Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Carrascazos

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Publicista

¡Que jueguen los abuelitos!, por Lluís Carrasco

España - Cabo Verde, en directo: última hora del debut de la selección española en el Mundial 2026

Los jugadores de Curazao celebran su gol ante Alemania.

Los jugadores de Curazao celebran su gol ante Alemania. / ALEXANDER HASSENSTEIN / Getty Images via AFP

Hay cosas que uno acepta, porque la Copa del Mundo lleva años empeñada en convertir lo anormal en rutina. Admitimos horarios imposibles y calendarios que estresan hasta las alergias primaverales, pero hay una moda que empieza a resultar difícil de digerir: las selecciones nacionales que, en realidad, se ponen en duda a ellas mismas. Curazao presenta una selección de 26 futbolistas en la que solamente uno ha nacido en la isla. Uno. Es decir, hay más posibilidades de encontrar un jugador nacido en un barrio concreto de Amsterdam, que un jugador directamente caribeño. De hecho, ¡solamente hay uno de 26 que sea de allá! Haití mejora el registro con seis. Marruecos, en su estreno mundialista, únicamente alineó en el equipo titular, un marroquí de nacimiento, mientras que su oponente, Brasil, compareció con un once casi revolucionario, y es que todos los convocados son naturales de su propio país. ¡Excéntricos!

En realidad, nadie discute las raíces familiares ni los vínculos sentimentales. Faltaría más. El problema aparece cuando da la sensación que algunos futbolistas eligen selección como quien escoge compañía telefónica: comparan opciones, estudian posibilidades y se enrolan por la que les garantiza mejor cobertura mediática. Primero pruebo con esta, si no, con esta otra, y si fallan, a por la tercera...

El momento de reflexionar

¿Qué no veríamos selecciones exóticas? ¿Y las queremos realmente ver en detrimento de Italia o de Polonia? Quizás haya llegado el momento de reflexionar. No para excluir a nadie, sino para preservar el sentido de una copa mundial. Porque cuando las fronteras se vuelven difusas y líquidas, el espectador acaba preguntándose algo elemental: ¿contra quienes jugamos exactamente?

Y puestos a llevar la lógica hasta el final, propongo una solución definitiva. Si basta con una ramita del árbol genealógico para vestir una camiseta nacional, que convoquen directamente a los abuelitos. Al menos ellos sí sabrán perfectamente de dónde vienen. Y de paso correrán, por apego sentimental, más que algunos delanteros.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS