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La lupa

En la era de Vitinha y Pedri, Rodri sigue siendo el rey

LA CRÓNICA: El talismán Merino mete a España en cuartos en el último baile de Cristiano

LA CONTRACRÓNICA: El cero de Unai Simón para que España siga sumando victorias

'La lupa' de Albert Blaya

'La lupa' de Albert Blaya / EL PERIÓDICO

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Albert Blaya

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El partido enfrentaba a dos de los mejores equipos del mundo por talento y expectativas, y puede que estas diluyeran el espectáculo que durante 90 minutos vimos en el campo. Durante muchos minutos, tuvimos fe porque entendíamos que en un escenario en el que hay jugadores del nivel de Pedri, Lamine, Vitinha o Nuno Mendes siempre merece la pena esperar algo para el recuerdo. Pero el partido se negaba a ello, y a ratos daba la sensación de ser un partido de torneo veraniego, de ritmo lento, de posesiones con la bandera blanca alzada y jugadores que no se encontraban. Vitinha y Pedri se fueron del partido envueltos en un anonimato extraño para quiénes siempre se muestran y tuvo que ser Mikel Merino, centrocampista que vive el juego como un 9, quién dejase algo para el recuerdo. España sigue soñando mientras Portugal se entierra en su obsesión.

Mundial 2026: España - Portugal, en imágenes

Mikel Merino celebra su gol. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

Este es el último Mundial de Cristiano Ronaldo, es decir, de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Se ha dicho tanto lo de que es imposible imaginar una Portugal sin Ronaldo, que parece que su entrenador se lo ha creído hasta las últimas consecuencias, vendiendo parte de su potencial a que su goleador cazase alguna, aún con el riesgo comprobado de que no te diese nada más. En un deporte que va de goles la decisión parecía tener sentido, pero la derrota ante España con un Cristiano ensombrecido y apagado demuestra que a veces las decisiones dolorosas hay que tomarlas antes de que te carcoman por dentro. En 2026, el mundo se rinde a Vitinha, y Robert Martinez ha decidido hacerlo a Cristiano.

Lamine, al 70%

España no es la de 2024 por dos razones obvias. La primera es que Lamine está al 70%. Su velocidad y activación están capadas, y aún con esta limitación evidente es un manantial de creatividad que le permite a los suyos jugadas que el resto no pueden hacer. Le da una vida extra a Pedro Porro cada vez que corre y se desmarca y a Ferran cuando sus movimientos van de dentro hacia fuera. Sucede que Lamine es tan bueno que uno siempre espera que sea el mejor del mundo durante cada segundo, algo a lo que solo ha estado sometido Messi los últimos 20 años. Viene bien que tenga partidos normales que, aún siéndolo, generen jugadas que merece la pena recordar.

Mundial 2026: España - Portugal, en imágenes

Rodri, defendido por Bruno Fernandes. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

El segundo motivo es que sin Nico Williams, los de De La Fuente son previsibles y viven más acotados, sin tanto ritmo ni cambio de dirección, lo que les obliga a tener que jugar a ritmos más bajos casi siempre. Ahí emerge Rodri, un titán atemporal, pues mientras el fútbol desprecia a los mediocentros en pos de centrocampistas que hagan de todo y a mucha velocidad, el del City sigue jugando como hace 10 años. El fútbol cambia, pero Rodri lo para. Frena inercias y modula los contextos. Su partido en el apogeo de la era Vitinha-Pedri recuerda por qué hace no tanto ganaba un Balón de Oro. Es un jugador que explica los partidos, incluso aquellos que nadie quiere narrar.

Cubarsí y Laporte

Caso curioso el de los centrales, Cubarsí y Laporte. Hace nada era la zona del campo más verde, de menos nivel y jerarquía. España se planta a unos cuartos de final sin haber encajado un gol y con Cubarsí, al que desde algunos sectores se le colgaba la etiqueta de blando, como uno de los defensores del torneo. España no está fluyendo, el fútbol pesa y le cuesta y sus mejores jugadores no están al nivel soñado, pero ante las dificultades que plantea un Mundial, Rodri por un lado y sus centrales por el otro nos enseñan el valor de lo sencillo.

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