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Dopaje

De los chupitos de brandy y la estricnina al EPO y los esteroides: "El dopaje ha sido parte del desarrollo del deporte moderno"

El libro 'Doping, entre la gloria y la trampa', repasa la evolución histórica del dopaje y de las políticas antidopaje y cuestiona el sistema actual

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El atleta estadounidense Thomas Hicks, vencedor del maratón olímpico de St. Louis, 1904

El atleta estadounidense Thomas Hicks, vencedor del maratón olímpico de St. Louis, 1904 / Jessie Tarbox Beals (Wikimedia Commons)

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Jordi Grífol

Jordi Grífol

Barcelona
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Bajo un calor infernal en St. Louis, Misuri, Thomas Hicks se proclamó campeón del maratón de los Juegos Olímpicos de 1904, los terceros de la era moderna, un auténtico despropósito repleto de excentricidades y de farsantes. Hicks cayó desplomado al cruzar la meta tras 3 horas, 28 minutos y 53 segundos agónicos, todavía alucinado por la fatiga y por la pócima que le había ido suministrando su equipo: claras de huevo, chupitos de brandy y estricnina, un estimulante hoy día utilizado como matarratas. Aquel sería el primer caso documentado de dopaje, aunque ya en la Antigua Grecia experimentaban en pos de mejorar el rendimiento y vencer.

"El dopaje, basándonos en la historia y en los casos que se han descubierto, ha sido parte del desarrollo del deporte moderno. Existe desde que el deporte es deporte y lo que creo que nos incomoda es que, desde la aparición del antidopaje, sigue ocurriendo. No sabemos cómo erradicarlo realmente", expone April Henning, profesora en la Edinburg Business School.

“El mero hecho de que el deporte internacional no tuviera reglas claras contra el dopaje hasta los años 60 muestra que había cierta aceptación pasiva hacia el dopaje. Incluso en algunos deportes como el ciclismo, el fútbol americano o la halterofilia se consideraba algo bastante normal”, relata Paul Dimeo, profesor de la Universidad de Stirling. Ambos investigadores son coautores de ‘Doping, entre la gloria y la trampa’ (Ed. Libros de Ruta), un libro que narra la evolución histórica del dopaje y de las políticas antidopaje, que pone en cuestión.

Ya en el siglo XIX, varios científicos empezaron a documentar sus experimentos con sustancias a medida que el deporte iba dejando atrás el amateurismo. Robert Christison, profesor de medicina de Edimburgo, presentó la cocaína como un gran reductor de fatiga tras varios experimentos subiendo montes. En 1925, el entrenador del Arsenal, Leslie Knighton, le dio a sus jugadores unas “píldoras de la felicidad” antes de un partido. Tan hiperactivos y exaltados estaban durante el encuentro que se negaron a tomar más.  

Las primeras muertes de deportistas

Fueron las primeras muertes de deportistas, como la del ciclista Arthur Linton en 1896 tras la Burdeos-París o la del ciclista danés Knud Jensen en los Juegos Olímpicos de 1960, las que empezaron a configurar y acelerar la lucha antidopaje. Muertes que, explican en el libro, no se puede probar que fueran directamente causadas por la ingesta de sustancias. “Relacionar su muerte con el uso de anfetaminas dotaba de argumentos a aquellos a favor de introducir regulaciones contra el dopaje, así como controles y sanciones a aquellos que fueran encontrados culpables”, escriben Dimeo y Henning. 

La década de los 90 fue un periodo crucial que definió la lucha contra el dopaje. La química empezaba a ser cada vez más compleja, con sustancias como el EPO, la hormona de crecimiento y diuréticos para enmascarar los esteroides en los controles. Y en esas se produjo uno de los grandes escándalos, cuando el atleta Ben Johnson dio positivo por estanozolol, un esteroide anabolizante, poco después de haber derrotado a Carl Lewis en la final de los 100 metros lisos de los Juegos de Seúl de 1988, la carrera más rápida hasta entonces.

Ben Johnson cruzando la meta dos cuerpos por delante de Carl Lewis en la final de Seúl 88

Ben Johnson cruzando la meta dos cuerpos por delante de Carl Lewis en la final olímpica de Seúl 88 / GARY KEMPER / AP

Tal descrédito acabó despertando la conciencia del mundo del deporte para combatir con más dureza el dopaje. "Los Juegos Olímpicos y los 100 metros lisos se ven culturalmente como algo diferente, eso cambió muchas percepciones. Y luego, más o menos al mismo tiempo, ocurrieron otras cosas. La investigación sobre dopaje en Canadá tras el positivo de Ben Johnson mostró que había muchos otros atletas dopándose, no solo en Canadá, sino en EEUU, Europa, Australia y así sucesivamente", relata Dimeo, que en el libro explica minuciosamente cómo se dieron y se afrontaron los escándalos más sonados, desde el dopaje de estado en la RDA y Rusia hasta el dopaje industrial actual. 

Poner a los deportistas en el centro

El libro de Dimeo y Hennig es también una enmienda al "rígido" sistema antidopaje actual, con castigos severos que pueden resultar estigmatizadores, dificultades para apelar aunque se trate de dopaje accidental o inadvertido y un sistema ADAMS que obliga a los deportistas a estar localizables todo el año, entre otras cuestiones. "El escándalo ruso demostró que la justificación para estas medidas tan draconianas era un simple mito: el deporte no iba a limpiarse por poner más controles y sanciones más duras”, dejan escrito Dimeo y Hening, que proponen un sistema más democrático que involucre y dé poder real a los deportistas, también a los afectados por dopaje, para que puedan contar sus experiencias y formen parte de la lucha contra el mismo.

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