Girona - Elche (1-1)
El Girona baja a Segunda tras ser incapaz de derrotar al Elche
Montilivi llora el descenso de los de Míchel, que, después de una triste primera parte, reaccionan con el 1-1 de Arnau, pero no encuentran el segundo que habría supuesto la salvación.

Míchel Sánchez, durante el empate frente al Elche que llevó al Girona a Segunda. / David Borrat / Efe
Y el Girona se estrelló. Hacía semanas que jugaba con fuego, caminando por un campo de minas y esquivándolas por los pelos, hasta que este sábado, a medio metro de la línea de meta, se ha inmolado. Se acabó. El Girona ha sido incapaz de derrotar al Elche y vuelve a Segunda División cuatro años después. Ni el mejor Montilivi de las grandes ocasiones ha podido ayudar al equipo a ganar un partido que le habría dado la salvación. El gol de Arnau nada más empezar la segunda parte dio vida a un Girona, nerviosísimo, que tiró a la basura una primera mitad que se le había puesto muy cuesta arriba con el 0-1 de Álvaro. Tarde y mal. El larguero frenó el que habría sido el segundo gol de Lemar y la salvación. Las lágrimas volvieron a invadir Montilivi. Una vez más. Ni el Barça ni el Madrid, ni el Arsenal ni el Liverpool la próxima temporada: por el estadio pasarán el Ceuta y el Andorra. Solo dos años después de tocar el cielo y disputar la Champions. Seguramente, el peor final posible de la era Míchel.
Ya no servía de nada lamentarse por todos los puntos que se habían escapado ni por la pésima planificación deportiva. El Girona se lo jugaba todo a una carta: la victoria contra un Elche al que sí le valía el empate. Pocos inventos podían hacerse en una final como la de ayer. Con Stuani conservado en formol durante toda la semana, infiltrado y esperando su turno en el banquillo, Míchel sí tuvo que recurrir a David López, que no era titular desde agosto, para suplir las bajas por lesión de Francés y Blind. Daba igual. Tocaba salir con agresividad y a morder desde el primer momento, empujados por el ambiente. Los nervios, sin embargo, complicaban la situación. El Elche dejó claro desde el inicio que se lo tomaba con calma, mientras los de Míchel no encontraban la manera de llegar con peligro al área de Dituro. No pasaba nada, y eso no era una buena señal. Los visitantes estaban increíblemente cómodos tanto con balón como sin él en una primera parte con muy poca cosa, ofensivamente hablando, del Girona. Montilivi respondía, pero el equipo estaba agarrotado sobre el césped, sin lograr inclinar el campo hacia el área de Dituro.

Gazzaniga, portero del Girona, se lamentra tras encajar el gol del Elche. / Afp7
Superada la media hora de juego, el Girona todavía no había disparado a portería. Insuficiente en un partido en el que solo valía ganar. Arnau se incrustaba en el centro del campo tratando de encontrar una superioridad numérica que no llegaba. Como tampoco llegaban las ocasiones, mientras Míchel se desesperaba en el banquillo viendo la impotencia de los suyos. Lo mejor era el resultado para un pobre Girona, que vería cómo le entraba el agua en casa antes del descanso. Álvaro Rodríguez recibiría un balón dentro del área y, después de dar tres o cuatro toques, remató a la media vuelta con todas las facilidades del mundo para situar un terrible 0-1 en el marcador.
Grogui
Se hacía de noche en Montilivi. El Girona había quedado aún más grogui de lo que estaba y a punto estuvo de quedar muerto si Álvaro Rodríguez hubiera hecho el segundo en una buena finalización. El Girona no daría señales de vida en ataque hasta el añadido de la primera parte, cuando Dituro rechazó, con problemas, un disparo de Bryan Gil. Insuficiente.
No tenía nada de buena pinta un partido que se abriría de golpe nada más empezar la segunda parte, cuando Arnau aprovechó el rechace de Dituro a una falta de Ounahi para empatar el encuentro. Había partido; había vida, y el estadio volvía a despertar. Valía la pena intentarlo, y más con Stuani en el campo. El uruguayo entró junto a Beltrán y Rincón, con media hora por delante. Era necesario, eso sí, que le llegaran balones.
Valera perdonaría el segundo visitante mientras el Girona se iba apagando. Lemar y Echeverri también estaban en el campo en busca de un golpe de genio que iluminara al equipo. Y a punto estuvo de hacerlo Lemar con un zapatazo desde fuera del área al larguero, que frenaba la ilusión. El Girona lo intentaría a la desesperada, sin éxito. Ni con el Elche salvado por los resultados, en los 30 últimos segundos, pudo ser. La Segunda División es una realidad.
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