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CAMP NOU, 21 H.

El clásico Barça-Madrid jamás visto en la Liga

El Barça prepara en silencio la oportunidad de cantar el alirón en el cara a cara ante el gran rival por primera vez en la historia

El Madrid, a 11 puntos de distancia, acude crispado a la cita en un clima de agresividad en el que sus jugadores se pegan entre sí

Hansi Flick, en la última rueda de prensa del Barça.

Hansi Flick, en la última rueda de prensa del Barça. / Valentí Enrich / SPO

Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona
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Llega el clásico que puede ser definitivo para la Liga, y reencuentra a los dos rivales en los polos opuestos emocionales. El Barça está tranquilo y feliz; el Madrid anda crispado y enojado, agresivo, además. La vida y el deporte siempre ofrecen novedades, como este partido visto en los más de 250 enfrentamientos que han protagonizado ambos equipos desde que se conocieron el 13 de mayo de 1902 para conmemorar la mayoría de edad del rey Alfonso XIII.

Nunca un clásico, tampoco, ha resultado tan concluyente para el desenlace de la Liga entre los únicos aspirantes, aunque la diferencia de puntos (11 más tiene el Barça, con 12 en juego), indique que sólo hay un candidato al título. La victoria del Barça o el empate supone el alirón matemático de los azulgranas y en su propia casa, lo que no se ha producido antes en un duelo directo. Hubo otros clásicos trascendentes, pero eran casi decisivos.

Robert Lewandowski, en el inicio de la última sesión.

Robert Lewandowski, en el inicio de la última sesión. / Valentí Enrich / SPO

Púgiles con antecedentes

A esa circunstancia inédita se añade otra, mucho más llamativa y estridente. Sangrante, si se permite la expresión. El Madrid que bailó y restregó al barcelonismo la victoria de octubre en el Santiago Bernabéu (2-1) está inmerso en una ola de violencia interna insólita, por más que dos de los púgiles en esos episodios tenían antecedentes: Antonio Rüdiger (pegó a Álvaro Carreras) y Fede Valverde (pegó a Álex Baena del Villarreal), víctima en este caso del mal genio de Aurélien Tchouaméni, que no aguantó, según se cuenta en Madrid, las constantes provocaciones del futbolista uruguayo, el segundo capitán de la plantilla, en dos entrenamientos.

Tan ruidosas han sido las golpizas como el silencio del primer capitán, Dani Carvajal, y la interpretación que ha hecho de todo ello Álvaro Arbeloa. En medio de esa espiral de furia, traspasada toda barrera ética, no tuvo mayor ocurrencia el técnico blanco que invocar la figura de Juanito. Y no aludió a él para reivindicar el honor del club y de la plantilla para impedir el fiestorro de los culés, sino para justificar la violencia de los suyos.

La reivindicación de Juanito

Para quienes no conozcan a Juan Gómez, Juanito, las videotecas conservan la salvaje agresión a Lothar Matthäus, del Bayern de Múnich, en la semifinal de la Copa de Europa de 1987. El extremo blanco pisó la cabeza de su colega alemán cuando estaba tendido en el suelo. Segundos después, Manolo Sanchis, otro histórico madridista, le pisaba el tobillo.

"Juanito es el paradigma de lo que debe ser el jugador del Real Madrid. (...) Juanito no se equivocó nunca... Entendió lo que era el Real Madrid", observó Arbeloa. Flick era futbolista del Bayern y aquella tarde de abril lo vio todo desde las gradas del Olympiastadion. Udo Lattek no le convocó. "No sé qué hacer con esta pregunta", confesó en el cierre de la rueda de prensa en la que, por una vez, hubo más preguntas sobre el rival que acerca del Barça. Por otro lado, el técnico azulgrana había establecido las diferencias de procedimiento que imperan en el Camp Nou.

"Aquí lo hablamos"

No niega Flick la posibilidad de conflictos pasados, presentes y futuros -"todos somos humanos, todos cometemos errores"- en su vestuario, pero el entrenador del Barça subrayó "la gran comunicación que tenemos" como método para atender focos de tensión. A principios de temporada se conoció una colisión entre Gavi y Fermín, que eran íntimos amigos.

"Cuando pasa una cosa de este estilo aquí lo hablamos. Yo intento hablar y escuchar lo que piensan los jugadores", explicó Flick, feliz por la sintonía que reina en el Barça. "En este club, todo el mundo va en la misma dirección", aseguró, incluyendo a todos los estamentos, desde la dirigencia a la hinchada. Lo habitual cuando los éxitos sonríen a un equipo que, excepcionalmente, estaba condenador a la miseria, se anunció, con la llegada de Kylian Mbappé al Real Madrid.

El último entrenamiento de Barça antes del clásico.

El último entrenamiento de Barça antes del clásico. / Valentí Enrich / SPO

Un 5-0 a Mbappé

"Ante la portería, para mí, es el mejor", admitió Flick, que sin pretenderlo, o sí, incidía en la idea del valor superior que tiene la colectividad sobre la individualidad. Con Mbappé, el Madrid encadena dos años sin ningún título. Frente a Mbappé, el Barça está a punto de revalidar la Liga, su quinto éxito. Sin poder acallar el ruido en torno al clásico, esta vez procedente el estrépito solo desde el sector blanco, Flick abogaba por el silencio y la discreción mientras rumía la alineación con casi toda la plantilla (excepto Andras Christensen y Lamine Yamal) deseosa por jugar.

"Tenemos que centrarnos en nosotros, en hacer nuestro juego, con nuestro estilo", dijo. Más o menos, como en las 34 jornadas anteriores.

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