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Opinión | Apunte

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO

Cruyff, Guardiola, Messi y... Alexia

Alexia, el día que conquistó la Champions en la final de San Mamés del 25 de mayo de 2024.

Alexia, el día que conquistó la Champions en la final de San Mamés del 25 de mayo de 2024. / Afp7

Alexia Putellas ha decidido dejar el Barça y habrá quien se ponga a buscar razones para hacer más llevadero el luto. Vivimos en un mundo en que queremos entenderlo todo. Que si el dinero que le pongan en otro lugar, más que merecido al tratarse de un icono que trasciende el deporte; que si la nula competitividad en una Liga F que, por mucho que nos vendan la burra, sigue siendo de cartón piedra; que si la necesidad vital de cambiar de ambiente, descubrir otras culturas o de asumir nuevos retos que la permitan volver a explorar sus límites... Poco importa cuando ella se ha ganado el derecho a irse en paz, sin reproches por parte de nadie, ni de un club que la respeta ni de una afición que la adora. Y con la convicción de haber sabido cerrar el círculo a su manera. Ella, al contrario que Leo Messi, cuyo traumático adiós aún se arrastra, ha podido decidir cómo acabar su relato en el Barça. Ojalá siempre fuera así.

Johan Cruyff, la figura más importante de la historia del Barcelona, el mismo que como futbolista sacó al club de la Edad Media y que como entrenador le arrancó los complejos de inferioridad sentado sobre un balón, fue despedido de mala manera por Joan Gaspart, el esbirro entonces del expresidente Núñez, con sillas que tuvieron más altura que la dignidad de quienes mandaban. Guardiola, al que ya le hicieron la vida imposible como jugador, ha sido elevado al firmamento del fútbol inglés tras una década, sí, en el banquillo del Manchester City -aquí, el 'rosellismo' no le dio demasiada importancia a que sublimara el legado de Cruyff y conjugara el arte con un éxito que los ponentes de Harvard daban por descontado-. Mientras que Messi, quien lo hubiera dado todo por despedirse del barcelonismo con las botas puestas, tuvo que largarse porque, decían los de ahora, no había manera de ajustar su contrato a las normas del límite salarial.

Nada de eso ha ocurrido con Alexia, integrante, faltaría más, de esa iconografía barcelonista que logró una transformación deportiva y cultural del club en momentos clave de su historia. Aunque, en su caso, de una manera aún más radical. Porque Alexia ha vivido las dos caras del fútbol femenino, desde los tiempos en que, aún en el Espanyol, te entrenaba cualquiera que pasara por allí, ejercitándose a las tantas y donde no molestaras, hasta esta época en que, tras ganar dos veces el Balón de Oro y eliminar por siempre la condescendencia que machacaba a las jugadoras, pudo recoger los frutos a un esfuerzo que sólo ella puede entender. Ya no sólo aquellos viernes por la tarde que se dejaba las piernas en la plaza del Ayuntamiento de Mollet siendo la única niña que jugaba a fútbol, sino cuando, como premio de los patrocinadores por ir convocada al Mundial de Canadá, le regalaron una taza para echarse café. Con logo, faltaría más.

Alexia Putellas, en una imagen de 2013.

Alexia Putellas, en una imagen de 2013. / Efe

A Alexia, siendo una cría, la dejaron una vez fuera de la selección catalana porque el entrenador veía que no defendía, que no se esforzaba lo suficiente. A su padre, Jaume, que murió dos meses antes de que pudiera volver a un Barça donde acabó reinando, aquello no le gustó un pelo. No fue a pedirle explicaciones al presunto malo de la película, el entrenador, sino a su hija. Y le hizo ver que, por buena que fuera, por talento que tuviera, si no corría más que el resto, jamás podría alcanzar un sueño que, por desgracia, no dependía sólo de ella. Porque la sociedad no sólo negaba a la mujer en el fútbol, sino que la aplastaba y la humillaba.

Hace unos años, el que aquí escribe le preguntó si era soñadora. Y Alexia, que nunca se dejó nublar por la fama, y pese a la creciente presión de quienes quisieron ver en ella un reclamo publicitario en vez de una futbolista sin igual, respondió que sólo creía en los sueños que se podían alcanzar. Busquen ahí la respuesta a su grandeza.

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