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Osasuna - Espanyol (1-2)

Un Espanyol de Primera sella la salvación con un triunfo en Pamplona: "Va por todos los pericos, la segunda vuelta ha sido una mierda"

El equipo blanquiazul certifica matemáticamente el objetivo gracias a los goles de Romero y Kike García ante un Osasuna que sufrirá hasta el final.

Carlos Romero celebra su gol contra Osasuna en Pamplona.

Carlos Romero celebra su gol contra Osasuna en Pamplona. / JESÚS DIGES / EFE

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Raúl Paniagua

Raúl Paniagua

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Se liberó el Espanyol el miércoles con un balsámico triunfo ante el Athletic y completó su semana fantástica este domingo con otro éxito en Pamplona (1-2). De temer por sufrir el tercer descenso en seis años a sellar la salvación en apenas cinco días. Así es el club perico, un equipo que maravilló en la primera vuelta y que sufrió un bloqueo tremendo en la segunda. No merecía el retorno al infierno el conjunto de Manolo González, que este domingo certificó la permanencia ante Osasuna. Adiós a los fantasmas. La última cita contra la Real Sociedad será una fiesta en Cornellà con opciones remotas, incluso, de acabar en puestos europeos.

El atasco de la zona baja deparó una penúltima jornada tremenda para todos los implicados en la lucha por escapar del descenso. Aliviado después de lograr su primer triunfo en 2026 tras 19 intentos, el Espanyol se presentó en El Sadar dispuesto a prolongar el subidón y certificar de una vez por todas la salvación. Manolo apostó por un once con tres novedades de carácter ofensivo. Dolan y Pere Milla entraron en las bandas en lugar de Rubén Sánchez y Antoniu Roca mientras Kike García relevó a Roberto como ariete titular. En los navarros, regresó el ‘diablo’ Víctor Muñoz tras una lesión, lo que suponía una advertencia más para la defensa catalana.

Primer tiro a puerta, primer gol

Con 700 pericos en las gradas de El Sadar, el Espanyol se mostró muy concentrado en su puesta en escena. Un zurdazo alto de Budimir fue el único susto para el bloque de Manolo, que se encontraba cómodo ante un rival con malas sensaciones después de sufrir tres derrotas consecutivas. Pere Milla dio el primer aviso y Carlos Romero, el hombre de los golazos de la temporada, adelantó a los blanquiazules con otro de sus clásicos zurdazos tras una falta lanzada por Expósito que rebotó en la barrera.

Manolo González da instrucciones a sus jugadores en el partido de este domingo en Pamplona.

Manolo González da instrucciones a sus jugadores en el partido de este domingo en Pamplona. / JESÚS DIGES / EFE

Primer tiro a puerta y gol. Mejor imposible. Pintaba de maravilla la cosa para un Espanyol que supo sobrevivir en un par de ocasiones casi consecutivas de los locales. Dmitrovic se agigantó ante Rubén García en la primera y Romero evitó males mayores en la segunda. Así se llegó al intermedio con felicidad en los rostros de los jugadores de Manolo, conscientes de que sería complicado mantener la renta en la segunda mitad.

El eterno 'obrero del gol'

Osasuna regresó de vestuarios con una marcha más y Víctor Muñoz puso las tablas con un disparo que sorprendió al meta visitante (m. 48). Pero el Espanyol no se vino abajo y volvió a ser el equipo valiente de la primera vuelta que se crecía ante cualquier adversidad. Ni cinco minutos duró el equilibrio. Kike García, el eterno obrero del gol, se encargó de devolver la ventaja a los pericos antes de ser sustituido por unas molestias.

Budimir controla un balón entre Omar El Hilali y Riedel, este domingo en El Sadar.

Budimir controla un balón entre Omar El Hilali y Riedel, este domingo en El Sadar. / JESÚS DIGES / EFE

Dmitrovic desbarató el empate de Budimir en un testarazo repelido por el serbio de forma providencial. Quedaba solo aguantar el arreón final de los rojillos. Con los resultados del resto de duelos, el empate bastaba a ambos para sellar la salvación. Osasuna lo intentó de todas las formas, pero Manolo no quiso saber nada de pactos. Un Espanyol de Primera se salvó ganando como un grande. "Va por todos los pericos, que han sufrido mucho. Lo hemos pasado fatal, la segunda vuelta ha sido una mierda", proclamó Romero.

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