Opinión | GOLPE FRANCO

Periodista y escritor
Lewandowski, mucho más que aquel futbolista
Lewandowski anuncia su marcha del FC Barcelona: "Catalunya es mi lugar en la Tierra"

EFE
Era tan raro Lewandowski que cuando llegó al Barça parecía venir del otro mundo en el que los jugadores de fútbol no eran capaces de mirar para otro lado que para su propia sombra.
Poco a poco esa mirada extraviada terminó siendo la vida sencilla de un ser humano que, al centrar los balones, o al reprimir las jugadas ajenas, era capaz de guiñarle el ojo a los compañeros, y también a los adversarios. Tenía, además, una capacidad curiosa de explicarles a los árbitros, que no eran sus amigos, en qué se había equivocado cuando le señalaban falta.
Era un despistado del medio campo que sólo se ponía en marcha, y era altamente peligroso, cuando finalmente disparaba allá adonde ya no tiene vuelta de ojo la pelota. Me fijé muy pronto en algo que le hizo, en los albores de su historia, al casi imberbe futbolista que desde el principio se ha llamado Lamine Yamal.
Lewandowski era un despistado del medio campo que sólo se ponía en marcha, y era altamente peligroso, cuando finalmente disparaba allá adonde ya no tiene vuelta de ojo la pelota
Este muchacho, que ahora es su amigo, con el que se ríe en la calle y en el campo, y siempre lo hacen a carcajadas, le reclamó una pelota en el momento en que el veterano sentía que todo el monte era suyo y no de nadie más.
Tengo en la memoria ese momento: el muchacho se colocó de modo que lo viera el veterano en el sitio exacto en el que el chico sí podía hacer gol o cualquier cosa. Lewandowski ni lo miró, y cuando se rehicieron los dos de la jugada fue terrible el descuido del recién llegado: no le dijo ni "por ahí te pudras" y siguió el juego con tanta frescura que yo me pregunté si algún día en la historia que le aguardaba el mayor de todos se iba a rehacer esa amistad que nacía ya débil y rota. El chico estaba lejos del grande, y éste no se daba cuenta.
Poco a poco la historia se fue poniendo del lado de la razón y del encuentro, y los dos (con Pedri, por ejemplo, con los jóvenes restantes, con los despistados y con los cercanos) se hicieron del equipo del Barça hasta el punto de que, ahora que se va Lewandowski, terminaron siendo uña y carne y fútbol y alegría. En estos últimos tiempos del polaco nadie le puede decir a éste que se olvidó de querer al que jugaba al lado.
En estos últimos tiempos del polaco nadie le puede decir a éste que se olvidó de querer al que jugaba al lado
De los futbolistas sólo nos acordamos de los goles o de la rabia que da que no sean eficaces en el remate o en el encuentro. Hay algo más, y más importante, que tenían también Kubala y Suárez: la capacidad de decir "este pase es para ti, lo he inventado yo" sin tener que recurrir ni a las palabras ni al grito, sino al abrazo que se da desde lejos cuando se quiere ser generoso y futbolista.
En la última era de su tiempo Lewandowski fue el futbolista que centraba y que, a la vez, marcaba goles. Ha sido importante y extraño, un hombre y un muchacho, un futbolista que miraba a los nuevos como ajenos y luego fue, sobre todo, uno de ellos. Un compañero que se va siendo ya muchísimo más que un simple futbolista.
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