Novedad editorial
Alberto Edjogo, exfutbolista y analista: "Les digo a Lamine o Nico Williams que demos un paso adelante contra el racismo"
El actual comentarista de los partidos de la Liga publica el libro: 'Heridas en la piel. Fútbol, racismo e identidad'

Alberto Edjogo, exjugador de fútbol y analista, con su nuevo libro. / Victòria Rovira

El fútbol sigue siendo un terreno hostil. Los campos han visto cómo, con el paso de los años, se ha empezado a señalar aquellas faltas de respeto que han marcado la historia del fútbol español. Referentes sobre el césped, pero también fuera de él, luchan para evidenciar el racismo que aún existe en la sociedad. Alberto Edjogo (Sabadell, 1984) tiene claro que es innegociable significarse y crear un relato que abogue por el respeto desde la educación a los más jóvenes y a través de los medios de comunicación. El exfutbolista publica Heridas en la piel. Fútbol, racismo e identidad, de la mano de Geoplaneta.
¿De dónde nace el libro?
Es un encargo de Geoplaneta. Yo escribí mi primer libro sobre las historias del fútbol africano relacionado con la política. Y no tenía ninguna intención de escribir otro, básicamente, por ritmo de vida. Y porque pensaba que no podía encontrar un hueco para hacerlo en condiciones y de calidad. Al principio pensé: “¿Qué hacemos?”. No quería hacer una crónica de acontecimientos racistas en el fútbol español cruda porque eso es una hemeroteca y ya está. Lo que quería, de alguna manera, era hacer un viaje desde los primeros futbolistas negros, extranjeros, que llegaron a la Liga hasta el momento actual. Y este viaje, evidentemente, tiene unas etapas, que son el incidente racista de Eto’o en Zaragoza y el de Wilfred en Vallecas. Pero no quería solo quedarme con lo que pasó allí, sino qué contexto había, por qué pasó, qué consecuencias hubo y cuál fue la reacción generalizada, tanto de medios de comunicación como de la sociedad.
Partir de los hechos para contar también tus vivencias.
Y a partir de ahí trazar este viaje también desde el punto de vista de la persona de origen étnico diferente, cómo te impacta que pasen estas cosas a estos niveles. No solo qué le pasa al futbolista negro de turno cuando le tiran un plátano en Villarreal, sino qué pasa con la gente que no es un multimillonaria. En el tablero de la portada hay un caballo, que es un poco la manera que yo tengo siempre de explicar estas cosas. No ir frontalmente, sino ir de lado. Porque si no, la sociedad española es mucho de decir: “¿Qué pasa? ¿Que me estás diciendo qué? Si no te gusta mi país, ya te puedes volver y tal”. Yo no quiero volver a ningún sitio porque yo nací en Sabadell, pero de alguna manera es hacerlo de una manera más didáctica y no tan frontal, porque si lo haces de manera frontal, la gente que lo lee se puede sentir atacada y eso tampoco me interesaba.

Alberto Edjogo, exjugador de fútbol, presenta su nuevo libro "Heridas en la piel. Fútbol, racismo e identidad". / Victòria Rovira / EPC
La manera de enfocarlo es desde: “Cuando me dices que la sociedad es una cosa, me lo tomo como que yo lo soy”.
Esa es la gran dificultad que tiene este libro y que tienen generalmente las intervenciones que tenemos que hacer en este sentido. Mucha gente no entiende que no es lo mismo decir “eres un cabrón” que hacerte gritos de mono ¿Qué diferencia hay? Pues hay que explicarlo, evidentemente. Insultar, humillar y vejar está mal en todos los ámbitos de la vida, pero ya te explico desde mi posición la diferencia que hay entre hacer un insulto genérico, generalizado, de uno a uno.
¿Cómo lo diferenciamos?
Muchas veces hago siempre la metáfora: si un insulto te toca y se va, es un insulto general. Que tú eres un cabrón, eres un hijo de puta, es una cosa que tú me dices a mí, pero se lo puedes decir a mí, a aquel, a aquella, a cualquiera que te encuentres por el camino. Y si ese insulto se queda, porque es un insulto que ataca directamente a una comunidad, a un segmento de la población y que tiene como finalidad intentar humillar y ponerte tú por encima de esa comunidad, eso es un ataque que básicamente es discriminatorio. Puede ser machista, puede ser LGTBI-fóbico, puede ser lo que sea. Y por eso hace falta alguien que alce la voz. Se necesita gente de la parte privilegiada que de alguna manera entienda y comparta estas ideas. Tenemos que hacer un ejercicio de entender lo que pasa y también posicionarnos un poco para dejar en evidencia a aquellos que sí lo son. Eso es muy importante, que la gente que no sufre este tipo de discriminación entienda, empatice y se posicione para dejar en evidencia a aquellos que continúan haciendo estos insultos. A mí me pasa constantemente, incluso con gente del entorno muy cercano, que no entienden que decir según qué cosas está fuera de lugar. Pero es que no lo entienden.
¿Sientes la responsabilidad de hacerlo?
Para mí esto es obligatorio. Y te aseguro que me da más dolores de cabeza que beneficios. Pero es mi responsabilidad, lo tengo que hacer. En los medios de comunicación y en los lugares de poder esta mezcla étnica que vemos en los campos de fútbol masculino y femenino y que vemos en la calle, no se refleja. No se refleja en los telediarios, no se refleja en los parlamentos y no se refleja en otros ámbitos de la vida. Por tanto, ¿de qué manera puedo hacer yo un mensaje, un discurso, una ley con la sensibilidad que requiere este tema si a mí este tema no me atraviesa? No sé si me explico. Somos pocos o prácticamente nadie y el fútbol tiene una cosa extra, que son momentos de conflicto en el pico más alto de revoluciones. El conflicto explota en un momento determinado y tienes que intentar de alguna manera navegar para intentar reconducir ese mensaje en un momento de pulsaciones muy elevadas y de hostilidad muy alta. Yo tengo esa responsabilidad. De hecho, muchas veces pienso: “Hostia, ¿ahora te tienes que meter en esto?”. Pero es que hay que hacerlo y si yo no lo hago, ¿quién lo hará?
Hablas de diferentes acontecimientos, ¿crees que esos casos como tal ya los hemos superado? ¿O la sociedad todavía no ha avanzado lo suficiente como para poder decir “no, esto ya es una página pasada”?
Hay algunos que yo creo que no se repetirán más. Por ejemplo, recuerdo el de Wilfred con el Rayo Vallecano en el Bernabéu. Ku Klux Klan, “negro cabrón”, “a este negro lo vamos a matar”, ese tipo de cosas, a mí se me haría muy extraño que se repitieran porque eso ya lo hemos superado. Samuel Eto’o en La Romareda, gritos de mono bastante generalizados, eso ya lo hemos superado. Ahora fíjate que nos escandalizamos cuando vemos a una o dos personas haciendo gestos de mono, y nos indignamos mucho. Ahora nos enfadamos, como tiene que ser, pero pienso: “Guau, hace 20 años no eran dos, sino que eran 10.000 o 12.000”. Hay casos muy flagrantes que no se repetirán, sí que se pueden repetir otros más sibilinos u otros un poco menos explícitos. Además, ahora hay unos mecanismos y unos protocolos que de alguna forma penalizan. Antes no había distinción en los delitos de odio hasta que Samuel Eto’o no se plantó en La Romareda y apareció en 2007 la Ley Orgánica contra el odio que marca que, si esto pasa, se tiene que tratar como un delito de odio, no como un insulto genérico.
¿Qué responsabilidad tienen también los deportistas en esta lucha?
Hay una cosa que yo echo de menos en deportistas, los que tenemos aquí cerca, que sí veo en otros deportistas de otras competiciones como la NFL, la NBA... Es un perfil diferente. Lamine y Nico son un caso muy cercano, ya han nacido aquí, o sea, no son Samuel Eto’o o Wilfred, que vinieron de fuera. No es gente que viene de fuera, sino gente que ya ha nacido aquí y que, de alguna manera, toca más con los pies en el suelo la realidad porque su infancia la ha vivido aquí. Pero, ¿hay que pedírselo? Hombre, no es obligatorio. Son futbolistas y deportistas y ya son un ejemplo con el deporte que hacen. Pero yo, cuando tengo opción de hablar con ellos, sí que les digo que tenemos que dar un paso adelante.

Alberto Edjogo posa para EL PERIÓDICO. / Victòria Rovira
Son referentes para muchos niños, de una manera muy directa además.
Una publicación de estos tíos pesa más que lo que diga la ministra de Igualdad. Porque los niños, que son la base de la educación y son los adultos del mañana, tienen una serie de referentes, y si ellos ven que esos referentes están diciendo “estos gritos están mal”, lo absorben más de sus referentes que de gente con traje y corbata que está en un despacho. Tienen una responsabilidad muy alta y yo siempre se lo pido. ¿Tienes que implicarte en todos los frentes y meterte en todas las guerras? Evidentemente no, porque acabarás ensuciándote. ¿Por qué? Porque el fútbol, especialmente en España, mira más qué escudo llevas que el hecho en sí. La misma cosa la hace uno de los míos y “olé”, pero si la hace el del otro equipo ya es que no hay derecho, es un niñato o un crío. Por eso es muy importante que ellos lo hagan, y especialmente los jugadores racializados que han nacido aquí, creo que tienen un papel muy importante. Y pueden ser referencia para muchos niños. Y aquellos niños que algún día en la escuela lo pasan mal porque están apartados. Creo que los futbolistas tienen una responsabilidad muy alta y yo sí les pido que lo hagan. ¿Es obligatorio? No. ¿Es recomendable? Sí.
¿Personificar tanto en la defensa como la víctima hace que el racismo vaya dismuyendo? Poner caras a las cosas que pasan.
La gente me pregunta: “¿Por qué crees que hay menos casos de racismo explícito en el estadio?”. Racismo hay igual o incluso un poco más. Pero ahora quizá mi compañero de trabajo es dominicano, o mi cuñado es marroquí, o el rollo del fin de semana pasado... Entonces ya le pones nombre y apellidos a estas cosas. Personificar el mensaje ayuda mucho. Los mensajes de “no al racismo” son algo muy etéreo, pero cuando tú pones nombre y apellidos detrás y ves que hay una persona de carne y hueso, te lo piensas dos veces antes de hacerlo. Y si no te lo piensas es que directamente tienes un problema todavía más grave de lo que parecía.
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