Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Barraca y tangana

Las jornadas unificadas, por Enrique Ballester

José Bordalás, técnico del Getafe.

José Bordalás, técnico del Getafe. / Afp7

A estas alturas de la temporada abundan las jornadas unificadas. Ya sabéis: todos o casi todos los partidos de una Liga se juegan a la misma hora. Hemos enlazado ahora un par de fines de semanas de jornadas unificadas que han servido para darme cuenta de mi absurda dependencia. Llegó el sábado y no sabía bien qué hacer con tanto tiempo libre, sin el ruido de los partidos en cada franja horaria.

Partidos que a menudo ni siento ni atiendo, pero están ahí junto al sofá como una banda sonora. Desnortado, anduve a punto de comprarme un puzle de diez mil piezas para pasar el rato. Bueno, a punto no, pero se me pasó por la cabeza, que ya es algo. Fantaseé con sacar una oposición, leer un montón de clásicos o estudiar un doctorado. Lo descarté porque en la vida hay que elegir, y yo hace tiempo elegí los Getafe-Osasuna, lo convertí encima en mi trabajo y ya es tarde para cambiarlo.

Pero regresé a ese tramo de mi vida, antes de que disgregaran las jornadas durante todo el fin de semana, donde el aburrimiento era una opción saludable. Me dio por pensar en qué malgastaba yo mi tiempo cuando la mayoría del fútbol no se televisaba y las jornadas siempre eran (casi) unificadas, por lo general, porque tampoco era muy productivo entonces. Qué hacía yo cuando me ahorraba estar mirando la tele o el teléfono deseando derrotas de mis enemigos casuales y fugaces de cada temporada. Qué hacía yo durante esas horas templadas. Probablemente, nada.

Pero la nada seguramente fuera más sana. La nada era una ventaja competitiva de nuestros antepasados. Gracias a la nada tenías el deseo del todo.

Tan perdido estaba, que el otro día fui a comer con Delia. Al restaurante entraron tres tipos y pidieron una mesa para seis. El camarero mostró su extrañeza y uno de ellos contestó: «Para seis, porque vamos a comer el doble, ja, ja, ja». Mucho que aprender ahí. Este tipo de cosas me estoy perdiendo por culpa de la jornada disgregada.

Nuevos retos

Cabe decir que la jornada unificada plantea nuevos retos. Como todos juegan a la vez, a menudo es difícil saber si te vale o no te vale un resultado. Para conseguir esa ventaja propongo la jugada perfecta: que alguien simule necesitar una atención médica en el inicio del segundo tiempo, sobre el minuto 54. Así, tu partido se detiene durante un rato y, cuando hayan terminado los otros, sabrás los resultados y seguirás jugando. Me presento voluntario para fingir un infarto, aunque teniendo en cuenta mi estado de forma quizá me dé de veras un infarto y nadie me haga caso, porque han leído esto y piensen que estoy actuando. Hay que morir de algo (de idiota, en este caso).

La jornada unificada es ahora algo limitado a los finales de temporada, y ya estáis hartos de leer que no lo paso bien en los finales de temporada. Mirad la última semana en Segunda División: demasiadas emociones y, a la vez, demasiado tiempo libre en los finales de temporada. Cuanta más distracción necesitamos, menos circo nos dan al populacho. Demasiado tiempo para pensar en un sinsentido claro. Si precisamente vemos fútbol para no tener que estar pensando.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS