Final de la Champions
Un Barça campeón gana su cuarta Champions ante el OL Lyonnes (4-0)
Los dobletes de Ewa Pajor y Salma Paralluelo, con la actuación imperial de Cata Coll, encumbra a las azulgranas hacia su cuarta corona europea en el Ullevaal Stadion

Javier Vendrell Camacho

Se recompuso y tomó la corona que le pertenece. El Barça, gigante de Europa, se coronó con su cuarta final de la Champions después de derrotar al OL Lyonnes. Fue su redención, la de las dos goleadoras, Ewa Pajor y Salma Paralluelo, con dobletes de justicia futbolística. Vuelve el Barcelona a ocupar su trono, del que nunca quisieron levantarse.
Este Barça está acostumbrado a jugar los partidos frente a la portería rival. Y fue lo primero que intentó desactivar el OL Lyonnes. Se echó arriba el conjunto francés, que no escatimó en ir al choque. Al cuerpo a cuerpo, con contundencia para frenar a las azulgranas. Desde el pitido inicial, el encuentro fue de ida y venida, rompiéndose demasiado para los intereses azulgranas. El centro del campo, ahogado, entre líneas demasiado juntas.
El gol anulado
La profundidad que le quiso dar al encuentro Pere Romeu con la presencia de Salma en el once no sirvió para mucho. La realidad desmontó la teoría: no llegaban balones más allá del centro del campo. Y ante un Barça aturdido, las francesas dieron el susto. A balón parado, una de sus principales armas, Selma Bacha la puso dentro del área pequeña. Wendie Renard remató de cabeza un esférico que logró rechazar Cata Coll, pero que no logró enviar demasiado lejos. Lindsey Heaps lo interceptó con la punta de la bota para enviarla al fondo de la red. La revisión decretó fuera de juego de Heaps y el 0-0 se mantuvo en el marcador.
Jonatan Giráldez le hizo lo peor que le podía hacer al Barça: le quitó el balón. Mientras que en el primer cuarto de hora el conjunto francés esperó a ver qué se encontraba, tras el tanto anulado cogió las riendas del partido. Y, sin el esférico, las azulgranas no supieron estar. No salían los pases en profundidad, que estaba siendo la única manera con la que el Barça conseguía salir de su propio campo, y le duraba muy poco el balón. Un Barça incómodo, que no logró construir, y la falta de control derivó en movimientos tácticos: Patri se colocó como tercera central y Graham Hansen de lateral, para protegerse de las acometidas del OL.
Nueva cara
El descanso le permitió a las azulgranas recapacitar. Con una nueva cara volvió a salir sobre el verde, más calmada. Supo vivir en la incomodidad. Y llegó su redención. Ewa Pajor, que tanto ha sufrido en finales de la Champions, cinco pérdidas hasta Oslo, no iba a permitir que la historia se repitiera. Porque ella escribe su propia historia y la polaca es el gol de este equipo. Había tenido un par en la primera parte, que no terminaron de ver portería. En la segunda parte se plantó. Dijo basta.
Pajor envió un balón cruzado que superó a Endler, ajustándolo totalmente pegado al palo más largo, totalmente imposible de interceptar. Se lo debía el fútbol y no había mejor momento de redimirse de su pasado que elevando a su Barça hacia el título. Pero no lo hizo solo una vez, sino que volvió a agujerear la portería de Endler minutos después. Una jugada colectiva que terminó con Salma habilitando a Pajor, sola ante la guardameta chilena, que volvió a definir a las mil maravillas.

Ewa Pajor celebra su segundo gol en la final de la Champions ante el Lyon en Oslo. / Alberto Estévez / Efe
La alzaron sus compañeras. La elevaron al cielo, como ella lo hizo con el equipo del que ya es historia. Volaba el Barça hacia el título, pero se revolvía el OL Lyonnes. Pero tranquilidad absoluta, porque Cata Coll llevaba puesta la capa de superheroína. Actuación imperial de la guardameta azulgrana, que ya durante la primera parte firmó atajadas salvadoras para el equipo de Pere Romeu. Salvó al Barça en la primera parte y volvió a ser imprescindible en la segunda. Excelentes paradas y de todos los tipos. Con fuerza, a media altura, con presencia en un córner... Lo que hiciera falta, pero siempre estuvo allí para mantener a un Barça que se veía, con el 2-0, muy cerca del título.
Con un solo gesto de Alexia, el Ullevaal Stadion se encendió. Pidió a los presentes que se vinieran arriba, que animaran y se volcaran con un equipo que seguía luchando con uñas y dientes por certificar la cuarta corona europea. A los pocos minutos, se marchaba del campo ovacionada por todo el estadio. Le puso el brazalete a Patri Guijarro, a quien le daba el testigo de comandar a este Barça hacia el trofeo. Kika le hacía la reverencias desde la banda, a la capitana, a La Reina.
Y había que cerrarlo. Y lo hizo Salma Paralluelo, con un disparo estratosférico desde la frontal para enterrar al OL Lyonnes. Salió corriendo todo el banquillo hacia Salma, que ya estaba enterrada entre abrazos de sus compañeras. Pero tampoco era suficiente, porque este equipo quería reivindicar su lugar, ocupar su trono, y volvió a ser la zaragozana quien sentenció el encuentro con el cuarto gol en el tiempo añadido. Cuatro goles para sus cuatro coronas.
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