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Opinión | Apunte

El real ser superior

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. / AFP7

Les confieso que aún me estoy recuperando de esta sobredosis de Florentino Pérez. Y sigo sin dar crédito, aún cuando tuviera una secuela en La Sexta con Josep Pedrerol. Reconfirmé que, al que Emilio Butragueño describió como “un ser superior”, se ha hecho carne y habita entre nosotros.

Parapetado en sus negocios y su riqueza, al presidente del Real Madrid le veíamos poco y les escuchábamos menos. Sabíamos de sus filias y sus fobias y de este teléfono rojo que levanta cuando un artículo no le gusta o un árbitro le toca las narices. También conocíamos que torció el morro cuando le recomendaron que apostara por el fútbol femenino, cosa que hizo cuando le aseguraron que ingresaría algún dinero de las retransmisiones. Ni se le ha visto ni se le espera en los partidos de la sección porque ni le gusta ni le interesa lo más mínimo. Identificábamos al personaje como a alguien muy poderoso que reunía en su palco a lo más granado del mundo político, jurídico y empresarial entre los que se sentía un dios.

Algo más de una hora de comparecencia pública lo puso, a ojos de todos, en un plano real y terrenal. Florentino Pérez nos llevó de la mano -y de los pelos, que también- a su ADN. El de un hombre del medioevo, acostumbrado a detentar un poder absoluto que tiene a todos los de su alrededor enfajados para soportar ir todo el día bajando el tronco y la cabeza. El de una persona megalómana, prepotente y machista, que dispara a todo aquel que ose criticarlo y que, con armas, también dice que esa será la única forma de echarle del trono blanco. A tiros. El de alguien que se rige por las normas de un pasado muy pesado pero que no quiere cambiar. Porque yo lo valgo, sin melena al viento pero con todo el ídem a su favor. El ‘porque yo lo digo y punto’. El que amenaza con “acabar con los malos periodistas y no periodistas que hacen daño al Real Madrid”. Fue tan real como increíble verle en acción perdiendo los papeles, disperso, desatado, desubicado y alterado. Sin filtros. Un mortal más en esta tierra de todos.

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