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Opinión | La lupa

Albert Blaya

Albert Blaya

Periodista

España elogia la normalidad

La lupa de Albert Blaya.

La lupa de Albert Blaya.

Suerte que Lamine Yamal está tocado, a un 70% que para el resto rozaría el nivel de pico de carrera, porque su mera presencia obligó a Rangnick a cambiar a Laimer de posición, el mejor futbolista austríaco, porque Yamal obligaba a tener en esa zona al lateral del Bayern y no que Austria tuviese su mediapunta en su zona de influencia. A partir de tener al mejor, España empezó a hacer valer una superioridad que hasta ese momento era teórica, no práctica, algo que en el fútbol es muy habitual y la mayoría de las veces no vale nada. Con Lamine tirando caños y desbordando, obligó a Austria a empezar a perder altura, seguridad y confianza, y con eso los de De La Fuente sintieron que eran mejores. A veces no se trata de serlo, sino de tener a alguien que lo crea firmemente.

El gol llegó por inercia, un poco por pesadez, porque Austria no sabía gestionar sus posesiones y España iba ganando poco a poco terreno gracias a lo que hasta hace nada parecía un imposible: que Dani Olmo ocupe la mediapunta. El egarense naturaliza zonas puntiagudas para el resto porque no se incomoda ante la ausencia de espacios, sino que los modula y les da una forma que le permite a la Selección española encontrarse en el balcón del área. El 2-0, cuestión ya de tiempo, evidenció que España había hecho suya la frontal y que los defensores de Austria no iban a llegar nunca a su sitio, ni siquiera lo sabían. El gol de Pedro Porro, como Pedro por su casa nunca mejor dicho, fue la puntilla a una Austria muy tierna y lejos del nivel competitivo del resto de selecciones en estos dieciseisavos.

Los laterales son quienes más marcan el techo competitivo de los equipos. Si quieres esconder defectos en una zona que históricamente lo ha permitido y maquillado, ahora es una era donde se exponen, la ecuación no vale y hay que buscar alternativas. Cucurella y Porro están, quizás, lejos de lo que uno imagina como la palestra de los mejores cuando se trata de generar, pero en esta España de ritmo alto y extremos incisivos, con Pedri y Rodri macerando el juego interior y Olmo castigándolo, ambos están engrasados en una dinámica que les regala espacios a atacar y zonas a ocupar, y en eso son excelentes ambos. Se mueven, corren y repiten esfuerzos sin dificultad, lo que le da a la Selección una capacidad para ser profundo sin necesidad de sacrificar otras piezas. Goles, asistencias y ritmo. De La Fuente, poco a poco, va encontrando las piezas que mejor arropan un plan que no tiene truco, pues es transparente: que los buenos puedan serlo, aunque a veces cueste.

El Mundial es una arena imposible de medir a cada paso que das. O te hundes en la miseria o la euforia te lleva a una cumbre desconocida de la que es imposible saltar. En esa ciclotimia emocional, de vaivenes constantes, España ha sabido surfear ya el pánico general de la primera jornada, donde el empate evocó las peores épocas, a la alegría insana tras una goleada de cartón piedra. Es difícil calibrar el punto óptimo en un torneo tan corto y tan vivo, y de ahí que las eliminatorias no tengan nunca una base emocional lógica. Pero España la supo aplicar. Ha sido el partido, junto al de Francia, más previsible de todos los que se han disputado sencillamente porque supo alejarse de lo que los Mundiales provocan: nervios e incertidumbre. Se jugó como se juegan los partidos de clasificatoria, y ese es el mayor elogio, uno a la normalidad.

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