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La industria del deporte

FP, el título del legado, por Marc Menchén

Florentino no parece obsesionado con dejar más dinero, sino con blindar un sistema que reduzca el riesgo de que cualquier sucesor pueda alterar la estabilidad económica que ha construido durante un cuarto de siglo.

Florentino Pérez, en una rueda de prensa

Florentino Pérez, en una rueda de prensa / EFE\JUANJO MARTIN

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Marc Menchén

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Hay presidentes que gobiernan pensando en el corto plazo. No es Florentino Pérez, que lleva más de dos décadas dirigiendo el Real Madrid como quien diseña una multinacional con obsesión casi enfermiza por el legado. Nadie puede discutirle que ha sido el gran artífice de la transformación económica del club. Lo recibió desgarrado financieramente y lo deja convertido en la única propiedad deportiva que factura más de 1.000 millones de euros y gana dinero.

Y, sin embargo, sus últimas intervenciones dejan una sensación curiosa: la de alguien que percibe que su obra aún está inacabada y teme no tener tiempo —o crédito suficiente ante el socio— para completarla. Como si el verdadero título que persigue ya no fuera otra Champions League, sino blindar el legado antes de abandonar el palco.

No le falta razón. Porque hay proyectos que difícilmente estarán resueltos en los dos años y medio que le restarían antes de decidir si avanza elecciones. El Santiago Bernabéu es el mejor ejemplo. El estadio ya funciona como una máquina de facturar, pero también ha acumulado problemas relevantes. Los conciertos, el parking o algunos locales comerciales se han convertido en un quebradero de cabeza que él mismo admite que necesitará resolver por la vía política.

El verdadero desafío

Ahí aparece también otro de sus grandes proyectos: la recalificación de los terrenos anexos a Valdebebas para levantar un gran hub tecnológico alrededor de la ciudad deportiva. La operación puede volver a reforzar el músculo económico —y deportivo— del club, pero requiere precisamente ese perfil que pocos encarnan mejor que él en el fútbol junto a Javier Tebas o Joan Laporta: mezcla de instinto empresarial y capacidad de influencia política.

Aunque probablemente el verdadero desafío silenciado sea otro. La sensación de que todavía no ha encontrado un sucesor claro —José Ángel Sánchez y Anas Laghari se mueven mejor lejos de los focos— ni tampoco la fórmula definitiva para culminar su gran movimiento estratégico: abrir la puerta del Real Madrid a un inversor externo.

Algunos defenderán que eso permitiría dar un valor económico tangible al carné de socio. Otros, que una valoración de 10.000 millones convertiría la venta de un 5% en una inyección ideal para aliviar la mochila financiera del Bernabéu.

Pero mi impresión es otra. Florentino no parece obsesionado con dejar más dinero, sino con blindar un sistema que reduzca el riesgo de que cualquier sucesor pueda alterar la estabilidad económica que ha construido durante un cuarto de siglo. Porque el fútbol lleva tiempo demostrando algo incómodo: tener cientos de millones en el banco no convierte automáticamente a nadie en un gran gestor deportivo.

El trono del 'sport business'

La industria deportiva ya mueve más de 174.000 millones de dólares al año, pero la distancia entre quienes más facturan y quienes intentan seguirles el ritmo sigue siendo gigantesca. La NFL lidera el negocio mundial con 14.900 millones de dólares, mientras que LaLiga genera 4.700 millones y se mantiene como la segunda competición futbolística con más ingresos del planeta, sólo por detrás de la Premier League.

La gran diferencia está en el ecosistema. Mientras la Premier supera los 10.000 millones de dólares gracias a la fortaleza colectiva de sus clubs, el fútbol español continúa apoyándose en El Clásico. Real Madrid y FC Barcelona generan juntos 1.800 millones de dólares, el 66% de todos los ingresos de clubs de LaLiga.

Aun así, España mantiene un activo diferencial: la capacidad de competir deportivamente con bastante menos dinero. Porque el reto ya no es alcanzar a la Premier, sino evitar que la distancia económica siga ampliándose.

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