Opinión | Golpe franco

Periodista y escritor
Lamine es casi todo, por Juan Cruz Ruiz
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Lamine Yamal, durante el partido de España contra Arabia. / JUSTIN SETTERFIELD/AFP
España, es decir, el equipo español, es Lamine y algunos más... de momento. Al menos, en este partido de domingo por la tarde no hubo nada que mejorara el juego extraordinario de este muchacho que juega al fútbol como si lo hubiera aprendido en la cuna.
Como ocurrió con el más importante de sus antepasados, Lionel Messi, no hay ningún momento del juego que no tenga su sello, aunque la pelota esté en lo más lejano del campo.
No hay ningún momento del juego, ocurra donde ocurra la jugada, que no se parezca a lo que está esperando este futbolista que es mucho más que todos los demás. Ahora tiene, además, el aire de un hombre tranquilo; ya no es aquel muchacho de los últimos años que le regalaba al graderío un aplauso supletorio para que los espectadores se sintieran parte rabiosa del juego.
Lamine Yamal es, o al menos lo es ahora mismo, un jugador que quiere que los demás lo jaleen, pero no tan solo para sentirse él parte de la victoria, sino para ser él, con los otros, el director del juego.
El aire de Messi
Antes que el entrenador, o que los capitanes, ha adquirido el aire de Messi, siempre subiendo y bajando sin esforzarse demasiado, pero con la obligación moral de estar atento hasta el último suspiro. Claro, uno exagera porque él mismo exagera su entusiasmo en las áreas, pero es que en esta ocasión, cuando el equipo estaba aun buscándose, marcó un gol que parecía un regalo en primer lugar a la madre (que estaba allí, mirando) y después a los que lo jalean como si el campo estuviera lleno de madres del mismo nombre y de los apellidos del muchacho.
Cuando el partido no lo tuvo a él (se fue de la zona de espera, para que lo cuidaran los doctores) dio la impresión de que el fútbol se había ido también, de modo que cuando regresó a la cancha y se puso a vivir la vida de los suplentes, el público se sintió aliviado, sobre todo cuando Cucurella marcó un gol por persona interpuesta y dio la impresión de que el equipo regresaba al aire marcado por Lamine.
Me dio la impresión de que Pedri, el amigo de todo el mundo, como Kim de la India, tomó ese relevo. Pero pronto se supo que al menos de momento (un momento que durará mucho) el equipo nacional dependerá de este muchacho como en un tiempo muy lejano el Barça dependió de Kubala y de Suaréz y de Cruyff hasta que el bendito pie izquierdo de Messi se hizo cargo de todo lo que pasaba en el campo y más allá. Lamine, amigos, ahora es Messi por otros medios.
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