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Opinión | Apunte

Último baile bien agarrado

Alexia Putellas, durante su último partido con la camiseta del Barça.

Alexia Putellas, durante su último partido con la camiseta del Barça. / JORDI COTRINA

Este sábado de Champions masculina no se viste de azulgrana. La realidad es tozuda y no alcanza, todavía, para ponerse a la altura de los Luis Enrique y Arteta. Pero el anterior sí que llevó el nombre del Barça al paraninfo de la universidad del fútbol jugado por mujeres. Fútbol, insisto, por aquellos que aún se cachondean de unas deportistas que llevan demostrando desde hace años que esta práctica deportiva al máximo nivel está abierta -y hecha- para ellas. 

Allí estaba Alexia, claro. Como siempre. La que sostiene desde los vapores del vestuario, cuando no llegaba para pagar el viaje a los familiares, y la que se despidió con un Dior en el Camp Nou. Desde que la volvió a traer al Femení Xavi Llorens hasta hoy, la capitana ha crecido tanto en todos los sentidos que a quien esto firma casi le cuesta reconocerla. Siento orgullo. Mucho. La conocí en 2015 y, once años después, nos lleva a todos de la mano. Con generosidad y buen gusto. Cuidando de las más pequeñas y apoyándose en las veteranas. Las mismas con las que compartió un Mundial que pasó a la historia por ganarlo dos veces: en lo deportivo y en lo social. De aquella lista de ‘las 15’ quedó en la resistencia una Mapi León que también ha dicho adiós al club de su vida. Como Ona Batlle. Como, quizá, la histórica Marta Torrejón.

El último baile de Alexia en el Camp Nou por la mañana y en el Johan Cruyff por la tarde fue de los lentos y bien agarrados. Le costó soltar a la centrocampista pero ha tenido más de un año para ensayar, con calma, este adiós tranquilo y emocionante. Lo ha ganado todo y ello incluye el derecho a decidir sobre donde acabar su carrera. La lloran en el campo y en la grada. Lógico. A ella se ha asido tanta gente que ahora hay un sentimiento generalizado de orfandad. Pero como la vida sigue, Aitana Bonmatí será aún más referencia y las Clara Serrajordi y Vicky López, consumidas en lágrimas en el adiós, se convierten ya en las niñas de los ojos de la afición. Mención aparte merecen Patri Guijarro e Irene Paredes. Amigas. Hermanas. Solidez y garantía. Agarradas bien fuerte a lo vivido y a lo que queda por vivir.

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