos para ti.

“Que nadie se apure; al capitán eterno todavía le quedan historias que contar”, escribía ‘La Nación’. “No podíamos irnos así, con este partido, del Mundial. Lo vimos feo, sí. Pero este grupo es capaz de todo”, dijo Messi, sabiendo que el grupo es él, que el grupo le sigue a él, que no hay grupo, ni vida, ni remontada sin él.

“Que nadie se apure; al capitán eterno todavía le quedan historias que contar”, escribía ‘La Nación’. “No podíamos irnos así, con este partido, del Mundial. Lo vimos feo, sí. Pero este grupo es capaz de todo”, dijo Messi, sabiendo que el grupo es él y solo él.

No se le puede comparar con nadie. Los demás son buenísimos. Todos los buenos, los buenísimos, los que deciden los partidos de este Mundial, se llamen como se llamen y jueguen con quien jueguen, son unos fenómenos. Pero Messi es otra historia.

Por eso suena a desesperado (o igual hay algo que nosotros no sabemos, no sé, una fe extraña en él o, simplemente, que no es cierto ese amor, esa persecución y se trata de una tapadera) que el Barça ofrezca lo que ofrece (o el Arsenal, sí, o el PSG) por Julián Álvarez, el muchacho que, incluso desesperándose, ni marca, ni juega, ni aporta, ni luce.

Ni está en el mercado, ni estará, pero, incluso con 39 años, nadie puede saber lo que costaría Leo Messi. El capitán milagro que no quiso Joan Laporta. Hasta le pareció caro.

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