La ronda francesa
Pogacar ya toma el mando en la despedida del Tour de Catalunya
El fenómeno esloveno logra la 22ª victoria en la Grande Boucle a la tercera etapa, se viste de líder por 55ª vez y se coloca a cinco días de pillar a Miguel Induráin llevando el jersey amarillo.

Pogacar se impone en Les Angles. / ASO / CHARLY LÓPEZ / Vídeo: Reuters

Lástima del incendio en el Canigó. Lástima de las restricciones y que sólo se dejase pasar a los vecinos de los pueblos. Lástima, porque se perdieron una imagen que, al igual, no se vuelve a dar en este Tour. Tadej Pogacar corrió por primera vez vestido con el jersey arcoíris que lo identifica como campeón del mundo. No lo hizo en Barcelona porque no lo puede llevar en las contrarrelojes y de camino a la capital catalana, desde Tarragona, iba con el ‘maillot’ a topos, porque era el líder de la montaña. Quizá, con la camisa amarilla puesta, ya no cambie de ropa de aquí a París. Con Pogacar todo es posible. Y van sólo tres etapas.
La gente no lo sabe, pero a Pogacar no le gusta cambiar de jersey amarillo cuando lo tiene en propiedad, prefiere que se lo lave su masajista y que no vaya a la lavadora, no sea que se decolore. Son manías, cada cual tiene las suyas y él no es la excepción. “Cada vez que me visto de amarillo siento algo especial”. Especial en Les Angles, especial siempre, como especial es Pogacar: 22 victorias de etapas y ya 55 días vestido con el jersey de líder, a cinco jornadas nada más de Miguel Induráin, aunque el astro navarro tiene un Tour más en el saco… de momento.
'Au revoir, Tour'
Paseó Pogacar al frente del Tour en la despedida catalana, misma pasión que en los dos días anteriores. ‘Au revoir, Tour’ pareció que gritaba el público de Puigcerdà cuando la carrera entró a territorio francés. En La Molina se quedó la caravana publicitaria y muchos coches. La prefectura de los Pirineos Orientales había pedido que el público no se moviera de casa y que el Tour hiciera todo lo posible para evitar una masificación. Hasta prohibió fumar en las afueras, bendita medida.
Con o sin público, en Catalunya o ya en territorio francés, Pogacar fue a lo suyo. A mitad de etapa, cerca de Ribes de Freser, tomó la decisión. Se sentía bien y quería el triunfo que se le escapó por poco ante Jonas Vingegaard en la contrarreloj inicial o la victoria que entregó a Isaac del Toro, que en Les Angles paga el obsequio con el peaje de un esfuerzo magnánime hacia el jefe esloveno. Lo lanza en plan campeón, como si a rebufo del corredor mexicano asfixiara al resto de contrincantes, Vingegaard incluido.
Una fuerza extra
“Tuve que emplear una fuerza extra para ganar”, una potencia que sólo él tiene y de la que no dispone Vingegaard por más que lo persiga, por más que lo intente y por muchos Giros que gane cuando Pogacar no está presente. Es el mejor, el que hace historia y el que ya anuncia como si llevase un altavoz en el manillar que va a ganar este Tour. “No tengo hambre de victoria porque tomo un gel cada 30 minutos”. Miedo debe dar a los rivales cuando le ven chupar el suplemento, como si fuera un general que levanta la espada y todos aguardan que la baje para lanzarse al combate, a darse de tortas para lograr una victoria que siempre se queda Pogacar cuando se disputa el Tour.
En Barcelona se mostró feliz con el triunfo de Del Toro, con mucha mejor cara que la que se le vio con Vingegaard vestido de amarillo. Para tener en cuenta; en Les Angles, desde 2022, fue la primera vez que Pogacar desnudó al ciclista danés y le quitó la prenda que distingue al primero del Tour. Tal fue la furia, el arranque del fenómeno esloveno, que arañó dos segundos a Vingegaard. Empataron a tiempo, pero como los dos no pueden ser líderes de la carrera, la suma de las dos posiciones conseguidas en Montjuïc le dieron el liderato a Pogacar para que cambiase el jersey arcoíris por el amarillo.

Las clasificaciones. / LE TOUR
Remco Evenepoel ni lo intentó; Paul Seixas trató de hacerle cosquillas a Pogacar pero sólo logró cruzar la meta en cuarto lugar porque Richard Carapaz, el ciclista ecuatoriano que fue campeón olímpico en Tokio, se coló por el medio. Para él, apenas 1,7 kilómetros de ascenso -la cuesta de Les Angles-no representaba un obstáculo para su rapidez contrastada.
Juan Ayuso llegó entre la aristocracia de este Tour; sin más, allí bien instalado en la quinta plaza de la general que parece tener en propiedad. Pocos aplausos recibió Pogacar, porque si las plazas están casi desiertas poco se puede hacer para recompensar al eterno héroe de la carrera, al ciclista que parece divertirse mientras azota a todos, que no perdona a Vingegaard por ganarlo en Barcelona y que cuando da algo -el triunfo de Del Toro en Montjuïc- sabe que luego será recompensado. “Gracias a Del Toro he podido conseguir la victoria”. ¡Vaya dos! Como para que algún rival se fíe de ellos.
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