EL LÍDER INSTITUCIONAL AZULGRANA
Con Flick y sin oposición, Laporta salta y baila, pero algunos problemas en el Barça persisten
El carisma y el instinto deportivo impulsan la popularidad del presidente electo, al que le resulta más fácil ganar ligas que cuadrar los números
Los mejores momentos del Barça, rey de la Liga

Joan Laporta, en el palco del Camp Nou en el partido contra el Real Madrid. / JORDI COTRINA / EPC_EXTERNAS

El pueblo habló: decidió que Joan Laporta debía seguir como presidente. La elección de Hansi Flick, a quien todo barcelonista querría como padrino de boda de sus hijas, resultó tan irresistible como una lona gigante en el centro de Madrid. Luego está el carisma de líder supremo, la destreza con las butifarras, la forma desacomplejada de desenvolverse por las incertidumbres de este mundo... Todo esto es atractivo y seduce. Es evidente. Pero, sobre todo, sopló a su favor el entrenador y esa pandilla de adolescentes que transmite sentimiento culé y que entretiene durante dos horas tanto como un thriller bien armado. Quizá aún no tenga el equipo la constitución propia de un campeón de Europa, pero pinta a que pronto la tendrá, y la masa social votó que de momento está disfrutando del camino.

Joan Laporta y Rafa Yuste celebran con la plantilla del FC Barcelona el título de Liga el domingo. / Andreu Dalmau / EFE
Laporta se recupera hoy de otra de sus fiestas, siempre estruendosas. Vive en paz, con la placentera sensación de sentirse respaldado y el gustillo de que todo lo que se le reprochó en los últimos cinco años de gestión no caló. Y si caló, no importó. El régimen perdurará hasta 2031, si Dios quiere, empezando oficialmente el 1 de julio, aunque de las oficinas del FC Barcelona entra y sale desde las elecciones con el mismo sentido de pertenencia y voluntad de servicio que antes. Preside Rafa Yuste, bendice Joan Laporta.
El título de Liga del curso pasado, con los comicios a la vista, dio robustez a su propuesta de continuidad. Aun así, por si acaso, citó a los socios en medio del fragor competitivo, con todo por resolver. Pareció haber cálculo electoral. No obstante, nada hace pensar que el resultado hubiera variado de haber esperado a final de temporada. La segunda Liga de Flick sabe a afrodisíaco y le permite a Laporta arrancar el nuevo ciclo presidencial con una copa de cava en la mano, un puro en la otra y a sabiendas de tener las aguas del entorno en calma chicha. Encima, la continuidad del técnico alemán está garantizada. Es, para él, tiempo de saltos y bailes.
No obstante, los problemas del club, aun con la fiscalización relajada y la oposición hundida, no desaparecen. En cinco años, Laporta y su equipo económico no han sabido devolver al Barça a la ortodoxia del fair play financiero, la llamada regla del 1:1. Inscribir los contratos de los nuevos jugadores, en otros tiempos un mero trámite burocrático, cuesta más que fichar en sí. Siempre falta muy poco. ¿Será por fin este verano cuando todas las piezas hagan clic? Sería conveniente para que Deco, otro fichaje fruto de su buen instinto, pueda trabajar de una vez sin las manos atadas a la espalda.
Desafíos económicos
El Barça aspira a fichar a un central y un ‘9’ como mínimo, quizá también un extremo. La probable salida de Robert Lewandowski y la amortización ampliada del contrato de Frenkie de Jong deberían proporcionar oxígeno. Y se está a la espera de un cobro pendiente por la subrogación de los palcos VIP antes del 30 de junio. Pero como esto del fair play financiero no lo entiende ni la IA de Anthropic, mejor no especular más. Ya avisará Javier Tebas.
Cuadrar los números está resultando más difícil que ganar ligas. Laporta lleva siete en su presidencia, tres ya en esta segunda etapa. A ver cómo cierra el ejercicio económico 2025-26 y si consigue los ingresos presupuestados de 1.079 millones. El fantasma de la necesidad de alguna venta relevante de la primera plantilla se cuela por las rendijas de la entidad, rumorología del momento.

Joan Laporta conversa con el presidente de la RFE fútbol, Rafael Louzán, y Rafa Yuste en el palco antes del ‘clásico’ entre el FC Barcelona y el Real Madrid. / JORDI COTRINA / EPC
Y por el camino pueden haber algunos contratiempos suplementarios, sobre todo en relación a la reforma del Camp Nou, que no estará completada, presuntamente, hasta finales de 2028. Falta un verano para completar la tercera gradería, otro para instalar la cubierta y un tercero para montar las tres macropantallas. Todo este retraso invita a pensar en un desvío presupuestario sobre lo aprobado en Asamblea de Compromisarios. Del nuevo Palau Blaugrana ya apenas se habla, una vez superadas las elecciones. Volverá. Algún día tendrá que volver como tema de conversación.
Ahora mismo, como corresponde, prevalece la dicha por la Liga, la expectación por el roce de una nueva Champions femenina y el espectáculo del desguace del madridismo. En las celebraciones Laporta brilla como nunca. Ya llegarán las tormentas. En el Barça siempre las hay, aunque él parece conocer los trucos para, en última instancia, desactivar los rayos y enmudecer los truenos.
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