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EL ANIVERSARIO

34 años de Wembley-92: los últimos secretos del 'dream team' del Barça

Ocho integrantes de la recordada plantilla que conquistó la primera Copa de Europa del club en 1992 descubren confidencias y detalles desconocidos de aquel inolvidable éxito

Parte de la plantilla de Wembley, reunida ayer por la Cadena Ser.

Parte de la plantilla de Wembley, reunida ayer por la Cadena Ser. / Ser Catalunya

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Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona
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Más o menos se sabía que la frase literal del "salid y disfrutad" no existió -"a no ser que Johan se la dijera en privado a alguien", terció José Mari Bakero para alimentar la leyenda- y que la falta que transformó Ronald Koeman no se ensayó -"el que sabe chutar no hace falta que lo haga 20 veces", observó Carles Rexach-, pero en el legendario Barça que este 20 de mayo celebraba la conquista de Wembley todavía anidan secretos desconocidos 34 años después.

Uno de ellos lo desveló Julio Salinas, tan espontáneo y locuaz él, descubriendo, con fingida indignación, que a Bakero le llaman "Chema" al únicamente conocido como José Mari. "En Euskadi es Chema. Siempre me dijo que yo era el único que le llamaba Chema y ahora resulta que varias personas de su familia le llaman Chema", clamó Salinas. "Menos Flor. Flor me dice muchas cosas menos Chema", se justificó Bakero, aludiendo a su esposa, presente, que luego intervino.

Los jugadores del Barça posan con el trofeo de campeón de la Copa de Europa en Wembley el 20 de mayo de 1992.

Los jugadores del Barça posan con el trofeo de campeón de la Copa de Europa en Wembley el 20 de mayo de 1992. / Archivo EP

La barandilla que une dos playas

Como el Pisuerga pasa por Valladolid, Ser Catalunya hizo coincidir el aniversario de la primera Copa de Europa del Barça (en 1992, en el viejo Wembley) con la presentación del libro de Bakero cuyo enigmático título es 'Mi próxima parada', y escrito con José Javier Torre de coautor. Dos horas de radio y de reencuentro de esos viejos amigos y fieles culés (de todas las edades) en Sitges, donde reside quien fuera el centrocampista del Barça, antes de la Real Sociedad, que cerró la era del dream team en 1996. Una camiseta gigante de 2x2 metros que le regalaron coloreaba el escenario del auditorio, detrás del trofeo de la Copa de Europa, durante la emisión del programa Què t'hi jugues!, dirigido por Sique Rodríguez y Lluís Flaquer.

"Aquí si doy un pase atrás me aplauden. Sitges es mi pueblo", afirmó Bakero en una frase que no escucharon en Goizueta. Ni en San Sebastián, hermanada con Sitges mediante una barandilla instalada en la playa catalana procededente de la Concha. A no ser que se chive Txiki Begiristain (Olaberria, 1964). Llegaron juntos a Barcelona en 1988, pero se separaron antes. A raíz de la segunda final de la Copa de Europa. La de 1994, que apareció sigilosamente. Inevitablemente.

Un éxito con varios padres

"Mejor vida que la de jugador no existe, no te retires nunca", sostiene Txiki en un consejo que ha dado de mayor, en su exitosa carrera como director técnico. "Johan quería hacer muchos cambios. Me dijo que si me quería quedar, que podía hacerlo, pero que iba a jugar poco, que si en otro sitio te dan dos años... Yo le respondí: 'Johan ya lo he entendido"", explicó Begiristain, Aitor para los allegados, "y me fui al Depor, donde me reencontré con Julio". "Esas palabras las recuerdo, en eso Johan no era creativo", terció Salinas (Bilbao, 1963), inmediatamente despedido al regreso de Atenas pese a la promesa de renovar el contrato.

El grado de cariño y de amistad tejido durante más de tres décadas les brinda la confianza para apedrearse verbalmente. Con humor. Bakero se arrogó el éxito de Wembley. "Paré el balón de la falta en el momento preciso. Ni p'alante ni p'atrás. Ronald nunca me ha dado las gracias y Hristo [Stoichkov] está enfadado porque no fue él quien intervino antes del disparo", dijo.

"Paré el balón de la falta en el momento preciso. Ni p'alante ni p'atrás. Ronald nunca me ha dado las gracias y Hristo está enfadado porque no fue él quien intervino antes del disparo"

José Mari Bakero

— Exjugador del Barça

El Barça de Cruyff posa en el Camp Nou en 1999 en un homenaje tributado a la era Cruyff.

El Barça de Cruyff posa en el Camp Nou en 1999 en un homenaje tributado a la era Cruyff. / JORDI COTRINA / EPC

La generosidad de Unzué

Koeman intervino en una grabación desde el club de golf Barcelona, en Sant Esteve Sesrovires, donde el viernes se celebra el torneo benéfico que organiza. Sabía lo que dirían sus compañeros. Lo intuía. Junto a la célebre fotografía del gol, obra de Jordi Cotrina, que inmortaliza el disparo que derrumbó a la Sampdoria en el minuto 111, expuso con una sonrisa de oreja a oreja: "La Copa de Europa la gané yo, sin vuestro esfuerzo". Por si alguien lo malinterpretara -imposible- les invitó a reunirse para comer. "Siempre estáis invitados", añadió. "¿Siempre, siempre?", preguntó al aire Begiristain tomando la palabra del neerlandés.

Juan Carlos Unzué también se atribuyó el mérito de Londres. "Yo estuve entre 1988 y 1990 y dejé que Ronald me marcara muchos goles en los entrenamientos. Le dejé para que cogiera confianza", explicó el meta navarro (Pamplona, 1967), que dio otro ejemplo de bondad y generosidad. "¿Sabéis quién me metió un gol de falta, que no se le metía a nadie? Eusebio", expuso. "Imaginad qué buena persona es que hasta yo le hice un gol de vaselina", abundó Bakero. Desde la platea lo observaba todo José Ramón Alesanco, el capitán del Barça en aquella época.

Juan Carlos Unzué, en una antigua aparición pública.

Juan Carlos Unzué, en una antigua aparición pública. / MARC MARTI FONT / DDG

"Pequeñito, ven para aquí"

Fue en el 5-2 del Barça al Sevilla de 1994 por el que el Barça de Cruyff obtuvo la cuarta Liga consecutiva. Lo nunca visto. Bakero, más socarrón que nunca, encendió una cerilla. "Juan Carlos nos echó una mano. Si se abriera una investigación en profundidad...", dijo con ironía para los adalides de las conspiraciones futbolísticas tipo Negreira. Unzué evocó otra goleada encajada ante el Barça, y como prueba de la profunda e inquebrantable amistad que les une a todos, desveló: "Lo primero que me dijo Flor [la esposa de Bakero] después del partido fue. '¿Tú cómo te enteras de los goles? Por el marcador, ¿no?'".

En ese Barça ya estaba Sergi Barjuan, presente en la celebración sin ser componente tampoco de la plantilla de Wembley. "No sé qué hago aqui", admitió el defensa ((Les Franqueses del Vallès, 1971). Sí lo sabía. Es uno más del dream team y otro internacional de los nueve jugadores del Barça que acudieron al Mundial de 1994. "Cuando entré en el vestuario, el primero que me habló fue Romario. "Pequeñito, ven para aquí", me espetó. Él, que era más bajito que yo", reía Barjuan.

"Yo no tenía número, aunque jugaba casi siempre. Llevaba el del que no jugaba: un día el 5, otro el 3, el 2... En la final llevé el 11 de Txiki"

Eusebio Sacristán

— Exjugador del Barça

Sique Rodríguez, José Mari Bakero y Lluís Flaquer, junto al trofeo

Sique Rodríguez, José Mari Bakero y Lluís Flaquer, junto al trofeo / EP

Adaptar a Stoichkov

En cambio, no acudió al Mundial Guillermo Amor (Benidorm, 1967), descartado a última hora. Tampoco jugó en Wembley ante la Sampdoria, sancionado por acumulación de amarillas. Vio la final desde la grada. Viajó con aficionados. Sólo lamentaba no haber convivido en el hotel con sus compañeros en las horas previas. Convinieron todos que aquello era un error, subsanado ahora en la modernidad. "Fue una época bellísima. Creo que contagiamos de alegría a la gente con nuestro juego. El Barça venía de una época complicada tras el motín del Hesperia y nosotros divertíamos, algunas veces se ganaba y otras no", recordó Amor de los dos primeros años de la llegada de Johan, saldados con una Recopa (1988) y una Copa del Rey (1989).

Al año siguiente llegó Hristo Stoichkov. "La feinada que ens va donar...". No pudo reprimirse Carles Rexach (Barcelona, 1947) al rememorar las dificultades para adaptarle al equipo. "Allí arrancaba desde el centro del campo, corría al esprint y chutaba. Aquí era al revés: recibía el balón donde acababa en Bulgaria. Y Cruyff decía: 'Si se pone a correr lo encontraremos en la Travessera", explicó Rexach, despertando las risas cuando Johan le encargó que hablara con el indómito delantero: "Le dije a Hristo que era rápido, agresivo, buen rematador, goleador, pero tienes un problema: no sabes regatear. Me miró mal. Para hacerle entender que jugando de extremo llegaría al espacio y marcaría goles nos costó un mes".

A Eusebio Sacristán (La Seca, 1964) le costó perder la camiseta con el 8 que acostumbraba a lucir. Le pasó lo mismo a Amor cuando el búlgaro regresó en 1996, que tuvo que ceder el número y cambiar al 18 después de que José Mourinho, el ayudante de Bobby Robson, le rogara que solucionara "el problema".

Ese fastidio reapareció en la cita en palabras de Eusebio. "Al final yo no tenía un número, aunque jugaba casi siempre. Llevaba el del que no jugaba: un día el 5, otro el 3, el 2... En la final llevé el 11 de Txiki". Estaba a su lado, sin que nadie dejara de sonreír en uno de los días más felices de la vida de los culés.

El escenario del hotel Meliá de Sitges donde se emotió el programa 'Què t'hi jugues!'

El escenario del hotel Meliá de Sitges donde se emotió el programa 'Què t'hi jugues!' / EP

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