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La ronda italiana

El portugués Eulálio, que fue ‘maglia rosa’, se reivindica en el Giro

El joven corredor luso atacó a Vingegaard en una etapa ganada al esprint por el francés Magnier ante la cita con los Dolomitas.

Afonso Eulálio, tras el ataque a Vingegaard en el Giro.

Afonso Eulálio, tras el ataque a Vingegaard en el Giro. / BAHRAIN VICTORIUS

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Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

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Más allá de un Giro que no pasará a la historia gracias a unos rivales que plantan cara a Jonas Vingegaard y le hacen sudar la gota gorda para mantenerse en rosa, la 18º etapa del Giro fue de las de final engañoso, porque mantuvo unos últimos kilómetros muy entretenidos más allá de que terminase el día con el desenlace de un esprint que ganó el francés Paul Magnier, tercera victoria en esta edición de la prueba.

El animador del día se llamó Afonso Eulálio, el ciclista portugués de 24 años, natural de Figueira da Foz, tan bonita la playa como peligrosas son las olas, no muy lejos de Coimbra. Fue el mismo que se escapó con Igor Arrieta en la quinta etapa, se vistió de rosa y conservó la prenda hasta que la perdió en la etapa del Valle de Aosta, que se corrió el pasado sábado. Desde entonces lucha contra viento, marea y el equipo Visma para conservar la ‘maglia bianca’, que identifica al mejor joven de 25 años clasificado en la general.

El francés Paul Magnier se impone en la 18ª etapa del Giro.

El francés Paul Magnier se impone en la 18ª etapa del Giro. / GIRO DE ITALIA

Ahora, y antes de que todo el Giro se enfrente a la dureza dolomítica de este viernes, ocupa la quinta plaza, aunque más preocupado de que Davide Piganzoli, italiano, compañero de Vingegaard, y ‘menor’ como él, no le arrebate el blanco inmaculado con el que va vestido. Lleva 2.17 minutos de ventaja y todo dependerá, sobre todo, del rol que el joven corredor transalpino juegue de cara a su líder danés.

Eulálio corre en el Bahrain, el equipo que liderará Pello Bilbao en el Tour. Reside en Aveiro, la pequeña Venecia portuguesa, con su novia y en pocos días se ha ganado la fama de Portugal. No ganará el Giro, pero, al margen de si conserva o no el jersey blanco, sí puede terminar entre los 10 primeros, sobre todo si se tiene en cuenta la rivalidad a la que se enfrenta Vingegaard y que, de hecho, por detrás de Eulálio, salvando a Piganzoli, no aparece ningún otro corredor, nombres aparte, con mejor forma que él.

Caída tonta

Tuvo la desgracia de caer, un enganchón tonto y doloroso, cuando circulaba la fuga nuestra de cada día, permitida y capturable porque el guion, a pesar del muro estilo Vuelta que había al final, indicaba que la etapa se decidía al esprint.

Quizás encendido y cabreado por el accidente anotó el fiero Muro di Ca del Poggio en la agenda de su cabeza. Era una rampa de poco más de un kilómetro, aunque con rampas del 18% que se ubicaba a 9 de la llegada a Pieve di Soligo, cerca de Treviso, en la región del Véneto.

La antepenúltima etapa del Giro.

La antepenúltima etapa del Giro. / GIRO DE ITALIA

Allí se produjo la imagen más entretenida del día. Eulálio atacó, se colocó al frente del Giro y trató de coronar el muro, aunque Vingegaard -quizás innecesario- no se lo permitió y el danés pasó en primer lugar. Siempre quedará la duda de si sobraba el gesto omnipotente del corredor danés que no necesita mostrar a nadie, menos a Eulálio, que es el más fuerte y único patrón de este Giro.

Volvió a intentarlo el portugués en los kilómetros llanos previos a la meta, pero allí, los equipos con velocistas ya estaban con la boca abierta, el cuchillo, el tenedor y la comida en el plato. Ganó Magnier tal cual había hecho en dos de las tres etapas búlgaras con las que se estrenó la prueba.

Este viernes será distinto, en una etapa por los Dolomitas que incluye, sobre todo, la ascensión al histórico Passo Giau. Se estrenó en 1973 con una memorable actuación de José Manuel Fuente que le sacó los colores a Eddy Merckx.

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