Andà p'allá, bobo
Pues sí, dormir es de cobardes

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Confías tan ciegamente en Leo Messi, no tanto en Julián Álvarez, que crees que no puede ocurrir. Pero a mí, me gusta hasta el curling e, incluso, el snooker, este último, como el béisbol, pasiones que compartía con mi hermano Carlos.
Y si te gusta el curling, el snooker y el béisbol, cómo no ibas a ver el Argentina-Cabo Verde. Yo soy de los que creen, a pies juntillas, que dormir es de cobardes. Así que me quedé a ver el que se presumía iba a ser uno de los partidos más desequilibrados de la historia de la Copa del Mundo.
En cualquier otro deporte, este partido sonaba a paliza. Era un claro 102-76 en baloncesto, un evidente 6-0, 6-1 y 6-2 en tenis, un 32-18 en balonmano y un 25-12, 25-14 y 25-9 en voleibol…pero, amigos, esto es fútbol y puede ocurrir cualquier cosa.
Y ocurrió, se dio uno de los mejores partidos de la historia y, de momento, sí, vimos el mejor gol de esta Copa del Mundo. Y la mayor alegría de la historia. Y la más bella celebración. Y, por descontado, uno de los mayores desconsuelos de este deporte.
“Nos hemos ganado el respeto del mundo entero. Espero que seamos referencia para otros países pequeños y pobres como nosotros. Si nosotros superamos las dificultades y estamos aquí y ponemos en apuros a la campeona del mundo, cualquiera puede. El fútbol pertenece a todos, no solo a los más ricos. Nuestra intención es, simplemente, honrar a nuestro país y nuestro pueblo. Hemos demostrado que se puede competir desde la humildad”.
Sidny Lopes Cabral, un caboverdiano de 23 años, logró el mejor gol de esta Copa del Mundo y uno de los mejores de la historia de los Mundiales, en el minuto 103. Y se fue a celebrarlo, desesperado, feliz, con Jayley da Cruz, su novia, escalando hasta la tribuna.
Pedro Leitâo Brito, seleccionador de Cabo Verde, al que todos conocen como ‘Bubista’, que, en criollo caboverdiano, significa Boa Vista, su isla, una de las diez que componen el país, no solo mostró su orgullo por lo realizado frente a la tribu de Leo Messi, la mejor, la campeona, sino por cómo lo hicieron.
Y lo hicieron (no se les olvide: dormir es de cobardes) con una determinación, con un despliegue, con un coraje, con una fuerza, con una ilusión y, sobre todo, ¡qué caray!, con fútbol, con mucho fútbol y con el mejor gol de este Mundial. Un tanto para la historia de los goles, un gol para la historia de los grandes partidos (e inesperados) y un gol que hizo vibrar, hay que reconocerlo, al mundo entero.
Los ‘Tiburones azules’ no se rindieron en ningún momento. A la ‘albiceleste’, Messi incluido, que, sí, abrió el marcador, pero acabó babeando, le costó sangre, sudor y lágrimas pasar a octavos y eso que todo el mundo dijo que tenía el camino más fácil.

Sidny Lopes Cabral se subió hasta la grada del Hard Rock Stadium para celebrar su golazo con Jayley da Cruz, su novia. / INSTAGRAM
Los ‘Tiburones azules’ forzaron a Argentina a jugar hasta el minuto 120 porque, en el 103, un muchacho, de 23 años, de nombre Sidny Lopez Cabral, volvió loco al Hard Rock Stadium y al mundo entero, siendo su gol puro ‘rock and roll’.
Sí, fue un gol ‘a lo Messi’, también ‘a lo Lamine Yamal’, ya saben, posición de extremo, corre hacia el semicírculo del área y le mete un zapatazo a la escuadra contraria de Emiliano ‘Dibu’ Martínez, que el larguísimo portero argentino ve entrar por donde duermes las arañas. Imposible, pero, sí, el bueno de Lopez Cabral quiso ponerla ahí y provocar el 2-2.
Y, a continuación, se produjo otra grandiosidad de este auténtico partidazo (no olviden que dormir es de cobardes), cuando el muchacho caboverdiano se fue abriendo paso, a la velocidad de la luz, apartando con sus brazos, auténticas hélices de placer, a sus compañeros para llegar a la tribuna, subir la grada, meterse entre el público y abrazarse a Jayley da Cruz, su novia.
"Si nosotros hemos podido, si nosotros, que somos un país pequeño y pobre, hemos llegado hasta aquí, cualquiera puede. El fútbol pertenece a todos, no solo a los más ricos"
Pocas escenas tan hermosas. Pocas escenas tan maravillosas. Lástima que, 17 minutos después, Lopez Cabral yacía sobre el césped, llorando a lágrima viva, desesperado, desolado, incapaz de asumir que acababa de ser eliminado, él, su novia, su país y todo su pueblo del Mundial.
Y entonces fue cuando aparecieron los jugadores argentinos y trataron de lograr lo imposible, consolar a Lopes Cabral. Fijo, no oímos lo que le dijeron, pero seguro que más de un campeón albiceleste le confesó al oído su admiración. No habían ganado, no habían pasado, pero habían provocado el mayor terremoto y admiración de esta Copa del Mundo. Lo próximo que venga, sea lo que sea, no será como este maravilloso y vibrante Argentina-Cabo Verde (3-2).
Gracias ‘Bubista’. Gracias pueblo caboverdiano. Ustedes no valen solo una noche de sueño, valen lo que vale una Copa del Mundo. Ustedes demostraron que pueblos así de peleones merecen asomarse al Mundial.
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