Opinión | Apunte

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.
Un selfie colectivo, por Jordi Puntí

Olise, en el partido ante Suecia. / SARAH YENESEL / EFE
Dicen que el fútbol es un deporte de equipo, pero hasta ahora hemos visto sobre todo un Mundial de individualidades, muy de esta época de selfies e influencers. Dos selecciones como Alemania y Países Bajos —con una tradición más que reconocible— han caído a manos de advenedizos que jugaban con más entusiasmo, y un equipo con pedigrí como Brasil sufrió para ganar a Japón (y yo no apostaría ni una feijoada por su victoria final). Mientras, lo que más se repite son los goles de Mbappé, Haaland, Dembelé o Kane, y, como si fueran el Profesor X y Magneto en el cómic de la Marvel, el duelo eterno de récords entre Messi y Cristiano, ahora que ambos llevan ya seis mundiales.
De momento, Marruecos, México o Colombia han mostrado un buen juego de equipo, y quizá no sea casualidad que entre ellos no estén los cromos más deseados del álbum. Sin embargo, en el caso de Marruecos sobresale un individuo: el portero Bounou, que —como bien sabe la selección española del mundial de Qatar— tiene un don para detener penaltis y, además, lo va perfeccionando con nuevas artimañas.
El talento de Olise
El otro gran carácter del campeonato, en cuanto a la influencia en el juego, es Olise. Con él Francia tiene un talento que inventa como lo hacían Platini o Zidane, al tiempo que centra con una precisión y una belleza cósmicas: Mbappé debería dar lustro a sus botas cada mañana. Olise no es un jovencito, tiene 25 años, y sorprende que en el Mundial de Qatar no fuera ni convocado: con él filtrando pases, Francia quizá no hubiera perdido esa final contra Argentina.
Cuando juega por el extremo en el Bayern de Múnich, Olise marca goles de rosca muy parecidos a los de Lamine Yamal, pero con Francia tiene más libertad. La palabra es clave, y me lleva a pensar cómo afrontará España este jueves su eliminatoria contra Austria. Por un lado debe confiar en el juego colectivo de Rodri, Pedri y Olmo, porque es lo que saben hacer, pero a su vez necesita que Lamine sea un demonio que improvise y aparezca por donde no se le espera. No se trata de copiar a nadie, pero estaría bien que en sus ratos libres, que son muchos, él y De la Fuente hayan mirado los vídeos de Olise.
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