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Andá p'allá, bobo

EEUU ha perdido, pero Trump sigue ganando

Bélgica golea a la Estados Unidos de Trump e Infantino y se medirá a España

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

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Emilio Pérez de Rozas

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A mí no me tienen que contar nada. Yo estaba allí. A mí no me tienen que explicar cómo son estos tipos. Yo los he tenido, indiferentes, a varios metros de distancia. A mí no me cuenten historias de estos señores que lucen trajes, zapatos y relojes de miles de euros, muestran orgullosos sus cuerpos orondos, van rodeados de aduladores, pelotas y guardaespaldas, viajan en jets privados y circulan en caravanas de limusinas negras blindadas.

Yo sé, lo he visto, que estos tipos ni tienen corazón ni conciencia y mucho menos sentimientos. A ellos solo les interesa el poder, mandar y el dinero. Para ellos, el fútbol es un negocio y, como escribía el otro día Paco Cabezas, tal vez no nos lo quiten del todo, pero han embarrado, ensuciado, manipulado y convertido el fútbol en su entretenimiento, en su patio de recreo, en una parte más de su tablero político y económico.

Yo estaba allí, en el estadio Heysel, de Bruselas, el 29 de mayo de 1985. Yo vi la estampida humana que destrozó todo un gol y provocó 39 muertos, minutos antes de la final Liverpool-Juventus de la Copa de Europa. Y yo vi, oí, presencie y describí cómo a estos tipos solo les interesaba que se jugase el partido, el dinero, la televisión, la publicidad, el negocio. Les importó un pimiento que hubiese 39 cadáveres, extendidos, tapados con cualquier cosa, en el parking de la puerta principal de Heysel.

El mundo del fútbol, ya que el otro no se ha atrevido, ha perdido una gran oportunidad para plantar a Donald Trump, abandonar el Mundial y demostrarle que no todo vale.

Yo viví ese momento, así que todo lo que ha ocurrido, a partir de aquel día, protagonizado por esta gentuza, me parece ‘peccata minuta’. No olviden, por ejemplo, que no hace mucho le arrebataron a Senegal la Copa de África, que le ganó limpiamente a Marruecos (1-0). Quién sabe, igual al Rey de Marruecos ¿verdad? Se le ocurrió llamar al multimillonario sudafricano Patrice Motsepe, presidente de la Confederación Africana de Fútbol, para que cambiase el resultado de aquella final.

Donald Trump sí hizo esa llamada para intimidar a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, alguien que se deja intimidar (encantado) por el poder, siempre que saque algo a cambio, no importa qué. Repito, los reconozco a mil metros de distancia, no me engañan, alguien que se atreve a reconocer que llamó y alguien que se atreve a reconocer que atendió la llamada, no son dignos de representar a nadie, aunque se crean dueños del mundo y del fútbol.

Trump pidió a Infantino que revisasen la roja que le habían mostrado a su goleador Folarin Balogun, que nació por casualidad en Nueva York, que es estadounidense por casualidad, que viste la camiseta de EEUU por casualidad, pues, con las leyes actuales, ni siquiera hubiese podido nacer en territorio norteamericano.

Balogun se lamenta tras ver la roja

Balogun se lamenta tras ver la roja / EFE

Infantino llamó a alguien de la Comisión Disciplinaria de la FIFA. Y le quitaron la roja a Balogun. Luego, la Federación Belga de Fútbol apeló ante la Comisión de Apelación de la FIFA y ¿saben qué ocurrió?, que la FIFA desestimó el recurso porque la Federación Belga “no es parte en el procedimiento y, por lo tanto, carece de legitimación para recurrir”.

Son tan descarados, tanto, les importan tan poco el fútbol, el juego, las leyes, la ética, que ni siquiera permiten a los suyos recurrir. Porque, veamos, si la Federación Belga no es “parte del procedimiento” ¿quién narices puede serlo? Bélgica jugó y goleó, anoche, a EEUU, que jugó, cómo no, con Balogun de titular, claro. ¡Cómo no va a ser “parte del procedimiento”, si era la víctima!

Bélgica, que goleó a EEUU con Balogun, se enfrentará a España, que derrotó a Portugal, en cuartos de final de una Copa del Mundo que quedará manchada para siempre.

El estupendo España-Portugal (1-0) nunca debió jugarse, como tampoco debió celebrarse el EEUU-Bélgica (1-4). Pero el mismo mundo que tolera, soporta, silencia y se queda con los brazos cruzados ante las atrocidades que Donald Trump está perpetrando a lo largo y ancho del mundo, miró hacia otro lado, asistiendo atónito a la mayor barbaridad (después de la tragedia de Heysel, insisto) que han protagonizado dos dictadores poderosos en la Copa del Mundo de fútbol.

Los países, sus gobiernos, sus federaciones, sus seleccionadores y futbolistas han perdido una oportunidad de oro para demostrarle al mundo y, muy especialmente, a estos dos orondos y déspotas presidentes que no todo vale. Hubiese sido muy gratificante (tú eres idiota, Emilio) que el mundo del fútbol, ya que el otro no se ha atrevido, se hubiera plantado ante Donald Trump: ahí te quedas con tu Mundial, te lo regalamos.

Pero si no lo hizo cuando Infantino se inventó un Nobel de la Paz para Trump, no lo hará ahora cuando se juegan miles de millones de euros.

El circo no se para hasta que se mata la trapecista. Y esto, ¿verdad?, solo es una llamada de poderoso a falso poderoso. Total, qué importa una tarjeta roja cuando te llama el tipo que, dice, ha derrotado a Irán. Y ni siquiera es verdad.

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