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Opinión | Carrascazos

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Publicista

Un Mundial mourinhista, por Lluís Carrasco

Intervención del VAR en el partido del domingo entre Irán y Bélgica.

Intervención del VAR en el partido del domingo entre Irán y Bélgica. / JAMIE SQUIRE / Getty Images via AFP

Esta fase inicial del Mundial está combinando lo mejor y lo peor del futbol en un solo escenario y a veces tiene algo inquietantemente familiar. No me pregunten el motivo, pero uno empieza viendo según qué partido, y acaba buscando en el banquillo a José Mourinho. En muchos encuentros, demasiados: estadios gigantescos, pantallas descomunales, millones de frigorías en aires acondicionados indecentes, himnos eternos, pausas comerciales infinitas... y pasas los noventa minutos rogando que, por favor, ocurra algo ni que sea por accidente.

El Mundial se ha americanizado hasta el punto de que la grada brilla mucho más que lo que acontece en el verde. Mourinho lleva años haciendo algo parecido desde la banda: convertir el futbol en soporíferos coñazos donde el principal objetivo es que, la cámara, lo enfoque a él, sin que nadie se divierta demasiado.

El calendario también parece escrito por el portugués. Horarios imposibles y jugadores cruzando tres países para descubrir que el rival tampoco tiene muchas ganas de exponer. Y luego está el VAR. Esa máquina perversa capaz de congelar una celebración durante cuatro minutos para descubrir que una nariz respiró en fuera de juego. Mourinho siempre soñó con un aliado así: alguien que confirmara que la culpa jamás era suya. Y en las ruedas de prensa, cada seleccionador parece irremediablemente abducido por un ChatGPT en modo diplomático. Mourinho, ahí, al menos, convierte sus comparecencias en la escena del crimen, el problema es que el cadáver casi siempre es el fútbol. Y la ironía final de que este Mundial nació prometiendo el mayor espectáculo de la historia, y de momento, está siendo un museo dedicado a las matemáticas del empate.

Y así, entre el miedo a perder, la cita con la historia de selecciones humildes que ven poder tocar la clasificación, y la renuncia a jugar por miedo a ser sorprendido, el resultado acaba sustituyendo al fútbol. ¿Les recuerda todo ello, a alguien? No hace falta que respondan. Conozco la respuesta.

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