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Andà p'allá, bobo

Marruecos es la bomba: gracias Lamine Yamal por escoger España

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

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Marruecos, una selección impresionante, un país que organizará el próximo Mundial-2030 junto a España y Portugal, mejoró sensiblemente frente a Canadá, una de las tres selecciones anfitrionas de la presente Copa del Mundo.

Mejoró, no en juego, pues sigue siendo de las selecciones más vistosas, sino en un dato tremendamente anecdótico, simplemente curioso, como es que, por fin, jugó en su once inicial con un futbolista nacido en su país, en Marruecos, el bigoleador Ounahi, jugador, curiosamente, del Girona FC.

Cuando Marruecos saltó al campo frente a Brasil, no tenía un solo jugador en su once inicial nacido en Marruecos ni, por supuesto, jugando en Marruecos. Ante Canadá, Marruecos alineó, de entrada, diez jugadores no nacidos en Marruecos y que tampoco juegan en su campeonato.

Bono nació en Canadá y juega en el Al-Hilal, de Arabia; Hakimi (España y Francia), Diop (Francia e Inglaterra), Halhal (Francia y Bélgica), Mazraoui (Países Bajos e Inglaterra), El Aynaoui (Francia e Italia), Bouaddi (Francia y Francia), Ounahi (Marruecos y España), Brahim (España y España), El Khannouss (Bélgica y Alemania) y Saibari (España y Alemania).

Marruecos juega con un once en este Mundial en el que solo figura, de vez en cuando, un jugador (Ounahi), curiosamente del Girona FC, nacido en Marruecos. Todas sus estrellas han nacido fuera de Marruecos y ninguno de ellos juega la Liga marroquí.

A esta fabulosa y atractiva selección, que juega a fútbol de maravilla, con el mejor estilo europeo, siempre al ataque, siempre con intención de poseer el balón, siempre queriendo mandar, solo le faltó conseguir la guinda con la incorporación del fantástico Lamine Yamal, que, pese a que su madre, Sheila Ebana, es guineana (lo tuvo a él con solo 16 años) y su padre, Mounir Nasraoui, es marroquí, siempre, desde el primer momento y desde las selecciones inferiores, quiso jugar con España, convirtiéndose, finalmente, pese a ser tan, tan, joven, en el auténtico líder (futbolístico) de ‘La Roja’.

Cuentan (y es verdad) que lo que mejor tiene Marruecos es una red, una batería de recursos tremenda para captar a los prometedores futbolistas, nacidos en otros países, para que acaben decantándose por su selección. Una cosa es evidente, en estos momentos, Marruecos es capaz, no ya solo por su fútbol, por su capacidad organizativa a nivel mundial, por sus resultados, sino por el proyecto que ofrece a esos jóvenes para conquistar sus corazones y que se decantes por su selección. El proyecto de Marruecos es mucho mejor, desde luego, que el que pueden ofrecerles, por ejemplo, Países Bajos o Bélgica a esas estrellas.

Los dirigentes marroquís de fútbol (y, tal vez, hasta los políticos del reino marroquí) siempre intentan convencer a los padres, pues los muchachos son tan, tan, jóvenes que suelen hacer lo que les sugieren sus padres. En el caso de Lamine Yamal, cuenta que tanto el padre como el hijo no tuvieron dudas y siempre prefirieron jugar con España.

Ounahi mira a la càmera mentre els companys el feliciten per un dels gols marcats davant el Canadà, ahir a Houston. | KEVIN C. COX / GETTY IMAGES VIA AFP

Ounahi mira a la cámara mientras sus compañeros celebran uno de sus goles ante Canadá. / KEVIN C. COX / GETTY

Los marroquís poseen un herencia cultural, no tanto religiosa, que les ata a su país y de ahí que jóvenes, por ejemplo, como Bouaddi o el mismísimo Hakimi, nacido en Madrid, se decantaron rápidamente, al cumplir los 18 años, por Marruecos. Otros, sí, han jugado con selecciones inferiores de los países donde nacieron y, de pronto, superados los 20 años, han decidido jugar con Marruecos.

Mi amigo y enorme colega de DAZN y Radio Marca, Alberto Edjogo-Owono, nacido en España e internacional con Guinea Ecuatorial ("enseguida me dí cuenta que no tenía el nivel para jugar con España", dice con su habitual simpatía), me recuerda un caso que podría resumir, de forma muy evidente y palpable, la casuística que rodea la vida y decisiones de estos muchachos, capaces de convivir con varias identidades (Lamine Yamal es, por ejemplo, marroquí, guineano y español, muy español), como es el de Ziyech, estrella, entonces, del FC Twente, que descartó a la selección ‘orange’ para jugar con Marruecos.

Ziyech y Van Basten

Van Basten, que era, en aquellos años (2015), ayudante del seleccionador holandés Danny Blind”, nos recuerda Alberto, “fue absolutamente despectivo al conocer la decisión de Ziyech: no solo se equivoca, no solo ha tomado una decisión absurda sino que ha cometido una estupidez”.

La revancha, por llamarlo suavemente, de Ziyech, excelente centrocampista que acabó consolidándose al frente de la selección marroquí, fue clasificar a su país para el Mundial-2018 de Rusia, cita para la que Países Bajos no consiguió clasificarse.

Lo dicho, el proyecto futbolístico que, en estos momentos, ofrece Marruecos, semifinalista, no lo olvidemos, del último Mundial celebrado en Catar-2022 (perdió ante Francia), es mucho más tentador que el de cualquier selección de élite mundial, incluidas, sí, las favoritas de Copa del Mundo, entre las que está, sí, Marruecos, que de haber contado con Lamine Yamal sería (casi) invencible.

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