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El inicio de la ronda francesa

Barcelona y Vingegaard triunfan en el estreno del Tour

El astro danés se viste de amarillo ante un Tadej Pogacar que no desentonó con una ciudad emocionada y entregada a la magia de la Grande Boucle.

La visita del Tour de Francia a Barcelona, vista desde sus entrañas

La primera etapa del Tour de Francia en Barcelona, con miles de aficionados en las calles

La primera etapa del Tour de Francia en Barcelona, con miles de aficionados en las calles / Manu Mitru

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Sergi López-Egea

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Barcelona
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Barcelona y Jonas Vingegaard ganaron la primera etapa del Tour. La ciudad por la respuesta exquisita con un público entregado que mereció la recompensa de vestirse con el jersey amarillo que consiguió el astro danés. Espectadores y el magnífico corredor escandinavo fueron los triunfadores de una tarde calurosa, emocionante y vibrante. Sí, Barcelona respondió y el Tour obsequió con la imagen deportiva de un Vingegaard decidido a complicarle la vida, quizá más de lo que se espera, a un Tadej Pogacar que salió bravo pero que cayó derrotado más por las fuerzas de sus compañeros del UAE que por las suyas propias.

Si el deseo era que el Tour se convirtiera en una fiesta, más allá de la disputa de una contrarreloj por equipos, se consiguió de sobras. Un público gallardo, barceloneses y turistas, soportó con valentía el sacrificio de estar horas ante las vallas bajo un sol de justicia para disfrutar del paso de la caravana publicitaria y animar a unos corredores que pedalearon por calles como Aragó o Mallorca muchas veces por encima de los 60 kilómetros por hora.

Barcelona, toda una fiesta

Fue una fiesta, un espectáculo, antes y después del paso de la contrarreloj por equipos, la que inauguró el Caja Rural, con una actuación más que aceptable y mucho mejor que la que ofreció el Movistar, el otro equipo español, y la que cerró Pogacar, en solitario, después de soltar al mexicano Isaac del Toro, el último que lo aguantó para ser el ciclista que subió más rápido la rampa que llevaba hasta el Estadi Olímpic.

Aviso a navegantes, apunte que debe considerar Vingegaard. Ganó la etapa, se vistió de amarillo y sonrió en Montjuïc porque los compañeros del Visma corrieron más veloces que los adversarios del UAE, pero que el subió más deprisa por el repecho decisivo que llevaba a meta, de 800 metros, fue Pogacar.

El ciclista danés Jonas Vingegaard tras la primera etapa del Tour de Francia, una contrarreloj por equipos de 19,6 kilómetros este sábado en Barcelona

El ciclista danés Jonas Vingegaard tras la primera etapa del Tour de Francia, una contrarreloj por equipos de 19,6 kilómetros este sábado en Barcelona / EFE/EPA/GUILLAUME HORCAJUELO

Por eso, en el aspecto deportivo, fue magnífico comprobar que ellos dos son los más fuertes y que habrá emoción y pistolas desenfundadas en este Tour. Y con un dato a anotar. Vingegaard siempre que se ha vestido de amarillo ha ganado el Tour, la última vez en 2023. Pogacar nunca ha logrado desnudarlo.

Ellos fueron los protagonistas del primer duelo con un Filippo Ganna revoltoso y un Juan Ayuso cumplidor al igual que Paul Seixas, el alma joven del ciclismo francés. Todo abierto, pocos segundos, más emociones para este domingo con una llegada mucho más dura y un circuito por Montjuïc, tres subidas al Castell, donde pueden saltar chispas.

Todo ello con la absoluta convicción de que Barcelona volverá a responder, al igual que la Catalunya que pisarán las bicis en un recorrido entre Tarragona y la capital catalana con todos los pueblos preparando actividades, animando a los vecinos y lanzándose a la calle para aplaudir el paso del Tour.

Emoción constante

Recorrer las calles barcelonesas antes de que lo hicieran los ciclistas fue una emoción constante, la que transmitía el público felizmente enloquecido, que chillaba, que aguardaba a los corredores y que aplaudía todo y más. Fue acordarse de Pepe Pérez Francés y recordar a una persona que siempre lo citaba por su belleza comparable a la de Ferran Olivella, contemporáneo y uno de los mejores centrales que ha tenido el Barcelona. Pérez Francés, de mayor, todavía se estremecía por las personas que lo recibieron en el Paral.lel, cuando ganó la etapa del Tour de 1965.

Hoy casi nadie había de los que por aquel entonces saltaron con el Tour. Los niños que lo vieron hoy son abuelos. Hoy los pequeños fueron los que iban en cochecitos, o dormían plácidamente, o si estaban creciditos disfrutaban con los regalos de la caravana publicitaria, o se preguntaban quiénes eran aquellos deportistas a los que apenas veían de ir tan rápidos sobre una bici.

Barcelona abrió otra vez sus puertas al mundo, como si quisiera recuperar la canción de Freddie Mercury. No falló. Como no lo hizo Vingegaard, que llevaba ya una semana en la ciudad para aclimatarse más que ninguno y para demostrar que si ha ganado el Giro piensa repetir victoria en el Tour, una carrera que no cambia porque ellos dos siempre están arriba, como el Estadi Olímpic, que repetirá este domingo como la meta inalcanzable para muchos. Y la pareja volverá a estar en la pelea para que se vibre mucho más que con el paso a veces demasiado veloz de un equipo en fila india desfilando por las calles de la ciudad.

Ellos, los corredores, no tuvieron tiempo para fijarse en las imágenes de la ciudad, ni para contemplar sus monumentos. Sí lo hicieron quienes siguieron el estreno del Tour lejos de Barcelona, que a partir de hoy se conocerá un poquito más, si cabe, gracias al ciclismo en una etapa inaugural que tuvo como premio la victoria de uno de los grandes héroes de la carrera sin que Pogacar desentonase. Ni mucho menos.

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