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Florentino se pasea desnudo por Valdebebas

La intrahistoria de una rueda de prensa que marca un antes y un después en el Real Madrid y en la trayectoria del presidente blanco

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EFE

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Fermín de la Calle

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Madrid
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Ayer salimos de Valdebebas en shock. Embargados por la sensación de haber sido testigos de un episodio histórico y al tiempo cruel. El devastador efecto del paso del tiempo. Su protagonista, Florentino Pérez, no pisaba la sala de prensa de Valdebebas desde el 31 de mayo de 2018. Y ayer supimos por qué. Desafortunadamente para él. 12 de mayo de 2026. El día que Florentino dimitió sin saberlo. Un episodio que se explica desde los detalles que rodearon a su comparecencia.

En diciembre del año pasado Florentino convocó a la prensa a su tradicional copa de Navidad. Después de un discurso incendiario por el ‘caso Negreira’ el presidente se acercó al corrillo de periodistas que cubre diariamente la información del Real Madrid. Nos fue saludando uno a uno cruzando alguna palabra con aquellos a los que nos apretó la mano con tibieza. Pero al llegar a la mitad, sorprendentemente cambió el sentido de su movimiento y volvió a saludar a los mismos a los que lo había antes. “Hay demasiada gente hoy aquí, creo que me voy a sentar con Pirri”. Y se sentó en la mesa presidencial, de la que se marchó sin cruzar palabra con más invitados.

Una rueda de prensa por sorpresa

Ayer, Florentino comunicó a su equipo de comunicación a las 16:00 horas que iba a ofrecer una rueda de prensa un par de horas más tarde. Lo hizo para que no tuvieran margen de maniobra, evitando así que le convencieran de lo contrario. Y logró su propósito, en contra de la opinión de sus asesores. Solo había que ver la cara de José Ángel Sánchez, Carlos Carbajosa o del equipo de comunicación cuando salieron a la abarrotada sala de prensa a las 18.18 exactamente. Lo que vino después es difícil de explicar con palabras e incluso duro de asimilar. El presidente comenzó a balbucear perdido en un mar de papeles, hablando con un tono indescifrable e ininteligible que hizo saltar inmediatamente las alarmas entre sus empleados. Juan Camilo, su obediente jefe de prensa, hacía aspavientos a la mesa de sonido para disparar la regleta del volumen arriba tratando de que el hilo de voz de Florentino se escuchase ante la estupefacta audiencia. El problema no era el volumen...

Florentino se perdía a medida que se estiraban las frases, farfullaba tartamudeando mientras daba vueltas a la misma idea como quien rodea tres veces una rotonda antes de elegir la salida. La deriva del presidente provocaba el estupor de sus colaboradores. José Ángel Sánchez observaba pálido el desastre, igual que dos de sus ‘guardaespaldas’ habituales, el director de comunicación del club, Antonio Galeano, y el responsable de Contenidos Audiovisuales Institucionales, César Nanclares. La comparecencia había tornado en una capitulación. Tan dantesca era la situación que mediada la rueda de prensa uno de los directores de comunicación desapareció de la sala mientras su jefe de prensa menguaba a una velocidad inversamente proporcional a la que Florentino se iba inflamando.

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El presidente comenzó a disparar a diestro y siniestro e hizo presa con un medio tan poco sospechoso de antimadridismo como ABC, provocando un careo con su redactor Rubén Cañizares. El periodista salió airoso siendo bastante más elegante que el dirigente. Es curioso, conozco a Rubén desde hace más de 20 años porque he trabajado con él y su madridismo y su respeto a Florentino, al que considera el mejor presidente del Real Madrid, solo es superado por su sentido de la responsabilidad con el periodismo. Cañizares sacó la muleta y devolvió a Florentino a los medios con oficio. Y después el presidente comenzó a nombrar periodistas ajenos a la sala de prensa de Valdebebas y al barro de las guardias. Disparaba a la tropa cuando en realidad apuntaba a sus generales. Hasta que en un atisbo de brillantez entendió que equivocaba el tiro.

Entre Torrente y Andersen

Luego Pérez señaló sin pronunciar su nombre a Enrique Riquelme, un empresario alicantino que reúne los requisitos para presentarle batalla. Fue el momento en el que se le vio más encendido. Una vez ya lanzado se sintió con fuerzas y desautorizó varias veces a su jefe de prensa alargando la rueda de prensa media hora más. Entonces quiso ser divertido, pero su humor casi octogenario le jugó una mala pasada. “A ver, esa niña que tiene derecho a hablar. Que todos vosotros sois muy feos, joder”, apuntó en un comentario digno de Torrente al dar el turno de pregunta a Lola Hernández, de Fox. El comentario chirriante se sumaba a la referencia que hizo de la columnista de ABC, María José Fuenteálamo: “Esto lo ha escrito una mujer que no sé si ni siquiera sabe de fútbol”. Un espectáculo poco reconfortante con Florentino convertido en Trump en el discurso con el devenir errático del Biden.

En ‘El traje nuevo del emperador’, Hans Christian Andersen narra la historia de un emperador vanidoso engañado por dos estafadores que fingen tejer una tela invisible para los ineptos. Por orgullo y por miedo, el emperador y su corte fingen verla, desfilando desnudo hasta que un niño revela la verdad. En este Real Madrid hay un emperador provecto y una corte que, por miedo, se niega a revelarle la verdad que todos pudimos ver ayer. ¿Quién le descubrirá la verdad?

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