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LA INDUSTRIA DEL DEPORTE

¿Todo el deporte cabe en TV?, por Marc Menchén

Ousmane Dembélé recibe las felicitaciones de sus compañeros tras anotar el 0-1 en el partido de vuelta de la semifinal entre el Bayern y el PSG en Múnich.

Ousmane Dembélé recibe las felicitaciones de sus compañeros tras anotar el 0-1 en el partido de vuelta de la semifinal entre el Bayern y el PSG en Múnich. / FRANCK FIFE / AFP

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Marc Menchén

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La última década llevó a muchas competiciones a pensar que su gran salto económico pasaba inevitablemente por convertirse en producto audiovisual. Y, en parte, era lógico. Nuevas plataformas surgían ávidas de contenido, la TV de pago crecía con fuerza y la tecnología democratizó el acceso. Dicho de otro modo, se reducían las barreras de entrada que hace 15 años parecían imposibles de asumir para muchos deportes minoritarios. El problema es que democratizar la oferta también implica multiplicar la competencia por el tiempo del espectador. Y ahí es donde empieza la parte incómoda de la conversación.

Nuestro tiempo libre no se ha multiplicado, más bien se ha reducido, e incluso las competiciones de mayor consumo están lidiando con la tarea de retener nuestra atención asumiendo que quizás no siempre el directo será el punto de contacto. El cierre anunciado de LaLiga+, que durante diez años dio una ventana televisiva a deportes silenciados mediáticamente, nos recuerda que tan relevante como producir un buen contenido es tener capacidad de distribución y alcance. Y qué es mejor, ¿forzar al consumidor a bajarse una nueva app (llámenla Deporte/Competición+) y asumir otra suscripción, o poner el contenido en las plataformas que ya usa (¡hola YoutTube, DAZN, Movistar+!)?

PARIS (France), 08/04/2026.- Desire Doue (R) of PSG celebrates with teammate Ousmane Dembele after scoring the opening goal during the UEFA Champions League quarter-finals, 1st leg match between Paris Saint-Germain FC and Liverpool FC in Paris, France, 08 April 2026. (Liga de Campeones, Francia) EFE/EPA/CHRISTOPHE PETIT TESSON

Dembélé y Doué celebran gol del PSG ante el Bayern en Champions. / CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE

Aunque no sea la comparación que desea el deporte, el consumidor siempre enfrentará el precio de cualquier OTT temática con el de Netflix, Disney+ o Prime Video. Y ahí el cálculo es cruel. Una jornada semanal o unos pocos partidos al mes compiten contra un catálogo prácticamente infinito de series y películas y bajo demanda. El ratio entre euros pagados y horas ocupadas de ocio no favorece a los deportes pequeños. Solo con la gente que llena los pabellones pagando un extra por su equipo de visitante no se sostiene mantener infraestructuras tecnológicas, producción, distribución. Y eso obliga a replantear estrategias.

En líneas generales, todo el polideportivo debe asumir que, probablemente, hoy tiene más sentido maximizar visibilidad que perseguir ingresos audiovisuales directos. Combinar televisiones autonómicas y locales con plataformas abiertas como YouTube puede generar menos ingresos inmediatos, pero más alcance, más notoriedad y, sobre todo, más valor para patrocinadores.

Y quizá ahí esté la gran lección de esta nueva etapa. No todo el deporte necesita ser una OTT. Ni siquiera todo el deporte puede vivir de suscripciones. Para muchas competiciones, el verdadero negocio volverá a estar donde siempre estuvo: en la capacidad de generar atención masiva y transformarla después en patrocinio, comunidad e influencia.

La Ligue1, un drama en TV

El vigente campeón de la Champions League juega en una competición donde ganar la liga apenas garantiza 11 millones de euros por TV nacional. La crisis audiovisual de la Ligue 1 sigue dejando cifras difíciles de imaginar en una gran liga europea: el colista cobrará apenas 3,6 millones en 2026-2027, menos que el último clasificado de LaLiga Hypermotion.

La apuesta de la LFP por lanzar su propia OTT evidencia hasta qué punto el mercado francés se ha quedado sin alternativas. Ligue 1+ suma 1,1 millones de abonados y ahora asumirá el 100% de los derechos tras la salida de beIN Sports. El problema es que producir y distribuir el producto no garantiza hacerlo rentable.

Mientras tanto, el reparto continúa profundamente desequilibrado. Los clubes europeos concentran buena parte del dinero internacional y el resto apenas sobrevive con ingresos domésticos cada vez más pobres. El PSG ganó la Champions. La Ligue 1, de momento, sigue perdiendo valor.

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