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Opinión | Apunte

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO

Lamine, tírame otro caño

Lamine, ante Laimer y Sabitzer.

Lamine, ante Laimer y Sabitzer. / VALERIE MACON / AFP

Hubo un momento en que Konrad Laimer, harto de tragarse los caños que le iba tirando Lamine Yamal, se puso a defender con la misma pose de Igor en El jovencito Frankenstein. Es decir, chepado, con los hombros de goma, y con un ojo mirando a los pies de Lamine y el otro al boquete abierto entre sus piernas, por donde el balón pasaba una y otra vez. Qué difícil debía ser para el defensor austriaco del Bayern saber que millones de telespectadores estarían viéndole sufrir ante una de las acciones más irreverentes, pero también humillantes, del fútbol.

No estaría de más que alguien le explicara a Laimer una vieja historia de esas que se cuentan de vez en cuando. Resulta que Diego Armando Maradona lo primero que hizo –sí, antes incluso de rascarse la cabeza– en su debut con Argentinos Juniors siendo un crío de 15 años fue tirarle un caño a un tipo de Talleres de Córdoba. Se llamaba Juan Domingo Cabrera, y durante años se enorgulleció de haber sido la primera víctima del Diego, además documentada con una foto en la que nadie reparó durante más de dos décadas en los archivos de El Gráfico. No hay héroe sin villano caído que se precie.

INGLEWOOD (United States), 02/07/2026.- Lamine Yamal of Spain (L) and Konrad Laimer of Austria in action during the FIFA World Cup 2026 Round of 32 match Spain against Austria, in Los Angeles, USA, 02 July 2026. (España) EFE/EPA/SCOTT STRAZZANTE

Lamine tira uno de sus tres caños a Laimer. / SCOTT STRAZZANTE / EFE

El caso es que mientras Lamine enhebraba caños, la España de Luis de la Fuente se iba liberando y creciendo cada vez más, siendo su victoria frente a la discreta Austria la que necesitaba para fijar sus aspiraciones en este Mundial. El seleccionador ya debe haberse convencido de que Pedro Porro, aun sin llevar gafas amarillas, ve mejor los espacios que Llorente, y de que Dani Olmo, como 'trescuartista', permite que el juego fluya lo suficiente para que Mikel Oyarzabal (cuatro goles en el Mundial) siga a lo suyo. Es decir, marcando como quien se pone a comer pipas, sin tener que cruzarse de brazos como Mbappé ni poniendo cara de malote como Haaland.

En el primer gol de Oyarzabal, quien habilitaba la posición del centrador, Cucurella, era Laimer. Normal. Ya entonces Lamine le había tirado tres caños.

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