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Opinión | Golpe franco

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

La alegría se llama España

El exinternacional Carles Puyol, en la grada del SoFi Stadium de Los Ángeles.

El exinternacional Carles Puyol, en la grada del SoFi Stadium de Los Ángeles. / CHRISTOPHER TORRES / EFE

Este equipo parece que nació hace años haciendo lo mismo, es decir, convirtiendo el fútbol en la posibilidad de una alegría. Atrevimiento, risas, como si el campo se hubiera hecho para compartir un juego que antes que nada es un riesgo pero que sobre todo en este tiempo, es mucho más que una competición: es una impresionante manera de decirle a España que se deje ahora de tanta rabia y de tanta historia. Es mejor el fútbol que la manía funesta de pelearse en las praderas de la política. España jugó recordando esta manera de ser que es ahora el fútbol español.

La historia de este fútbol nuevo y español empezó con Del Bosque, todo el mundo se acuerda. Y ahora jugadores distintos hacen memoria de aquellos Iniestas de otros tiempos que están haciendo lo mismo, con igual alegría, como si se hubieran transmutado en jugadores que recuerdan el camino que ya pusieron en marcha los otros. Los Iniestas, acuérdense. Este es un equipo lleno de futuro que escribe una historia nueva en la que todo lo reciente es también todo lo que otros aprendieron.

De hecho, hubo unos minutos en el partido en los que reapareció ante nosotros, antes de que aparecieran en pantalla Penélope Cruz y Javier Bardem, la efigie de Carles Puyol, aquel central magnífico que le ganó a todo el mundo tantas veces. Era como si llegara al campo para hacer de central de un equipo que ya jugó para la historia.

Cuando vi en la pantalla que también estaba Rosalía, la cantante, sentí que ya el fútbol de ahora es un equipo de amor por los que miran jugar como si estuvieran estudiando una nueva era del balompié: la era en la que no sólo se juega, que también, sino la época en la que jugar es estar con otros en el graderío esperando. Ahora este graderío es capaz de saltar al campo por si hay que bailar o cantar antes de que el equipo contrario se dé cuenta de que todo el pescado ya está vendido.

Era un partido grave, como incrustado en el campeonato para que se pusiera a prueba Lamine Yamal. No hizo falta que él marcara los goles. Su inspiración va más allá que su puesto en el campo. Lo espera, en este campeonato, mucho camino, y los que están cerca ya saben, eso se nota, que él ya no es aquel muchacho que quiere ver de cerca los goles. Lamine, como Pedri, saben que los goles ya vienen a buscarlos otros. No hace falta que los marquen ellos. Ahora el fútbol es de todos, y este jueves fue, como nunca, hasta de todos nosotros.

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