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Opinión | Apunte

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO

Cristiano exhibe su decrepitud en el Mundial de la vergüenza de Trump

Cristiano Ronaldo, durante la eliminación mundialista de Portugal frente a España en Dallas.

Cristiano Ronaldo, durante la eliminación mundialista de Portugal frente a España en Dallas. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

En el fútbol no existen los derechos adquiridos porque, cuando toca correr detrás de un balón, las penurias asoman. Y no hay biombos tras los que esconderse. Cristiano Ronaldo, que en la víspera de la eliminación de su Portugal a manos de España decía que, a sus 41 años, ya estaba en paz con los Mundiales -su carrera ha sido fabulosa, sin duda-, se despidió exhibiendo su decrepitud. Esto no tiene nada que ver con que marcara o no, con que corriera más o menos, o con que en los contragolpes, en vez de ir hacia adelante, girara el pescuezo y mirara hacia atrás. Esto tiene que ver con que ni siquiera él, que siempre creyó tenerlo todo bajo control, no puede domar el tiempo.

A Luis de la Fuente le salió todo bien. Mandó a Pedri al banquillo cuando tocaba mientras Rodri se comía el campo, se la jugó sustituyendo a Olmo, quien estaba siendo el mejor, y, especialmente, le dio confianza a Ferran y a Merino, quien tiene el don del gol. A Robert Martínez, en cambio, le pasó lo mismo que a Ancelotti con Neymar. Cerró los ojos ante el resplandor de la estrella. Así que prefirió seguir viendo cómo Cristiano deambulaba mientras Gonçalo Ramos, que era quien venía de salvarle, se consumía en el banquillo.

A Donald Trump no le hará demasiada gracia el tema, dado que Cristiano es uno de sus futbolistas favoritos. Disfrutó de lo lindo cuando le invitó a cenar a la Casa Blanca el pasado noviembre junto al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salmán, pero también junto a Elon Musk y, sí, Gianni Infantino. Llegaba el portugués a esta Copa del Mundo después de recibir un extraño perdón, viendo cómo le levantaban dos partidos de sanción de los tres con los que fue castigado en la fase de clasificación. Aunque atendiendo a la deriva que está tomando el fútbol, ya nada extraña.

Portugal's forward #07 Cristiano Ronaldo reacts after losing the 2026 World Cup round of 16 football match between Portugal and Spain at the Dallas Stadium in Arlington on July 6, 2026. (Photo by Aric Becker / AFP)

Cristiano, ante Pau Cubarsí. / ARIC BECKER / AFP

Por mucho que un balón casi todo lo salve, la tentación de darle un puntapié y mandarlo a la porra es cada vez mayor. Los dictadores, que siempre han estado ahí, por supuesto también en el fútbol, ya no necesitan planear chanchullos en la trastienda, sino que presumen de poder restregárselos a quien haga falta. Si Donald Trump hace en cualquier rincón del mundo lo que le da la gana, cómo no iba a bastarle un telefonazo a Infantino para que el jugador franquicia de la selección de Estados Unidos, el jovencito Folarin Balogun, no tuviera que cumplir su partido de sanción. Minucias. Al fin y al cabo, sólo le había dado un pisotón al bosnio Tarik Muharemovic. La normativa de la FIFA, que supuestamente prohíbe las injerencias en sus asuntos, ya sería retorcida por el «órgano independiente» de turno para que el que manda en este 'show' no tenga que volver a llamar al orden. El árbitro brasileño es ya además un «sospechoso». Que vaya con ojo Raphael Claus. O la contestona Bélgica, que no tuvo piedad alguna y borró del mapa tanto al indultado como a la anfitriona.

Trump, que ni idea tenía de lo que suponía una tarjeta roja, dice ser un entendido del deporte y por eso ha venido a salvarlo con su savoir-faire, aplicado mucho antes de que se aficionara a las carnicerías de Topuria y la UFC en la Casa Blanca. Debe ser por aquellos tiempos en que, además de acoger los teatrillos de Wrestlemania con Hulk Hogan, André el Gigante o Ted DiBiase, al que llamaban el Hombre del Millón de Dólares, multiplicaba las ganancias de sus casinos en Atlantic City de la mano de Mike Tyson y del promotor Don King. Poco después de que condenaran a Tyson por violar a una chica de 18 años que aspiraba a ser Miss Black America, Trump, cuyos hoteles se iban a resentir con un Iron Mike entre rejas, apuntó a la víctima en el espacio radiofónico de Howard Stern: «Cuando él [Tyson] entra en una habitación, son ellas las que le agarran el culo».

Así es Trump, que ahora hace y deshace en este Mundial de la vergüenza. Pero sin un tónico en sus manos que le conceda a Cristiano la vida eterna.

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