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Rayo - Girona (1-1)

Stuani rescata al Girona en Vallecas

Un gol del uruguayo en el tiempo añadido salva un punto para los gerundenses en un partido que se encaminaba hacia la derrota.

Alemao había marcado el 1-0 a cinco minutos del final y oscurecía el panorama de un Girona demasiado atenazado por el miedo.

Stuani celebra el gol del empate, este lunes en Vallecas.

Stuani celebra el gol del empate, este lunes en Vallecas. / JUANJO MARTIN / EFE

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Marc Brugués

Madrid
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Tres puntos habrían sido oro, prácticamente el billete directo hacia la salvación. Perder habría supuesto la máxima oscuridad. La depresión total. Y hacia la derrota se encaminaba un partido que invitaba a todos los fantasmas a sentarse en la mesa del comedor cuando Alemao hizo el 1-0 a cinco minutos del final. El partido de los de Míchel había sido gris, marcado por una enorme sensación de miedo que fue creciendo a medida que avanzaban los minutos y que invadió las casas de los aficionados blanquirrojos con el gol de Alemao.

Todo el mundo estaba abatido, pero con Cristhian Stuani en el campo siempre hay una pequeña llama de esperanza. Aunque vaya cojo y tenga 39 años, el capitán siempre es una amenaza y, con un cabezazo a la salida de un córner, salió al rescate del equipo para salvar un punto que puede ser decisivo en la lucha por la permanencia. Siempre Stuani. Solo Stuani. El único que puso luz en la oscuridad de un Girona que, el jueves contra la Real Sociedad en casa, tendrá la oportunidad, sin tanto miedo, de acercarse todavía más al objetivo. Con Stuani todo es posible.

Escenario propicio

A trompicones, los rivales van rascando puntos y apretando más la zona baja. Tres puntos el Sevilla, el Levante y el Valencia; uno el Alavés, el Elche y el Mallorca… hasta reducir todavía más el margen con el descenso. Todo ello hacía que el partido en Vallecas fuera otra buena oportunidad para el Girona de dar un paso adelante y dejar claro a los rivales que no cuenten demasiado con ellos para sufrir en la lucha final.

Lemar se intenta escapar de la defensa del Rayo.

Lemar se intenta escapar de la defensa del Rayo. / AFP7 vía Europa Press

El escenario era, en principio, propicio, porque el Rayo llegaba al partido con la euforia de la clasificación para la final de la Conference League y en una situación cómoda —aunque no del todo resuelta— en la clasificación. Tocaba, pues, hacer el trabajo y demostrar desde el pitido inicial que el equipo había venido a ganar. Para intentarlo, Míchel se inventó a Lemar como falso nueve en lugar de Echeverri, en un once sin Blind y con Francés en el eje central. Enfrente, un Rayo lleno de titulares que no hacía ninguna concesión con el objetivo de no sufrir y, al mismo tiempo, alcanzar la séptima posición.

Fogonazos de Joel Roca

El partido empezó muy frío, con buenos minutos de contemplación por parte de ambos equipos, sobre todo de un Girona muy responsabilizado y con la consigna clara de no cometer errores no forzados. Pasaba poca cosa hasta que Joel Roca aceleró el ritmo ofensivo del equipo con un par de fogonazos. El más claro, después de una pérdida de Lejeune que le dejó solo ante Batalla. Lo dribló, sí, y el portero lo tocó, pero no cayó y su remate lo salvó Óscar Valentín sobre la línea. El Girona había avisado primero en medio de la espesura general. Costaba. O quizá no le interesaba a los de Míchel, muy prudentes y asumiendo los mínimos riesgos.

Míchel e Íñigo se saludan antes del partido de este lunes en Vallecas.

Míchel e Íñigo se saludan antes del partido de este lunes en Vallecas. / JUANJO MARTIN / EFE

El invento de Lemar y Ounahi alternándose la posición de falso nueve no funcionaba. El Girona volvería a pisar el área en una buena transición que finalizaría Tsygankov, algo precipitado, con un remate a las manos de Batalla. Mientras tanto, el Rayo tampoco daba la sensación de buscar el gol con insistencia. Aun así, podría habérselo encontrado tranquilamente en dos ocasiones muy claras de Camello. La primera, un cabezazo a centro del figuerense Chavarría, salió rozando el palo; más clara sería la segunda, justo antes del descanso, cuando Gazzaniga intervino con una gran parada en el uno contra uno ante el delantero local.

Penalti corregido con el VAR

Se llegaba al descanso sin goles. Un escenario que no era del todo malo. La segunda parte empezó con un remate desviado de Tsygankov. Nada. También quedaría en nada lo que podría haber sido la ocasión más clara del partido cuando el árbitro señaló penalti por manos dentro del área del Rayo. El VAR, sin embargo, lo corrigió para hacerle ver que no habían existido y no hubo lanzamiento. A partir de ahí, y viendo que el experimento no funcionaba, Míchel retiró del campo a Lemar y Ounahi para dar entrada a Iván Martín y Echeverri.

El Rayo también refrescó el equipo y cambió todo el frente de ataque. La sacudida no benefició al Girona. Al contrario. El partido se envenenaba. Las cosas no salían y las piernas empezaban a temblar. Los de Míchel habían desaparecido en ataque y se centraban en defender con el riesgo que eso conllevaba. Y claro, quien juega con fuego suele quemarse.

Ya con Stuani en el campo, un despiste entre Francés y Rincón en un saque de banda acabó con el gol de Alemao. Caras largas, gesticulación no verbal clarísima. Parecía perdido. O no. Porque estaba Stuani en el campo. El uruguayo salió al rescate para salvar un punto con un cabezazo a la salida de un córner. Siempre Stuani. El eterno capitán evitaba la depresión de un equipo que sigue muy vivo y que está un punto más cerca del objetivo.

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